Existe una anécdota sobre Lionel Messi que Pep Guardiola atesora y Juan Villoro recupera en uno de sus libros. Se trata de la ocasión en que el astro argentino tuvo una rabieta durante una charla previa a un partido. Algo lo enfureció y nadie sabía exactamente qué fue. Fiel a su temperamento inhibido, aquel día descargó su ira contra el palito del café, el cual mordisqueó durante todo el calentamiento.

Guardiola ha reconocido que pocas veces se sintió tan nervioso como ese día. Que el mejor de tu equipo se vea contrariado es una cosa, pero que el mejor del mundo se refugie en su hermetismo es todavía más peligroso. De ahí surgió el rumor falaz –y un tanto perverso– de que Lio padece un grado de autismo: habla poco, pero su lenguaje corporal lo delata con mucha facilidad.

Desde el verano pasado, el mundo conoció una nueva faceta del 10. Tras el incidente en la Copa América que le costó una expulsión, el Messi contestatario emergió del abismo. “Fue un robo. La verdad hay que decirlo”, declaró esa vez. Poco importaba si tenía razón o no: esa no es la Pulga cósmica que conocemos. El apodo despectivo de “pecho frío” cayó de su gracia y lo hizo trizas de manera estridente. Despertó el león.

Un nuevo episodio de esa subversión ocurrió esta semana. Barcelona lleva ya un par de años sumido en una crisis estructural que le priva de los resultados deportivos que todos esperan. La salida de Ernesto Valverde apagó el eclipse que encubría el severo problema a nivel directivo. Bastó una imprudencia de Éric Abidal, director deportivo del club, para que Lionel volviera a manifestarse.

En su papel de líder sindical, Messi rebotó la alusión hecha por el directivo francés de que algunos futbolistas habían encontrado su zona de confort en el sistema de Valverde. “Cuando se habla de jugadores habría que dar nombres, porque si no se nos está ensuciando a todos”, replicó en Instagram. El hombre récord hizo bien: saltar en nombre del gremio a través de la influencia, directa o indirecta, que posee en las oficinas del Can Barça. Se especula su salida gracias a la cláusula de su contrato, pero también se sabe que sus prioridades son otras. Messi no se irá. No este año, por lo menos. Y eso debería poner nerviosa a la junta directiva, porque si se queda en el equipo no lo hará para permanecer callado.

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