Frente al ya inminente primero de diciembre es necesario plantear una pregunta básica: ¿esta próxima administración puede considerarse de corte izquierdista? Si atendemos a un historiador como Enrique Krauze, quien afirma que por el rostro social de la agenda de esta expresión política, así se le debe considerar. ¿Qué significa que este próximo gobierno esté identificado con una visión de esa naturaleza? Sin duda es necesario discutir, a la luz de la globalización lo que se puede entender ontológica y deontológicamente por “izquierda”. Pero hoy la revisión se da en otro contexto.

Lo primero a destacar es la necesidad de desmitificar y ubicar en su contexto los alcances de ese enfoque. La izquierda no es el reino de los deseos. En el caso particular del país, su condición macro, es decir, sus finanzas, la balanza comercial, turística, agropecuaria, la estabilidad financiera, la paridad cambiaria, el riesgo país, en ese y otros rubros, la economía ha conseguido alcanzar la estabilidad financiera y monetaria. El gran déficit continúa siendo el escaso crecimiento del PIB y la pobreza. El reto de la nueva administración es, además de continuar la estabilidad macroeconómica, construir una ruta social. Pero no solo eso, es también avanzar en recuperar la gobernabilidad perdida; de acuerdo con la futura secretaria de Gobernación la doctora Olga Sánchez Cordero, la administración que se va nos dejó “a México convertido en un cementerio” y agrega “tenemos dos sexenios (Calderón y Peña) de muerte, desolación y una ola de violencia imparable. Tenemos en esos dos sexenios más de 200 mil muertos y 40 mil desaparecidos.

No sabemos cuántas ejecuciones extrajudiciales, extorsiones, violaciones, trata, asesinatos de policías”. Frente a ese difícil y doloroso escenario, es fundamental que la próxima administración siente las bases de un nuevo modelo de desarrollo y gobernabilidad. La responsabilidad de la izquierda en esta nueva etapa es fundamental, su compromiso y esfuerzo debe contribuir a superar sus acostumbradas disputas, formación de guetos, tribus y añoranzas de un horizonte redentorista que cree mirar en el liderazgos como el de Nicolás Maduro, el discurso y la práctica revolucionaria, nada más ajeno al reclamo democrático de los mexicanos.

Esa nueva corriente, que será gobierno en pocos meses, debería atender a la propuesta del pensador vasco Daniel Innerarity, quien ha llamado a construir una “democracia posheroica, en medio de la ciudadanización de la política que se vive en España desde la revuelta de los indignados”. El riesgo, ojalá menor, que debe enfrentar el nuevo gobierno es una izquierda de rostro autoritario, que desprecie los acuerdos, los pactos, mesiánica que rechace la ley y las instituciones, la vuelta al fanatismo. Esa orientación fantasiosa no debe encontrar ningún espacio de expresión y/o participación en el México democrático. La nueva izquierda no puede ni debe reconocerse en el lenguaje teológico y de salvación, sino en su antípoda, la legitimidad democrática, la igualdad, la libertad, la inclusión, el Estado de Derecho y la constitucionalidad subordinada a la legalidad y bienestar social, la superación de la pobreza y el crecimiento económico.

La historia de la llamada izquierda mexicana debe (y puede) dejar de ser lo que muchos años ha sido esa ave fénix de la que Metastasio cantaba: “Que existe lo dice todo el mundo, donde esta nadie lo sabe”. La izquierda por decoro y sentido de sobrevivencia debe entender y atender la democracia como la plantea Giovanni Sartori: “El mecanismo que genera una poliarquía abierta cuya competencia en el mercado electoral atribuye el poder al pueblo y específicamente impone una receptividad de los elegidos respecto a sus electores”. La izquierda llegó al poder a través de la legitimidad que le da la transición democrática, toca su turno a esta expresión fortalecer el marco normativo e institucional en el que coexisten. Recuperar el México de la civilidad, la gobernabilidad e institucionalidad pasar por un sistema de partidos con espíritu democrático, plural y constructivo, a esto debe abonar la nueva izquierda.

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