La complejidad de la sociedad del conocimiento tiene como signo la incertidumbre, la confrontación de los paradigmas de la globalización contra proteccionismo son el contexto de la lucha por el dominio de los mercados para reproducir la riqueza, cuya concentración en pocas manos a escala mundial y nacional reproduce la desigualdad, donde la pobreza se incrementa en número y en condición.
Son más los que se debaten en la agudización de sus condiciones de sobrevivencia, en tanto que pocos son los que tienen en derroche, formando una economía de lujos, con nuevos segmentos de mercado donde solo unos cuantos tienen acceso.
La orfandad de liderazgos éticos y con sentido social se hace cada vez más dramática, porque los directivos en el poder obedecen a intereses de grupo para acumular más riqueza y más poder, alejados de toda sensibilidad social.
El vertiginoso desarrollo de la ciencia y la tecnología ha impactado profundamente la manera en que vivimos, trabajamos y nos relacionamos los unos con los otros, ante una lenta redimensión de lo humanístico y el carente sentido social en el ejercicio del poder político. Klaus Schwab, fundador del Foro Económico Mundial, considera que el lema de la conferencia de este 2017 se denomine “Liderazgo responsable y receptivo”, es necesario que los dirigentes del mundo, jefes de Estado y gobernantes ejerzan un liderazgo sensible y responsable, para comprender que estamos viviendo en un mundo marcado por la incertidumbre y de profundos cambios, dice Schwab.
La gestión de la tecnología como categoría cognitiva, desde una óptica de impactos sociales, debe ser una de las competencias de los gobernantes, a sabiendas que sin educación de calidad, desde la básica hasta el posgrado, sin investigación básica y aplicada y sobre todo sin transferencia tecnológica y de conocimientos, no se puede lograr el desarrollo sustentable tan anhelado por las grandes masas empobrecidas.
¿Acaso las altos directivos de las grandes empresas globales convertidos hoy en secretarios de Estado en el nuevo gobierno que presidirá Donald Trump tendrán el liderazgo del que habla Schwab? Francamente lo dudo.
Como también dudo que siquiera 0.01 por ciento lo tenga el actual gabinete que encabeza Enrique Peña Nieto, quienes en cuatro años han desmantelado la economía nacional y los derechos humanos básicos, plasmados en la Carta Magna de nuestro querido México.
Reflexionemos, la desigualdad y la pobreza son fenómenos que convergen y se retroalimentan en el modelo económico que se ha implantado en México desde la década de 1980 pero que ha profundizado Peña Nieto, quien se ha empeñado en mantener bajos los salarios, con el fin de atraer inversiones extranjeras y mantener baja la inflación como condición para mantener altas las utilidades de las grandes empresas, que son innovadoras, pero no se ha puesto atención en impulsar la creación de empresas de base tecnológica con capital nacional, de ahí que patentan solo 0.8 por ciento de las 4 millones 48 mil Mipymes nacionales.
El coeficiente de Gini mide la desigualdad a través de la distribución o concentración del ingreso, sus valores van del cero, donde no hay desigualdad, a uno, donde es la máxima concentración.
Según la encuesta de ingresos-gastos en los hogares realizada por Inegi, el coeficiente de Gini en 2008 fue de 0.45 para mantenerse en 0.43 de 2010 a 2014, agudizándose la desigualdad.
En cuanto a la pobreza, el Coneval reportó que la población en pobreza patrimonial pasó de 42.9 por ciento en 2006 y 46.2 en 2012 a 53.2 por ciento en 2014; ¿sabe usted a cuánto va ascender con los recortes presupuestales y los gasolinazos?
Siendo la inversión un factor de alta relevancia para toda economía, en México la tasa de crecimiento tanto de la privada como de la pública dejan mucho qué desear, la primera apenas llega a uno por ciento y la pública se ubica en menos 12 por ciento; agréguele usted que desde 2015 somos importadores netos de productos petroleros, o sea gasolina, el déficit pasó de 7 mil 900 millones de dólares en 2015 a 9 mil 996 millones de dólares en 2016, consecuencia de una falta de inversión en la capacidad de producir nuestra gasolina.
Además considere usted que de enero a noviembre de 2016 la recaudación de impuestos tributarios y no tributarios (IVA, ISR, IEPS, ecológico) sumaron más de 263 mil millones de pesos, entonces lo del subsidio es otra gran mentira.
En 2016 los ingresos petroleros cayeron a un poco más de 11 mil millones de dólares, cuando en 2011 superaban los 40 mil millones de dólares; además de la baja de precios internacionales está la reducción de la producción, mientras que las remesas provenientes de EU ya superan en 2016 los 20 mil millones de dólares, ¿se imagina usted qué pasaría si las requisa Trump como pago de la construcción del muro?
El desempleo está disfrazado porque además de ser 4 por ciento, está 8 por ciento del subempleo y 54 por ciento de la informalidad laboral. Cuatro años le fueron suficientes a Peña Nieto para destruir nuestra economía. ¿Qué sigue?, ¿la recesión?

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