La anciana mujer recargada en uno de los sombreados jardines de la histórica plaza de trazo virreinal, plaza Constitución, sintiendo el aire frío del norte recorrer lo que era la ciudad desde la arcaica barranca de la Lagunilla entrando por la vieja y agreste cañada del Tulipán. Al calar el viento la abuela juntaba y acurrucaba a sus jumentitos pelones como güajolota culeca, mirando incesantemente al cura Hidalgo recorría de manera imaginaría moviendo las manos el añejo monumento, masticando suavemente un trébol tomado de los jardines “solo para salivar” así decía ella, escuchaba plácidamente el ambiente de algarabía que se daba esa media tarde en la plaza.
Olfateando y olisqueando, como cusco can callejero, el aire a veces fétido del agua estancada de las fuentes que ya para esa década de 1960 del siglo XX sufría podredumbre, lama y moho, murmuró “cuando estás aquí sientes y experimentas sensaciones de recuerdos de pobladores y mineros, vecinos cercanos a este lugar que también fue centro de barrio para el encuentro de todo tipo de personas, de vestimentas, calzados o descalzados, de creencia y ocupaciones, se tenía una esencia de argento, de complacencia y placidez en la virreinal plaza que por muchos años ofreció sombreados árboles, bancas, fuentes, hata palmera, con un delicioso y verdadero quiosco pabellón de las músicas, de actuaciones y diversas manifestaciones, en delicadas líneas art déco”.
Ese pabellón fue echado abajo, salvajemente destruido, demolido, “borrado de la vida de la villa” minera de Pachuca para sustituirlo por el que está ahí, un vulgar elemento sin identidad de formas aberrantes, mal construido, antiestético, antifuncional, de pésima calidad, sin armonía con la tipología del entorno e ideado por mentes inconscientes, incapaces de entender y respetar ese lugar histórico.
Repentinamente orejeaba, olfateaba, olisqueaba hacia la escultura de don Miguel pregonando con voz al cuello “este monumento lleva sobre sus hombros y cabeza gran parte de la fatigante carga de estos reales mineros de la villa de argento”. Llama poderosamente la atención pero por el grado de abandono, de ignorancia de quienes compete protegerlo. “Es de utilidad pública la investigación, protección, conservación, restauración y recuperación de los monumentos arqueológicos, artísticos e históricos” dice la letra ignorada y muerta de la ley. El monumento a la “libertad” en alegoría al estado de Hidalgo, cumplió 128 años, celebró completamente ignorado, luciendo deterioro generalizado pues se está desmoronando literalmente desde hace unos 15 años, no ha sido siquiera bien contemplado por autoridad alguna a pesar de ser histórico como la maltrecha plaza, ¡es la única obra pública que aún sobrevive a la padecida y ofensiva destrucción, a la desidia, ignorancia, al protagonismo de especialistas y conocedores! ¿Será tal vez que no reditúa ningún beneficio a los comités de vividores de presupuestos y comodatos?
A pesar de ser “un verdadero tesoro del estado” y estar ubicado en el original centro de la ciudad, en la primera traza del virreinato, en la plaza de Mercaderes, plaza Mayor Constitución, la obra de arte histórica exhibe y presume daños desde la parte del zócalo, el basamento,
en las hermosas ornamentaciones en guirnaldas, festones y acroteras talladas en cantera blanca, lo mismo las diferentes esculturas en mármol, la del cura y las elegantes águilas imperiales artísticamente labradas. De éstas la ancianilla descubrió, gracias a la sagacidad de su investigación, husmeando detalladamente concluyó que “esta representación escultórica es ejemplo del último tercio del siglo XIX de influencia europea, sin equivoco fue inspiración para las enormes águilas de cantera también con alas desplegadas sobre las que descansan las caratulas del reloj monumento, ¡ahí se repitieron!”.
El deterioro, la destrucción es fundamentalmente por el abandono y la ignorancia de los responsables considerando que ha estado a la intemperie por más de 100 años, no ha recibido el menor rescate provocando la progresiva degradación desde
el interior del basamento-pedestal, el desmoronamiento de molduras aunado al envejecimiento de la cantera blanca por ser blanda, existen innumerables fisuras, cuarteaduras en su interior con filtraciones de agua en los relieves e inestabilidad de estratos ¡se está desprendiendo!, hay pérdida de piezas, se ve el monumento en color y forma distinto al original por el envejecimiento, innumerables manchas por el desarrollo y proliferación de hongos, flora y fauna nociva generan excremento de palomas, microorganismos y musgos que aceleran su destrucción, el interior del pedestal o basamento ha ido absorbiendo agua de lluvia propiciando la degradación interior, las manchas salinas, brota salitre por todos lados.
Se requiere urgentemente “recuperar la estabilidad de la escultura, sino de otra forma cualquier día el cura “va a dar su mal paso”, caerá por tierra de trompa, dañándose completamente, hay que recuperarlo, restaurarlo, revivirlo desde su base” resolvió la sabia viejilla. El cascabel al gato se oye. El nuevo gobierno del estado “de manos atadas”, se ha sabido que lo están arrinconando para servir de tapadera a fraudes millonarios, a la corrupción e empinadas, a políticos impunes señalados de ladrones y corruptos, no de tontos. El Ejecutivo lo sabe, desde muy arriba, “desde el más allá” en palabras de ella, se le ha invitado a “no seguir despostillando la cacerola, a no patearla” no quieren que suene ni se mueva nada por motivos de bien para 2018. La población, ya harta, pide exhibirlos ¡darles cárcel, que regresen lo robado! “La próxima los sacarán a patadas” aseguraría la anciana.

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