Cuídalo, tu hígado no es un superhéroe

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higado

 

Jorge Alberto García/ Agencia Reforma

Monterrey.- Aunque se regenera continuamente, el hígado no es infalible, expresa Linda Elsa Muñoz Espinosa, jefa de la Unidad de Hígado del Hospital Universitario.

“Cualquier cosa que agreda al hígado de forma crónica lo va a dañar lentamente y esto puede ser un exceso de grasa, alcohol, azúcar, o bien, a causa de un virus que le causa inflamación”, comenta.

“Si el daño es agudo, cicatriza y se cura, pero cuando es crónico soluciona el problema de manera continua y silenciosa por años hasta que se daña un 80 por ciento y cae en insuficiencia hepática”.

Hay enfermedades que causan una cirrosis hepática, como hepatitis C, abuso en el consumo de alcohol, hígado graso (por mala alimentación) y enfermedades autoinmunes. Menos frecuente es hepatitis B o problemas congénitos.

“En años frecuentes el hígado graso se ha convertido en la causa más frecuente de cirrosis hepática debido a la epidemia de diabetes: hace 20 años la padecía un 5, 7 por ciento de los mexicanos y ahora es un 15 por ciento”, dice.

Los síntomas de enfermedad hepática son: ictericia (ojos y piel amarilla), comezón, orina oscura, confusión, vómito de sangre, moretones o tendencia a sangrar, heces de color claro o gris y líquido anormal abdominal.

“Las manifestaciones se vienen en cascada en pacientes cuando el hígado no funciona correctamente”, dice Francisco Vásquez-Fernández, cirujano del grupo de Trasplantes del HU.

Para prevenir

Vacunarse es una de las formas de prevención para la hepatitis A y B y existen esquemas para niños y adultos, explica Linda Elsa Muñoz, jefa de la Unidad de Hígado del HU.

Hepatitis A

  • Transmisión
  • Fecal-oral, alimentos y aguas contaminadas.
  • ¿Dónde encontrarla? En el medio privado.

Hepatitis B

  • Transmisión
  • Contacto con sangre infectada, uso de drogas, tatuajes, perforaciones y vía sexual.
  • ¿Dónde encontrarla?
  • Viene en la cartilla de vacunación.

 

Hepatitis C

  • Transmisión
  • Contacto con sangre infectada, uso de drogas, tatuajes y perforaciones.
  • ¿Dónde encontrarla?
  • No existe una vacuna.

 

Factores de riesgo

Los malos hábitos alimenticios de los mexicanos con la subsecuente epidemia de obesidad y sobrepeso están haciendo que las cifras de hígado graso crezcan en México.

“Antes el alcohol solía ser la causa más frecuente de tener un hígado graso, pero ahora es normal tratar pacientes con obesidad y abuso de alcohol”, indica Muñoz Espinosa.

El consumo de alcohol se ha elevado y las mujeres están cada vez más al nivel que los hombres, pero su nivel de tolerancia a la sustancia es menor.

“Si toma una o dos cervezas al día equivale a cuatro o cinco en el hombre y se considera abuso y al cabo de uno, 10 o más años puede desarrollar una cirrosis”, advierte.

Otro factor son los tratamientos estéticos como la cavitación y la mesoterapia, o bien, la lipoescultura pues contribuyen a la pérdida de grasa corporal y tienen el potencial de empeorar la función hepática.

“Hay que tener cuidado con estéticas y spas. Es preferible en estos casos ir con un cirujano plástico, aunque lo ideal es que la persona aprenda a alimentarse bien para bajar de peso”, alerta.

Piercings y tatuajes son también un factor para adquirir algún tipo de hepatitis si los aparatos utilizados no están debidamente esterilizados después de cada procedimiento.

“Dimos un curso a tatuadores para que estén conscientes de que están haciendo un procedimiento invasivo. Ellos deben tener los conocimientos necesarios y estar asesorados por un médico”, indica la hepatóloga.

Estas problemáticas reflejan un problema de educación en temas como la alimentación, la actividad física y la administración de medicamentos.

“Hay que evitar los alimentos chatarra, hacer ejercicio, ir a vacunarse, no automedicarse e ir con un médico. Queremos que la población tenga un nivel de cultura médica más alto”, indica.

Daño hepático por alcohol

Acudir a Alcohólicos Anónimos (AA) es la única medida que se ha observado que tiene éxito para evitar que pacientes alcohólicos recaigan, dice el gastroenterólogo Jaime Noriega Zúñiga.

El abuso se manifiesta en enfermedad hepática por alcohol: es la agresión al hígado producida por una cantidad de bebida alcohólica superior a la capacidad que tiene para metabolizarla, dice el médico internista.

“Posee varias facetas: hígado graso, hepatitis alcohólica y cirrosis hepática alcohólica”, especifica.

“El diagnóstico de una enfermedad hepática por alcohol se basa en la historia clínica del paciente, exámenes de sangre o estudios como ecografía, tomografía axial o TAC, resonancia magnética o una biopsia de hígado”.

Medidas como suspender la ingesta de bebidas alcohólicas, acudir regularmente a AA, medicación, vitamínicos específicamente indicados y una buena alimentación, son las más comunes.

 

Facetas de la enfermedad hepática por alcohol:

1 Hígado graso

Es el acumulo de grasa dentro de las células del hígado, lo que ocasiona un incremento de volumen del órgano y una pérdida de su función. Es asintomático, pero algunas personas presentan síntomas.

  • Molestias en el lado derecho y superior del abdomen (en la zona del hígado)
  • Cansancio
  • Debilidad
  • Pérdida de peso

2 Hepatitis alcohólica

  • Inflamación del hígado por muerte celular seguido de cicatrices permanentes.
  • Dolor en la zona del hígado
  • Fiebre
  • Debilidad
  • Náusea y vómito
  • Pérdida del apetito
  • Coloración amarilla de la piel y ojos (ictericia)

3 Cirrosis hepática alcohólica

Es cuando ocurre una destrucción del tejido hepático por cicatriz lo que produce hipertensión portal.

  • Bazo agrandado
  • Mala nutrición
  • Sangrado de várices esofágicas, gástricas y rectales
  • Ascitis (liquido en la cavidad abdominal)
  • Insuficiencia renal
  • Encefalopatía
  • Cáncer de hígado

Daño hepático por herbolaria

“Si no me hace bien, tampoco me hace daño”.

Casi el 70 por ciento de los mexicanos usa esta frase para justificar su uso de herbolaria, pero algunas plantas producen sustancias que causan daño hepático, dice Paula Cordero, jefa de laboratorio de la Unidad de Hígado del HU.

“Pueden llevarlos a lesiones tan drásticas como un daño hepático a nivel de tejido que si no se trata puede ocasionar la muerte”, advierte la especialista en química biomédica.

Hay quienes dicen que el boldo, el romero o el diente de león son hierbas que protegen al órgano, sin embargo existen pocos estudios al respecto.

“Se sabe que los productos herbolarios chinos producen el mayor daño hepático y en México se ha demostrado que en ciertas dosis las opuntias y el aloe vera tienen un efecto hepatotóxico”, comenta.

Al día de hoy, la silimarina es el único producto autorizado por la Cofepris de origen natural para el tratamiento de enfermedades hepáticas en México, señala la experta.

“Tenemos 18 productos autorizados y sólo dos son medicamentos herbolarios y ambos están hechos de silimarina. Sólo un médico tratante puede determinar la dosis la frecuencia en cada paciente”, remarca.

Daño hepático por medicamentos

Automedicarse o tomar suplementos alimenticios para crecer la masa muscular o perder peso sin indicación médica puede parecer inofensivo, pero no lo es.

El daño potencial puede ir desde desarrollar hepatitis crónica y llegar a una cirrosis hepática hasta tener un cuadro de hepatitis fulminante, dice el gastroenterólogo Jaime Noriega Zúñiga.

“Existe mayor susceptibilidad en adultos mayores, mujeres, embarazadas, personas con desnutrición, que abusan del alcohol, con enfermedad crónica del hígado o que practican polifarmacia”, comenta.

Los analgésicos y antipiréticos con paracetamol pueden llevar a esta situación si se toman en dosis mayores a las recomendadas. También esteroides anabólicos, anticonceptivos, sulfamidas, estatinas y algunos antiepilépticos.

La amoxicilina clavulanato es otra de las más frecuentes y es frecuentemente administrada a niños durante la temporada invernal, agrega el también médico internista.

“No se trata de que las personas las eviten sino que deben tener una indicación especifica con un seguimiento adecuado”, remarca.

 

Síntomas

  • Dolor abdominal
  • Orina turbia
  • Diarrea
  • Fatiga
  • Fiebre
  • Dolor de cabeza
  • Ictericia
  • Falta de apetito
  • Náusea y vómito
  • Salpullido
  • Heces color pálidas o blanquecinas
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