Cubitos y la pasión de Cristo

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cronica
Jesús ha sido condenado, deberá cargar una pesada cruz de madera hasta el Calvario, mismo que en Cubitos está cubierto de casas y en lo más alto de su cima resguarda tres cruces que año con año son utilizadas para el mismo propósito: crucificar al nazareno

Cientos de personas de todas las edades arribaron a las canchas de la colonia

Pachuca.-

Hace calor en la capital hidalguense, por fortuna, no tan intenso como en días anteriores, pese a ello, cientos de personas de todas las edades, desde los más pequeños hasta los más grandes, arriban a las canchas de la colonia Cubitos para presenciar uno de los viacrucis más concurridos en Pachuca.
Todo está listo para dar inicio con una más de las representaciones de la pasión de Cristo, cientos de feligreses llegaron desde horas antes para encontrar un buen lugar, comprar una sombrilla o un gorro para cubrirse del Sol o, por qué no, comerse una quesadilla de carnitas sin importar que sea vigilia.

Todos comienzan a ubicarse alrededor de las canchas de la colonia, ahí será la representación inicial cuando Cristo es juzgado y condenado a ser crucificado, nadie quiere perder la oportunidad de tomar una foto, grabar con el celular o incluso transmitir en vivo la recreación de hace miles de años.
Niños y niñas están en frente, en primera fila; sentados en el piso y algunos otros en las gradas, observan con atención cómo el actor que hace de Poncio Pilato ordena castigar severamente al Cristo en escena, sus gritos se suman a los de los actores, “no le peguen, que no le peguen”, exclama un pequeño a punto del llanto, su madre le explica que es de “mentiritas”, que no es real y el hombre estará bien.

Cristo ha sido condenado, deberá cargar una pesada cruz de madera hasta el Calvario, nombre dado al monte donde fue crucificado, mismo que en Cubitos está cubierto de casas y en lo más alto de su cima resguarda tres cruces que año con año son utilizadas para el mismo propósito: crucificar al nazareno.
La procesión sale, avanza lentamente por las calles del barrio, uno de los considerados más peligrosos de la ciudad; no obstante, en el trayecto las personas no piensan en ello, saludan a sus vecinos al pasar, comparten un poco de agua, de sombra, o colaboran para sostener la cuerda que divide a los actores del público presente.

Entonces viven las caídas de Jesús, son tres pero difícilmente todos alcanzan a escuchar los diálogos, pues el equipo de sonido quedó atrás y ahora solo resta guardar silencio; el sacerdote habla de perdonar, de ser solidarios como sociedad y pide orar por la paz de todos los pueblos.
Son casi las dos de la tarde y el calor de las doce por fin descendió un poco, eso ayuda, pues la subida resulta cada vez más difícil y algunos cuantos optan por detenerse en el camino, comprar agua, unas papas, una paleta helada o incluso una cerveza para sofocar el cansancio.

Pero el recorrido está a punto de concluir, ya de cerca se observan las tres cruces, una de ellas, la más alta, luce de un blanco brillante, quizá recientemente pintada; los vendedores también estuvieron todo el camino y, en algunos casos, sus precios subían según la altura.
De la multitud que comenzó el camino quedaron pocos, pero no importa, igual no todos caben en la cima del cerro, solo unos cuantos logran observar y escuchar con detenimiento algunas de las últimas palabras de Cristo: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”.

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