Desde muy joven, tuvo aptitudes artísticas en el dibujo y en el diseño, facultades que complementó con el apoyo de maestros de la plástica nacional

Pachuca El nombre completo es David José Espinosa Trejo, aunque se le identifica simplemente como David José. Nació en Pachuca, en el que llama frío diciembre de 1957.

Desde muy joven, tuvo aptitudes artísticas en el dibujo y en el diseño, facultades que complementó con el apoyo de maestros de la plástica nacional.

Acepta que este fue su primer paso valioso en la vida, aunque después, ya consolidado profesionalmente, formalizó un proyecto de ayuda a los demás, del que entregó un programa a instancias federales del que no hubo eco.

“Entonces, solo silencio. Hoy lo he retomado”, afirma, detallándolo. Explica el origen de su “compromiso que no pone paz en mis sentimientos hasta concretarlo.

“Alguna vez estaba en la central de autobuses de Pachuca, un tanto desolada. Iba a salir. En la espera coincidí con un hombre maduro, de amables modales. Charlamos y de pronto me preguntó: ‘Y tú, ¿qué haces en favor de tus semejantes?’. ‘No es solo pensar en uno’. Me sorprendió; farfullé algunas palabras. Él se levantó de su asiento, sonriente me tendió la mano y todavía agregó, ya camino a abordar su transporte: ‘Piensa en lo que te pregunté’.

“Nunca lo volví a ver, pero desde esa misma tarde medité en sus palabras. Eso me llevó a una conclusión: tenía que hacer algo, aunque de inmediato no sabía cómo. Y empecé a perfilar formas, muy a capela. Dicen que en la vida lo único inflexible es ser flexible.”

David José Solo tiene una hermana, Josefina, y no soslaya lo que tanto le significó su madre, Aurelia Trejo, originaria de Mineral del Monte, para enfrentar incierto futuro.

De sus primeros estudios, cuenta: “Asistí a la primaria Belisario Domínguez, continué en una telesecundaria para seguir preparatoria en la José Ibarra Olivares”.

Del bachillerato recuerda a algunos maestros: Juan Manuel Menes Llaguno, Luis Corrales, Raúl Guerrero, Yolanda Islas de Pfeiffer.

“No terminé la prepa; o comía o estudiaba. Ingresé al Centro Regional de Educación Normal ‘Benito Juárez’”. Sin variar el tono calmo de su voz, reconoce: “Tampoco concluí. Ya no pude cubrir gastos. Aquello de ser docto y comprensivo maestro no fructificó.

“Sostuve mis estudios. Entre los nueve y 12 años estuve dedicado al diseño de calzado que terminaba con la fabricación. Era gremio exigente. Había que demostrar. Pero no me alcanzaba. No sabía pedir trabajo.

Con semanarios

“Empecé a colaborar en arte y diseño para algunos semanarios. Entre estos El Popular, Avance Gráfico, Eco/Solución, Los 84, El Mexicano, Destino y, poquito después Expressión. Entablé una buena relación con sus directores: Juan Aguado Guasco, Alberto Rodríguez Torres, David C Jaén, Adalberto Peralta, Orquídea Taboada, Marco Antonio González Pineda y Juan José Fuentes.”

Empezó a laborar en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH). El rector era el ingeniero Carlos Herrera Ordóñez, a quien muchos, muchos, sí recuerdan en la máxima casa de estudios de la entidad.

“Era un caballero”, apunta David José. “Por alguna circunstancia, establecimos afinidad. Fui ilustrador y diseñador de publicaciones de la UAEH, adscrito a prensa y difusión que encabezaba Edmundo Mendoza. Posteriormente, lo pedí al rector, me sumé la división de investigación científica y tecnológica dirigida por Sergio Flores Ayala y, que el ingeniero Ordóñez especialmente supervisaba. Me atraía. Quería aprender. Creo que lo logré”.

La UAEH de entonces.

“Me correspondía hacer ilustraciones para las disertaciones de los docentes. No olvido a la gente que conocí, traté. En especial había alguien que centraba mi atención: Gerardo Sosa Castelán. Dirigente natural. Activo, de buen talante. Ya sugería innovaciones para la institución. Al paso de los años, comprendí que era visionario, emprendedor.

“Lo confirmo al comparar la universidad de entonces y lo que es ahora. Y lo ratifico tras algunas pláticas breves que sostuve con él. Irrespetuosa, pero afectivamente, yo le decía licenciado nunca me corrigió ni mostró inconformidad. Entre algunos de sus colaboradores cercanos estaban Juan Federico Fernández Ordóñez, a quien llamaban Chihua, y Julio César Zamorano Ruiz.

“Me incorporé en 1977 a El Sol de Hidalgo en calidad de coordinador de arte y auxiliar de la dirección-gerencia. Las oficinas del diario estaban en la calle Guerrero. Víctor Manuel Martínez, reportero entonces, y quien había llegado a Pachuca con Jorge Rodea, finísima persona, me presentó con el director gerente, don Fausto Marín Tamayo.

“Caballero que imponía. Era de Culiacán, Sinaloa. Experimentado, conocedor, culto, melómano especial. A veces de carácter ‘al rojo vivo’, otras, charlista. Más que agradable. Gustaba del café, pero sin azúcar. Contaba que lo habían designado por tres meses y se quedó por años. Aquí murió. Un personaje. Bien dicen: inolvidable.

“Me comisionó para que inicialmente elaborara originales de publicidad. Todos a mano con letras set-e para los textos.

“Me tomó confianza y fui parte de sus colaboradores en un tabloide quincenal, también de la Organización Editorial Mexicana (OEM), que comandaba don Mario Vázquez Raña. A la nueva publicación se le llamó El Sol del Campo. Todo se producía en las oficinas en la colonia San Rafael, cerquita de Insurgentes y del impactante Monumento a la Revolución en la Ciudad de México. Con él, de aquí, Pachuca, fueron convocados Anselmo Estrada Alburquerque, quien no hace mucho, lamentable, falleció, y Fernando Moreno Correa, quien finalmente se asentó en Tulancingo, donde murió. Triste traerlos a colación.

“En El Sol de Hidalgo permanecí algo así como 25 años, entre entradas y salidas, porque busqué otros horizontes. Inquieto, aunque en mi comportamiento no lo pareciera. Propio, respetuoso. Poco inclinado a las desveladas, que las hubo. Vaya que sí.”

En un intermedio de esa época, tomó parte en la creación de imagen y razón de ser del centro asistencial Casa de la Tercera Edad.

Director deportivo

En 1985, dirigió la revista El Deportivo. Recuerda el titular principal en el primer número: “Pachuca, casi en primera” y una sugestiva llamada: “Rossell garantizó la permanencia de todos los jugadores titulares si el Pachuca llega a la Primera División”.

Reconocimientos abundantes. Aunque abordar esto no es de su agrado. Calla y solo mira al interlocutor. En 1989, le entregó testimonio a su trayectoria periodística la Unión de Periodistas Democráticos (UPD), delegación Hidalgo, que presidía Jesús Gaona López.

No extrañó que en 1992 se le otorgara el Premio Estatal de Periodismo por su trabajo en caricatura.

Hay un episodio emotivo. Así, textualito.

El atentado a Colosio: “Era 1994, miércoles 23 de marzo, estaba en el estudio de casa. Terminaba un retrato a tinta del candidato a la presidencia Luis Donaldo Colosio. Contra mi forma habitual de trabajar, encendí la radio y justo en ese momento difundían la noticia del atentado al señor Colosio.

“Desconcertado, quedé con la vista fija en el retrato que aún permanecía adherido al restirador; sentí que la obra ya no tenía razón de ser. El anuncio fue corto, breve: ‘El candidato ha muerto’. Coloqué un recuadro a la imagen y una franja en señal de luto, además de un texto: ‘Un atentado que daña a todo México’.

“Desprendí el retrato, abordé mi auto y me dirigí al diario, subí a la dirección y dejé mi trabajo sobre el escritorio del director. Al día siguiente lo vi, publicado en primera plana. Tristemente, mi ilustración se había convertido en lamentable esquela.”

David José no lo refirió, pero era apacible, nunca confrontativo. Algunas veces, al terminar su jornada, ya el diario, ubicado en Matamoros, salía discreto por una escalera que conducía al área de talleres. Caminaba silenciosamente y en pequeños trancos, como si el piso estuviera minado.

Mostró formas de un humorismo fino, sutil. Poco a poco, fue entregando cartones que se publicaban en plana. Igualmente viñetas, en blanco y negro de personajes de esos días.

“Un buen día”, ni tan bueno, acentúa, “el director me encomendó diseñar sociales, una página al día y cuatro el fin de semana. Poco o nada, la verdad, sabía de eso. La reportera era Aida Hidalgo y el fotógrafo don Jesús Bermúdez. Un tiempecito participó Mirna Esmeralda Hernández Morales. A veces, me confundía en seleccionar por su importancia las notas. No era socialité.

“Había una compañera, Lourdes Zavala, activísima publicista, que al advertirme preocupado me animaba. Échele ganas, Davicito’, me decía. Gracias, Lulú, yo le correspondía. Inolvidable la dama de rubio cabello.

“Con ella, pequeño lapso, fuimos asesores en la Cámara Nacional de Comercio para asuntos publicitarios.”

Lo vence la nostalgia en la alusión a quienes fueron sus compañeros. A algunos se permite agregar lo que llama “pequeño cumplido”.

Compañeros esos días

“De entonces en El Sol, ¡ufff! Recuerdo al señor Marín Tamayo. Si me convocaba a su oficina y no había sonrisa, mala señal. En algo yo había fallado. Otros, más, muchos más: Antonio Santos Mendoza (el Pony), José Luis Rico, Roberto Ramírez, José Luis Martínez, Roberto González, Francisco Hernández, Miguel López, Aída Suárez, Eduardo de la Vega y Bezies, Liliana Castillo, Jorge Luis Pérez, Juan José Fuentes, Paquito Lozada, José Luis Madrid, Rubicel Perales y Salvador, Carlos Sevilla Suárez, Francisco Curiel, Olga León, Javier Ledezma. Abraham Ramírez.

“Julio Hernández, don Daniel Pérez, los cinco hermanos Loaiza: Marcos, Trinidad, Miguel, Norberto y Martín, y los buenos sobrinos: Eduardo y Miguel, Manuelito Gómez, Hémer Mendoza, Omar Pérez Díaz, Edith Hernández, Norma Angélica Pérez Olguín, Martha Aidé Gallegos, Irma Sánchez, Constancio Cortés, don César Silva, Erwin Reyes, Agustín Hernández, René Acuña, Alberto González, los hermanos Antonio y Humberto Madrid, Sonia Nochebuena, Javier Martín, Pedro Ángeles, Alberto Witbrun, Carlitos Camacho.”

Pero de lo suyo, la pintura, el arte, el periodismo que lo atrapó, transitó etapas. En 1972, ingresó al Instituto Hidalguense de Bellas Artes. Cursó estudios de dibujo y pintura impartidos por el maestro Juan Manuel Castellanos Paulín.

También fue parte del taller libre de dibujo y pintura ubicado en instalaciones de la Casa de la Mujer Hidalguense (plaza Juárez), auspiciado por el Instituto Mexicano para la Infancia y la familia (hoy DIF).

“Las clases de artes plásticas eran coordinadas por el director de teatro y escenógrafo Juan Manríquez e impartidas por maestros invitados del INBAL.”

No es dado a profundizar en logros personales; lo evita. Hay que insistirle. Y de algunos revela.

En 1973 representó a Hidalgo en el Concurso Nacional de Pintura que realizó el Instituto Nacional de la Juventud Mexicana (Injuve). La sede fue Morelia, en Michoacán.

Un año después, en 1974, fue miembro fundador del Jardín del Arte. Expuso su obra durante más de cuatro años.

Incluye una felicitación del doctor Otoniel Miranda Andrade. Una parte del texto reza: “Al enterarme de su trayectoria y consciente de que una de las influencias determinantes en la formación de la juventud la ejercen los valores que la sociedad reconoce, mismos que son precisos, fincar sólidamente en la conciencia de las jóvenes generaciones y sabedor que esas cualidades suyas contribuirán al progreso de esta entidad federativa”.

Algo importante, que él acepta como tal, asintiendo ligeramente, es el documento expedido en 1974 por el gobierno de la República, que lo declara valor juvenil por su contribución creadora a la renovación social de México. Y lo firma Luis Echeverría Álvarez, entonces presidente.

Otros méritos fueron obtener el segundo lugar nacional en el tercer Encuentro Cultural de los Centros Regionales de Educación Normal, llevado a cabo en Tuxtepec, en Oaxaca.

Se dio su tiempo para trabajar en gobierno estatal: “Por entonces, el arquitecto Guillermo Rossell de la Lama fue candidato a la gubernatura. Fui parte de su equipo de prensa. Inicialmente con Marco González Pineda y luego con Gabriel Perales y Salvador, quien no ocultó nunca su satisfacción de haber nacido en Tlanchinol. –Tlanchinieblas, refería–.

“También en las administraciones de Adolfo Lugo con Juan José García de Haro y Jesús Murillo con Adalberto Peralta. Yo era tropa. Siempre con trabajo. Va cayendo el trapito.”

Con el licenciado Murillo Karam, por decisión del comité directivo estatal del Partido Revolucionario Institucional (PRI), que presidió Leopoldo Rodríguez Murillo, se le designó coordinador de difusión y propaganda.

“Nunca me he separado de la investigación científica. Ha habido formas de conocer el dolor humano.”

Proyecto ignorado

Hace aproximadamente dos décadas presentó un proyecto a la entidad federal. Incluía cinco grupos de apoyo social. Cada uno con sus metas. Así se abarcaban, entre otros incisos los que llamó “Rediseños”. Comprendían principios, ley, respeto, garantías, tranquilidad, con el énfasis de mejor ser, mejor hacer, mejor tener hasta llegar a calidad total. Igualmente, como aprendizaje, orden corporal, salud, paz social, desarrollo, crecimiento.

“Era un universo global”, rememora David José, “pero nunca hubo respuesta, por eso hoy, con la sociedad civil pretendo poner en práctica un nuevo esquema.

“Un ejemplo son los alfabetos emocionales para quienes no saben leer ni escribir. Se sustentan en textos e imágenes con un modelo alemán. La fórmula es fotolectura y aprendizaje acelerado. Es parte de un rediseño humano.

“Ya tenemos talleres para arrancar y digitalizar. Estimo que en tres meses se pueden reunir recursos.”

Un ejemplo es lo que ofrece de sus obras artísticas originales, de su colección particular vendiéndolas. Los donativos serán aplicados al diseño y elaboración de material educativo (autodidáctico) para el mejoramiento físico, mental, emocional y económico de niñas, adolescentes y mujeres en riesgos de violencia.

Cree ferviente que… “México, como nación, descenderá a un punto máximo por inercia natural y, a partir ese sitio iniciará el ascenso que le corresponde.

“Todavía no tocamos fondo. Lo que se perseguirá es un enlace entre mente y cuerpo para desarrollar una habilidad que nos lleve al bienestar y esto basado en un entrenamiento apoyado con material educativo que desarrolle habilidades.

“Son temas universales que funcionan en cualquier país sin interferencia del lenguaje.

“Los relevantes son inseguridad social, pública, familiar y escolar. Todos en tres fases: sistema nacional para la erradicación de la violencia y la delincuencia, y que se garantice el total respeto a los derechos humanos.

“No menos vital, recuperación humana transitando de lo irracional a lo racional y, lo que corresponde a la educación nacional para el mejoramiento humano.

“Todo se concluye en desarrollar material práctico, un plan piloto para depurar, y la distribución.”

Aclara: “No es una anárquica lluvia de ideas, sino un plan maestro con todas sus aristas, lo que me ha llevado a recordar, a pulsar mi conciencia: ¿qué hecho por los demás? Creo que esto será la mejor respuesta, respuesta que aún le debo a aquel hombre, en una semivacía central de autobuses, que me convocó a no olvidar a mis semejantes, porque muchos de ellos, en horas de infortunio, no me han olvidado”.

David José

“No es una anárquica lluvia de ideas, sino un plan maestro con todas sus aristas, lo que me ha llevado a recordar, a pulsar mi conciencia: ¿qué hecho por los demás?”

En la UAEH
fue ilustrador y diseñador de publicaciones, adscrito a prensa
y difusión; posteriormente,
se sumó a la división de investigación científica y tecnológica

Ya consolidado
profesionalmente, formalizó un esquema de apoyo a los demás, del que entregó un programa a instancias federales pero que no hubo eco, pero ahora retoma con pasos pequeños para concretarlo

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