Cuidado con el populismo.- Tomás Guanipa

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Miguel de la Vega /Agencia Reforma

CIUDAD DE MÉXICO.-Tomás Guanipa sabe lo que es padecer el populismo, pues es diputado de oposición en la Venezuela chavista. Perseguido y acosado por el régimen de Nicolás Maduro, advierte que los líderes populistas surgen debido a los malos gobiernos.

 

A usted lo acusan de los mismos delitos que Leopoldo López, ¿teme ir preso?

No sólo me han acusado. El presidente de la República ha dicho hasta en qué cárcel me va a encerrar.

 

¿En cuál?

En la cárcel de Guárico, una de las de mayor riesgo para los presos políticos. El trato es absolutamente inhumano y, en ese sentido, mi compromiso es vencer el miedo. A mí me han perseguido en niveles extremos, al punto de que mi vehículo es el primer objeto en Venezuela que es acusado de terrorismo.

 

¿Un auto?

Una cosa absolutamente insólita. Era una camioneta Cherokee que fue acusada de terrorismo, sí, la camioneta, y con eso mi chofer fue detenido. Además de eso, imagínate lo que significa que estés en tu casa un domingo viendo un juego de futbol con tus hijos y, de pronto, llegan agentes de contrainteligencia militar con pasamontañas y armas largas, como si ahí viviera un delincuente.

 

¿Cómo se puede vivir así?

Se vive muy mal, porque más allá del riesgo personal que uno corre, es el sufrimiento de toda una familia. Pero el sufrimiento de uno es nada frente a lo que está sufriendo el pueblo de Venezuela. Cuando un gobierno autoritario se dedica a perseguir al pueblo entero, el asunto deja de ser político y se convierte en un tema de derechos humanos.

 

¿Se puede morir por un ideal?

En Venezuela ya son muchos los que han muerto luchando por la libertad y por tener oportunidades. La situación es tan dramática que bien vale la pena luchar hasta lograr la libertad.

 

¿Se puede matar por un ideal?

No, llegar a la violencia y a la confrontación violenta son hechos que tenemos que evitar a toda costa.

 

¿Es usted un exiliado en su propia patria?

No me siento un exiliado, pero sí un perseguido. Sin embargo, a pesar del círculo hegemónico que hay, también es verdad que ellos (el gobierno) no cuentan con lo más importante, y con lo que alguna vez contaron, que es con el apoyo del pueblo.

 

Pero siguen teniendo una base muy importante, ¿cómo explica eso?

Con ellos está alrededor del 25 por ciento de la población, y eso se explica por el control social que han logrado. En Venezuela, para poder comer en un barrio necesitas unas cajas de alimentación que aquí llaman despensa, que allá llaman CLAP y que se han convertido en un mecanismo de control social del gobierno.

 

¿Qué reconoce que han hecho bien los gobiernos de Chávez y Maduro?

El gobierno de Maduro ha sido absolutamente desastroso, no ha habido algo que uno pueda decir “el país ha mejorado”. Los niveles de corrupción a los que hemos llegado son insólitos, y la inseguridad nos ha llevado a que la expectativa de vida de jóvenes en zonas populares de Caracas sea de 24-25 años. Es un drama. En el gobierno de Chávez, ciertamente hubo un discurso social que entusiasmó a muchísima gente con la posibilidad de mejorar su calidad de vida, pero no hubo un programa social ni hubo un programa de inclusión real donde la gente pudiera progresar, estudiar, tener salud y poder además tener dignidad a través del trabajo.

 

Pero se podía gracias al precio elevado del petróleo.

Todo eso era absolutamente artificial, había una gran burbuja de bienestar nacional, inclusive para los opositores. Y, cuando la industria petrolera en Venezuela empezó a producir menos petróleo, nos dimos cuenta de que habíamos vivido una farsa.

 

¿La fantasía se convirtió en pesadilla?

Es una gran pesadilla, es un drama social que nadie debería vivir.

¿Qué debemos aprender los mexicanos de lo que pasa en Venezuela?

Primero, que un gobierno está para servir y ser empleado del pueblo, no para servirse del pueblo. Yo tendría mucho cuidado con aquel que promete cambios sociales que no son sustentables ni en el tiempo, ni en un programa económico que sea real. En segundo lugar, que hay que tener mucho cuidado con los liderazgos que tienen alguna visión autoritaria o hegemónica. Chávez como candidato decía que no iba a nacionalizar la banca y nacionalizó la mayoría de los bancos, que no iba a expropiar empresas y expropió la mayor cantidad de tierras posibles y de empresas. Lo que debería aprender el pueblo mexicano es que, con el discurso populista, la esperanza termina siendo una tragedia.

 

¿Cómo se combate el populismo?

Con mucha responsabilidad, con honestidad desde el servicio público, con hablarle claro a la gente.

 

¿Responsabilidad de quién?

De quienes dirigen el país. El principal cambio que tiene que haber en un gobierno, no solamente es en las políticas económicas y en el tema de la inclusión social, sino que debe haber una labor de pedagogía ciudadana, porque el ciudadano tiene que aprender a ser muy crítico con sus gobernantes y los gobernantes tienen que aprender a rendir cuentas.

 

¿Está de acuerdo en que el populismo triunfa porque hay caldo de cultivo, hay un hartazgo de la sociedad?

Claro, absolutamente. El populismo triunfa cuando la sociedad está cansada de una élite política. Prefieren mirar a lo que resulta extremo porque creen que nada puede ser peor a lo que están viviendo. Eso es exactamente lo que dijimos en Venezuela en 1998: “nada puede ser peor, preferimos apostar a lo desconocido, aunque sea un riesgo”. Ahí llegó Chávez y mire cómo estamos 19 años después.

 

¿Qué piensa de que en México dicen con preocupación “nos vamos a convertir en Venezuela”?

Duele. Que Venezuela se convierta en ejemplo de lo que no debe ser, a uno le da mucha pena, pero le da un compromiso histórico para que recobremos el orgullo de ser venezolanos.

 

¿Cómo resiste?

Con la esperanza de que este año tiene que haber un cambio, los últimos cinco años han sido de mucha represión. Nicolás Maduro se convirtió en un dictador sin cuidar ninguna de las formas.

 

¿Peor que Chávez?

¡Peor que Chávez! Chávez yo creo que tenía a su favor un nivel de popularidad, aunque el país estaba polarizado en dos bloques, tenía una fuerza popular importante, tenía una bonanza petrolera con una chequera que generaba solidaridades internacionales, tenía un liderazgo en la fuerza armada nacional y tenía una conexión personal muy importante. Maduro no tiene ninguna de esas cosas y la única forma por la que se ha mantenido en el poder, siendo tan mal Presidente, ha sido a través de la represión y del uso de la fuerza.

 

¿Usted puede dormir?

Duermo cuando estoy con mi familia, pero con mucha angustia, cuando suena el timbre, cuando uno sale a la calle, cuando el SEBIN, que es la policía política, te está persiguiendo en cualquier parte, cuando te paran en la autopista que va de una ciudad a otra, se bajan y te apuntan con armas sólo para amedrentarte. La vida se hace muy incómoda y la angustia se convierte en una forma de vida.

 

¿Cómo quisiera pasar un domingo?

Con mis hijos, tranquilo, poder ir a misa y después poder llegar a mi casa a almorzar con mi familia. Leer el periódico y darme cuenta de las buenas noticias que empieza a haber en Venezuela, el crecimiento de la libertad, el crecimiento del empleo, la posibilidad de la gente de surgir. El mejor domingo que uno podría tener sería leer en el periódico que Venezuela ha encontrado su camino.

 

Cinco datos

  1. Es diputado a la Asamblea Nacional por el periodo 2016-2021.
  2. Fue fundador y secretario general del partido Primero Justicia.
  3. Desde 2017 es uno de los principales voceros de la oposición venezolana en el mundo.
  4. El gobierno de Nicolás Maduro lo acusa de “instigar a la violencia”.
  5. Su hermano Juan Pablo se negó a rendir protesta en la Asamblea Nacional Constituyente y fue despojado de su cargo como gobernador de Zulia.

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