Las imágenes han sido utilizadas para mostrar hallazgos, explicar procesos, demostrar descubrimientos y, por supuesto, contar historias. Podemos ver desde las ilustraciones de los libros infantiles hasta las fotografías periodísticas, pasando por los grandes cuadros renacentistas.

¿Qué imagen podría contar tu historia? ¿Hay alguna ilustración, diseño, fotografía, cuadro, que haya marcado una parte importante de tu vida?

Mientras escribo estas líneas, vienen a mi mente diversas imágenes por ejemplo, el primer libro ilustrado que yo elegí, cuando tenía unos ocho años, en la Feria del Libro Universitaria (conocida como Ferilu) en la plaza Juárez de Pachuca, o una fotografía en el quicio de la casa de mis abuelos en la que aparece mi mamá y mi abuelo paterno, quien me tiene en brazos, yo tendría un año y medio cuando mucho en esa escena. Y así podríamos continuar pensando en imágenes.

La comunicación del ser humano comenzó de forma no verbal, con gestos, señas, y luego imágenes como las pinturas rupestres, pero luego, con la creación del lenguaje y posteriormente de la escritura pareciera que lo visual quedó relegado, se le dio un valor solo de testimonio o de arte y fue más evidencia un documento escrito que uno gráfico.

Hoy, vivimos en un mundo hipervisual, es realmente difícil pasar un día, unas horas o minutos, sin ver alguna imagen cerca de nosotros, si estamos en casa, al despertar y voltear al buró seguramente habrá algún empaque con marca de nuestros productos de uso personal, o quizá tengamos un cuadro de adorno en la pared de la recámara, al salir de la habitación nos toparemos con fotografías familiares o las portadas de libros, revistas y periódicos, y claro muchos espacios de la casa, como la cocina, estarán saturados de marcas de los productos de consumo. Hoy no escapamos de las imágenes.

Pero mi propuesta en este texto va más allá de la saturación publicitaria, va en pensar y recordar una escena que guarda nuestra memoria y a la que podemos volver a través de un gráfico.

Porque, además, hoy en día, podemos incluso tener la foto del alma de las personas. Así es, yo tengo una fotografía de mi aura. Las cámaras fotográficas captan la luz blanca que es el espectro que nuestros ojos ven, pero existen otros equipos que logran obtener imágenes de otros espectros como los infrarrojos y ultravioletas, o como es el caso de la cámara Kirlian que capta el campo electromagnético de las personas. Es decir, hoy tenemos imágenes de todo y de cualquier tipo, pero hay ciertos gráficos que capturan nuestra atención, memoria y sobre todo emoción.

¿Cuáles han venido a tu mente mientras lees este texto?

Somos seres visuales, curiosamente esto no surge solo de nuestra vista, nuestra mente es ingeniosa y piensa en imágenes, o acaso ¿cuándo alguien te está hablando de sus vacaciones tu mente te hace ver las palabras que dice? No, realmente vas visualizando los lugares y situaciones que te describe la persona. Así que no dejes fuera de tu vida las imágenes, no pienses solo en textos y palabras, comienza a recuperar esas escenas que hacen que vuelvas a vivir un momento como si estuvieras en él.

Me encuentro con personas que dicen que no saben tomar fotografías, la realidad es que muchas veces al capturar una imagen no se busca ganar un concurso, más bien guardar una historia de vida por mucho más tiempo. No dejes que ese miedo de lo estético te quite una memoria que tendrá un valor personal más importante que obtener un premio de la academia. Además, recuerda que toda tu cultura visual te acompaña siempre, y que al hacer una imagen, del tipo que sea, esta resurgirá y mediará en tu diseño o creación.

Todas las imágenes nos cuentan grandes historias, es por ello que gustamos de analizarlas y darles un lugar dentro de la investigación social. A partir de fotos, ilustraciones, gráficos, diseño y cualquier tipo de imagen, los investigadores han detectado, encontrado o interpretado mucho sobre nuestra civilización. Recuperemos su valor social y científico.

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