Nunca imaginé las bendiciones literarias que recibiría por “culpa” de mi querido maestro Agustín Cadena, gran escritor hidalguense. Formar parte de su taller significa vivir y disfrutar tantos retos y gozos. Su generoso rigor siempre orienta a cada grupo que cursamos con él para escribir-reposar-corregir, leer en voz alta con un ligero temblor en el tono, esperar los comentarios, descubrir nuestro estilo, corregir los errores, amar más cada palabra plasmada en la pantalla en blanco, en el cuento que logramos parir.
Cada verano, el Centro de las Artes en Hidalgo abre este espacio lleno de escritura literaria deseosa de darse a conocer. Al terminar el curso, don Agustín no nos abandona los demás meses, por eso ha creado un taller virtual donde nos deja ejercicios para no “oxidarnos” y nuestro grupo ahí está, cada quien escribimos, nos leemos, corregimos, el aprendizaje es constante.
Entre esos retos hay varios que he disfrutado mucho y me han comprometido como nunca a escribir con más cuidado sin perder la inspiración, a ir en pos de la originalidad y de las emociones para compartir. Y fue así como este año cuatro cuentos míos se publicaron.
El libro Callejeros, editado por Elementum y coordinado por Agustín Cadena, fue presentado en la Feria Universitaria del Libro (FUL). En cuanto lo tuve en mis manos me sentí tan conmovida, incrédula y feliz. Colaboramos 16 de sus alumnos y alumnas. Mi cuento se tituló “El octavo día”, el reto fue construir con nuestro discurso narrativo una ciudad que no existía. Decidí hacerlo con las evocaciones de una mujer que no olvida a ese gran amor, transformado en recuerdo eterno.
Otra gran aventura fue recibir la invitación, a través de mi querido profesor, de la revista Letras Raras. La tarea fue hacer un cuento donde el personaje fuera un niño de personalidad perversa. Por supuesto, yo inventé a una niña, una niña que le gustara jugar futbol y fuera una verdadera traviesa. “Fuera de lugar”, delata a una pequeña pícara y excelente futbolista. Las bellas ilustraciones que acompañaron a la historia le dieron una fuerza maravillosa.
Mi adorado maestro nos volvió a provocar: hacer otro cuento donde un gato fuera el tema central. Así surgió “Vivis”, una gatita de patitas de nube. Fue algo más que la mascota en la vida de una niña, fue también la mejor amiga. El luto de perderla será una herida eterna en esa alma infantil. Se publicó en Gatario.
Casi al terminar este año, realicé otra tarea para confirmar mi pasión literaria, debí escribir un texto con cuatro palabras eje: silla rota, enfermera, pájaro y pincel. Y ahí estoy yo, días y días imaginando mi historia, delatándome a ratos, palpando a mi personaje con todo su dolor y su depresión. “Rota” es poema, calificado así por un querido compañero y revisor. El texto le canta a la decepción y a la obsesión de terminar con todo, hasta con la vida. Pero al mismo tiempo, aferrarse a vivir, porque la vida gira entre recuerdos, problemas, retos y búsqueda total.
Gracias querido Agustín Cadena por confirmar mi vocación de cuentera.

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