La extracción ilegal de hidrocarburo, conocida como huachicoleo, es una constante en la geografía hidalguense y parece no haber política institucional que pueda contenerla. Las tomas clandestinas siguen en aumento y colocan a Hidalgo en el primer lugar nacional en ese ilícito, que hasta abril de este año Pemex contabilizó mil 885 “piquetes”, los cuales se concentran en los municipios de Tula de Allende, Cuautepec de Hinojosa, Atotonilco de Tula, Tetepango, Ajacuba y Tlahuelilpan.

El discurso fácil asocia esta actividad como resultado del contubernio con el poder político en turno y los actores ilegales, sin embargo, ahora que un gobierno de izquierda toma la directriz del Ejecutivo se contrasta esa falsa afirmación. La actividad criminal en lo que va de 2019 se incrementó en un 211 por ciento en Hidalgo, mucho más que en el mismo periodo de 2018 (Axel Chávez).

Entonces, se puede aseverar que este asunto no es exclusivamente institucional, sino que responde a otras causas, pero para aproximarnos a posibles respuestas debemos desmantelar los mitos principales que minimizan la magnitud del problema y que de no atenderse convertirá a Hidalgo en uno de los epicentros más crudos de violencia en los próximos años.

Primer mito: Hidalgo está dentro de las cinco entidades más seguras del país. Las ejecuciones asociadas al robo de combustible se han incrementado de manera inédita. Al primer semestre de 2019, la autoridad contabilizó 311 ejecuciones, donde el Valle del Mezquital es el foco de la violencia hidalguense.

Segundo mito: Hidalgo está superando la pobreza. A pesar de que el Inegi (2019) coloca a Hidalgo en el séptimo lugar en menor tasas de desempleo y combate a la pobreza (de 50.6 al 48.6 por ciento, según el Coneval 2019). En este año se destaca el incremento de robos a casa-habitación, transeúntes y secuestro debido en gran medida a la falta de ingresos en las familias. De igual forma, este contexto es el caldo de cultivo que propicia este tipo de actividades porque la renta criminal es mucho más seductora para muchos jóvenes que optan por vincularse en actividades ilícitas como el huachicoleo, donde el costo de oportunidad es mayor y los beneficios son más atractivos.

Tercer mito: el pueblo bueno no se equivoca. El huachicoleo genera cobijo social en las comunidades de la región, donde “hay entregas a domicilio” del hidrocarburo robado y las personas que lo compran genera códigos de lealtad que van en contra la autoridad, ocasionando linchamientos, amenazas, grescas y agresiones a elementos de ministerios públicos y/o corporaciones.

Cuarto mito: en Hidalgo no hay delincuencia organizada. Hay indicios de vinculación entre grupos de delincuencia organizada con grupos de huachicoleros, que no necesariamente son de la región, ya que las comunidades reportan personas originarias de Michoacán, Jalisco y Puebla. Las corporaciones de seguridad deberán estrangular las operaciones ilegales en la entidad, de lo contrario, la escalada de violencia se trasladará al terreno político porque se buscará poner candidatos a modo para facilitar sus operaciones.

Frente a estos cuatro mitos se concluye que esta actividad no se acabará con discursos y corazonadas de buena voluntad, para hacerle frente a esto se requiere de acciones de inteligencia materializadas en políticas públicas multinivel. El huachicoleo se concreta porque existe un consumidor que busca mejores precios que le ofrecen por el combustible robado. Entonces, existe una complicidad social de una parte de la ciudadanía que sabe dónde y quiénes venden esa mercancía ilegal, pero que seguirán comprando a pesar de los riesgos.

En el ámbito jurídico hace falta sancionar tanto a extractores como a consumidores, las comunidades involucrados deben retornar a los valores de antaño que sancionaban el robo como la peor de las deshonras y que los abuelos castigaban severamente.

Si realmente se quiere combatir este delito primero hace falta desmantelar esos mitos y fortalecer las capacidades del Estado como hacedor de la política pública y como sancionador de las conductas que atentan contra las instituciones, sin soslayar a los derechos humanos, pero con mano firme para que el tropel que encabeza la delincuencia siga cobrando más sangre.

[email protected]
[email protected]

Comentarios