Las cifras publicadas por Inegi en el Indicador Global de la Actividad Económica a mayo de 2016, muestran un crecimiento anual de 1.9 por ciento de la actividad económica total respecto a 2015; en tanto que al mes previo de 2016, el crecimiento de la actividad económica total fue tan solo de uno por ciento; percibiéndose una desaceleración.
Las actividades primarias son las que reportan una caída, de menos 3.1 por ciento respecto al mes anterior y de menos 3.5 por ciento respecto al 2015; en tanto que el sector secundario registró un comportamiento de 0.3 y de 0.4 por ciento, respectivamente en los mismos periodos; el sector que registró mayor dinamismo es el de comercio y servicios dado que incrementó en 1.2 por ciento respecto al mes previo y 3 por ciento en comparación a mayo de 2015.
Nuestra economía muestra una tendencia creciente en cuanto a la dependencia de importaciones de alimentos, sobre todo de granos básicos, proceso que inició desde la década de 1960, donde el país se vio obligado a importar alimentos a elevados precios internacionales. En ese entonces los ingresos petroleros no contribuían al desarrollo, se dijo porque se destinaban a pagar esas importaciones; en esos años, la existencia de aranceles a la importación de alimentos amortiguaba su importación, pero no la detuvo.
Hoy, ante una drástica caída de ingresos por los bajos precios del petróleo y como resultado del Tratado de Libre Comercio firmado en 1994, los aranceles que protegían los cultivos básicos, se han ido eliminando, propiciándose una alta vulnerabilidad en la agricultura mexicana frente a la expansión comercial de Estados Unidos.
En consecuencia, se consolidó la dependencia estructural de la producción de granos básicos que nos llevó en 2013 a importar 93 por ciento de la soya que se consume en el país, 83 del arroz, 64 del trigo y 31 por ciento del maíz.
En mayo de 2008, supuestamente en apoyo a la economía familiar, Felipe Calderón anunció la apertura total del mercado nacional a la importación de maíz, trigo, arroz, sorgo y soya, año en el que precisamente se incrementaron los precios de esos granos como expresión de la crisis alimentaria.
También dijo que la seguridad alimentaria es un asunto de Estado. Vaya forma de defenderla, poniendo a los productores del campo mexicano a merced de los intereses comerciales internacionales, dado que los productores de otras naciones, como en Estados Unidos, siempre han contado con subsidios y asistencia tecnológica que los ha llevado a incrementar su productividad.
Investigadores como Blanca Rubio han expresado que desde la década de 1980 Estados Unidos aplicó su estrategia de expansión internacional agroalimentaria, centrada en otorgar subsidios a sus productores, de tal suerte que podrían exportar sus excedentes a México con precios en promedio 35 por ciento más abajo que los precios de productos mexicanos; dado que los costos de producción de pequeños productores agrícolas mexicanos son más elevados por falta de subsidios y apoyos para la aplicación de tecnologías.
Las estrategias que se han venido aplicando en el campo mexicano han consistido en tres aspectos: abrir la frontera a bienes importados de Estados Unidos, concentrar la producción de cereales en una élite de productores privados y, tercero, aplicar una política asistencialista para mitigar el efecto de la competencia desleal sobre los pequeños productores, que vieron arruinadas sus capacidades productivas.
Como resultado tenemos una tendencia creciente de importaciones de alimentos en un promedio de 6 por ciento; ¿qué opinaría usted? Si después de ser exportadores de maíz, lo que hoy importamos registra una tasa de crecimiento de 8 por ciento. De seguir incrementándose las importaciones de maíz, el kilo de tortilla puede llegar a costar 50 pesos.
Según la ONU la soberanía y la seguridad alimentaria son un derecho humano, nación que no cumpla con la función de lograr la alimentación de su población, se le considera un Estado fallido, porque es su obligación, no solo el lograr que no pasen hambre sino que puedan producir competitivamente para lograr una vida sana y digna.
En México estamos en alto riesgo de perder la carrera entre crecimiento de la población y la producción de alimentos. ¿No lo cree usted?

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