Si usted considera que las estadísticas son reflejo de una realidad, expertos como Darrell Huff nos dice que debemos ser cautelosos; en su libro Cómo mentir con estadísticas menciona que hay sesgos originados por dos tendencias: la de subestimar y la de sobrestimar las encuestas. De las técnicas de muestreo están las conclusiones, las cuales son derivadas de muestras muy pequeñas en relación a un total de información, o bien, se obtuvieron con un alto grado de subjetividad para avalar un propósito ya preestablecido, por lo que la información es errónea.

Para Mark Twain “existen mentiras y estadísticas”, mientras los matemáticos Andrew Gelman y Deborah Nolan nos muestran en su libro Teaching statics seis formas en que las estadísticas pueden engañarnos: la primera es la más simple y descarada, pues se trata de inventar cifras; según la Universidad de Cambridge, más de 53 por ciento de las estadísticas son inventadas. La segunda es la alteración de los ejes de la X y de la Y, las cuales siempre deben partir de cero, pues cuando no es así la perspectiva se altera. La tercera es ignorar las bases de referencia, dado que una estadística solo tiene sentido cuando existe una base común que contextualice y le dé valor a los números que presenta. La cuarta se refiere a las comparaciones arbitrarias, sobre todo en los mapeos donde se hace manipulación para sesgar la atención. La quinta son las comparaciones engañosas y conclusiones mal intencionadas, es decir, faltas de objetividad o basadas en la ignorancia, por lo que debemos tomar en cuenta que detrás de todo cambio brusco debe haber una razón lógica. Finalmente, la sexta son las representaciones erróneas, es decir, usar dibujos con área o volumen para representar un dato que debería tener un solo eje.

Por lo que es importante revisar con objetividad las cifras que el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) ha publicado con referencia a la población en situación de pobreza; según el organismo, la población en situación de pobreza pasó de 44.1 por ciento en 2008 a 41.9 en 2018, en números absolutos pasaron de 52.4 millones de mexicanos a 49.5 millones, y en pobreza extrema pasaron de 12.5 a 9.3 millones de personas, en el mismo periodo.

Sin embargo, la titular del consejo Evalúa-CDMX Araceli Damián González dijo que había 90 millones de personas en condiciones de pobreza y 44 millones en situación extrema en 2018, por lo que la supuesta mejoría es un engaño.

La diferencia estriba en que el Coneval consideró un ingreso diario de 98 pesos para el medio urbano y 65 en el rural para alcanzar un nivel de vida digno, mientras que Evalúa-CDMX en su metodología consideró un ingreso diario en las zonas urbanas de 156 pesos y de 142 en el medio rural.

Para Julio Boltvinik, tanto en el Coneval como en Evalúa-CDMX, la elaboración de sus informes estadísticos se basaron en la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH) elaborados por el Inegi en 2018 y 2016, pero por los cambios de metodología que realizó Alfonso Santaella Castell, no son comparables con los datos de las ENIGH de 1992 a 2014, ¿cuál fue esa metodología que aplicó Santaella? Pues es una de las seis formas de engañar, simplemente infló las cifras de los ingresos en esos años, sobre todo de los más pobres.

El primero de enero de 2016 fue cuando Alfonso Santaella Castell se hizo cargo del Inegi, metiendo al organismo en la época más negra de su historia, pues en complicidad con el director saliente del Coneval Gonzalo Hernández Licona realizó cambios en la gestión de la información de las estadísticas nacionales para formar una imagen del país totalmente distante de la realidad, en cumplimiento claro del mandato de Enrique Peña Nieto, avalando el desmantelamiento de la nación y ocultando las graves consecuencias de un modelo económico neoliberal generador de la más insultante de las desigualdades en el país.

El mal manejo de la información considerada oficial viola el artículo 26 en su inciso B de nuestra Carta Magna; la sanción corresponde a las autoridades, a la ciudadanía nos compete ser eminentemente analíticos. ¿No lo cree usted?

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