Dar a luz al hijo ajeno

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hijo ajeno

Desde que era niña, Rosi escuchó que madre solo hay una, pero esa idea cambió la primavera de 1994, una mañana cuando dio a luz a un bebé cuyos padres eran otros

Pachuca.- Desde que era niña, Rosi escuchó que madre solo hay una, pero esa idea cambió la primavera de 1994, una mañana cuando dio a luz a un bebé cuyos padres eran otros, convencida de que el pequeño era un hijo de tres.

Ella es madre de dos hijos que tuvo con su primer esposo, dos hombres a quienes crió y educó con amor desde el primer día que tuvo en brazos; sin embargo, con nostalgia recuerda cuando trajo al mundo a un tercer ser humano que, sin compartir genética alguna, formó parte importante de su vida.

Fue una tarde de 1992 cuando una amiga le contó que una pareja buscaba una mujer para realizar un procedimiento que hasta ese momento parecía sacado de una película de ficción. La idea era injertar un óvulo fecundado en un útero fértil para dar a dos personas que no podían ser padres la posibilidad de serlo.

La práctica, conocida como subrogación gestacional, era tan novedosa que en México solo se practicaba en exclusivos hospitales y bajo protocolos por demás discretos, pues los términos legales eran desconocidos y el tema un tabú al que la mayoría rehuía.

Quizá por ello la amiga de Rosi se rehusó a participar en el experimento, pues temía que aquel hijo que al final de la gestación debía entregar fuera en realidad parte de ella.

Pero para Rosi, la situación era diferente, había leído sobre el tema y visto uno que otro documental, sabía que aquel pequeño no sería en lo absoluto su hijo biológico, aunque aquello no le negó la oportunidad de vivir lo que considera “otro tipo de maternidad”.

Así fue que se decidió a tomar el reto guiada por un motivo muy importante, pues el acuerdo no solo fue dar a unos padres la dicha de tener el hijo que tanto añoraban, la recompensa para ella sería contar con una casa, un patrimonio para sus hijos, que en aquel entonces significaba una esperanza remota.

El procedimiento comenzó casi inmediatamente después de sellar el pacto de palabra y fue entonces cuando las complicaciones comenzaron a surgir, pues además de la natural desconfianza que existía de ambas partes,
la novedosa técnica parecía no estar rindiendo los esperados frutos.

Pese a ello, la persistencia de los tres padres continuó con las constantes visitas al laboratorio, el seguimiento estricto de las recomendaciones médicas y las plegarias a Dios, mismas que, como regalo de 10 de mayo, dieron resultado pocos días después de esa fecha.

Entonces vino el embarazo y con él las cosas típicas de ese, los mareos, ascos, el cansancio y crecimiento del abdomen; lentamente, Rosi sabía que un nuevo ser crecía en su vientre y aunque no fuesen de la misma sangre, las palabras de amor, caricias y canto nunca faltaron.

Fue por ello que aquel día de su nacimiento, cuando la enfermera llegó y se lo quitó de los brazos para entregarlo a sus verdaderos padres, Rosi no pudo contener las lágrimas al igual que al contar este relato; la razón, fue porque a sabiendas de lo que debía hacer, aquel bebé pasó a ser un hijo de tres.

  • El procedimiento de subrogación gestacional comenzó casi inmediatamente después de sellar el pacto de palabra, así fue que se decidió a tomar el reto guiada por un motivo muy importante, pues el acuerdo no solo fue dar a unos padres la dicha de tener el hijo que tanto añoraban, la recompensa para ella sería contar con una casa, un patrimonio

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