La fecha límite para los cambios de jugadores entre los equipos está llegando, el 30 de este mes marcaría la última oportunidad de obtener las piezas que les están faltando a sus escuadras, o eso esperaríamos, pero la tendencia en los cambios esta última semana indica que más que reforzar un par de equipos, están tirando la toalla.

Creo que no hay algo más desesperante que ver a tu equipo renunciar a mitad de campaña, cuando empiezas a ver cómo lo desmantelan y aceptan el hecho de que será una temporada perdedora. Hoy, los aficionados de Raiders y Gigantes están experimentando eso.

Raiders pasó de ser un equipo contendiente del Super Bowl a uno que afronta una nueva reestructuración, la llegada de Jon Gruden trajo consigo una serie de cambios que comenzó con la polémica salida de Khalil Mack, afectando seriamente el desempeño de la defensiva.

Aun así, se aseguraba que Raiders sería competitivo, pero los resultados no llegaron, se lesionó Marshawn Lynch, y finalmente decidieron cambiar a su mejor receptor, Amari Cooper.

Ahora los malosos tendrán un buen número de selecciones de primera ronda del draft, pero a cambio, ese equipo probablemente no gane más de uno o dos juegos en la presente campaña.

Caso similar es el que viven los Gigantes. Cansados de tener una ofensiva que lleva años de no caminar, Eli Apple decidió encarar al otrora líder de la ofensiva Eli Manning sobre su mal desempeño. El resultado fue cambiar al defensivo junto con el tacle Damon Snacks Harrison, en lo que podría ser el inicio de una reestructuración.

Definitivamente “tankear”, término usado para definir esa acción de rendirse y no ser lo mejor que podrían ser, no es lo que cualquier aficionado espera de su equipo. Las reestructuraciones son buenas, sí, pero no sé qué tanto justifique sacrificar a su afición.

Hay cambio de horario, las emociones empiezan más temprano y sigamos viendo marcadores de escándalo, la nueva tendencia en la NFL.

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