Amalia González Caballero, después conocida por su apellido de casada, se inició en las letras posrevolucionarias como la mayoría de los creadores de la época: por contagio e ingenuidad. Quién le iba a decir que su gusto por la nota policíaca, justo después de inscribirse en la clase de recitación en el Conservatorio Nacional de Música y Declamación, se convertiría en el primer estímulo para llegar a las letras, llevada de la mano por Eugenia Torres.

De allí en adelante, la biografía de Amalia es un recuento de nombres y pormenores que incluyen a Diego Rivera, Ramón López Velarde, Carlos Pellicer, Luis Enrique Erro, Amado Nervo, Jaime Torres Bodet, Federico Gamboa, Alfonso Reyes… Pero la gran sorpresa es, y cabe preguntar, ¿qué fue de ella?, ¿por qué si se rozó con la crema y nata de la cultura se perdió monumentalmente en el olvido?

Le sucedió lo mismo que a los grupos encumbrados de la cultura: una vez instalada entre las preferencias de sus cercanos, apenas hubo una modificación de intereses, todos los que formaban parte del círculo, sobre todo quienes no gozaban de un nombre igual de consistente que sus allegados, desaparecieron con singular volatilidad.

Irónicamente, entre los cercanos de Amalia se encontraba el Doctor Atl, quien le narró una ocasión cuando de visita en Tepic, el Doctor se despidió con una vara colgada al hombro y desapareció en el horizonte. Después, un grupo de turistas procedentes de California pidieron el apoyo del esposo de la escritora, quien les ayudó con un guía bilingüe que hablaba en huichol y español.

Tres días después de haber iniciado su excursión, guía y conductor perdieron el camino, hasta que avistaron a un sujeto desnudo deambulando en la Sierra. Cuando el guía se dirigió a él en huichol, solo se quedó callado y respondió en español que los llevaría a donde quisieran. Tras una serie de atenciones que dejaron a todos boquiabiertos, ya que el hombre además hablaba en inglés, francés e italiano, le permitieron pernoctar con ellos y le ofrecieron transporte. Al día siguiente, vestido y familiarizado con los turistas, el Doctor Atl llegó a Guadalajara.

Así como esa, Amalia estaba saturada de anécdotas de los escritores, compositores, escultores y pintores de su tiempo; Diego Rivera la retrató, así como el Doctor Atl, pero el segundo prefirió destruir su trabajo porque no le hacía justicia.

La trayectoria de Amalia estuvo marcada por una doble vertiente. Por una parte, una suerte de picardía maliciosa disfrazada de inocencia, además de la ineludible influencia política de su esposo, que más tarde se convertiría en diplomacia. Antes de casarse, aunque sus anécdotas no revelan más allá de lo que platica, Amado Nervo se desvivía por ella y la visitó más de una vez, luego de que ella recitó en público sus poemas.

A pesar de que se decantó por la oratoria y se formó en el conservatorio, uno de sus intereses fue la dramaturgia de la que surgió precisamente Cuando las hojas caen, estrenada en 1929 y a la que asistieron la mayoría de los amigos cercanos de los Castillo Ledón, justo cuando Atl estaba al frente de la Liga de Escritores de América, de donde Valle Inclán llegó a creer que Xavier Villaurrutia y Amalia eran hermanos.

Con ese cándido recuerdo, Amalia celebró, para bien o para mal, las Canciones para cantar en las barcas, de Gorostiza. Musical en su totalidad y concebida como un conjunto perfectamente bien pensado, un fragmento de la creación musical hoy olvidado y que formó parte de la producción de la década de 1930 del siglo XX, pero que el peor enemigo de Castillo Ledón aniquiló sin proponérselo.

Pese a su ingenio y buena voluntad, Amalia tendía a endulzar su prosa y consejos, más por vicio inconsciente que por propuesta de estilo, y eso mismo llegó a mover las dudas de distintos profesionales.

Pese a su mitológica manera de hacer las cosas, Amalia de Castillo Ledón quedó inscrita en el paredón de los fundadores del Instituto Nacional de Bellas Artes, entre las primeras mujeres escritoras después de la guerra de Revolución y una de las pocas cronistas del México en formación.

Comentarios