Cuánta razón tienen los zapatistas cuando dicen que la tormenta apenas comienza, aproximadamente un mes del flamante gobierno y la soberbia y la demagogia comienzan a imperar. Deslumbrados por las cuentas de vidrio del triunfo en las urnas, los seguidores de López Obrador están desatados con una intolerancia que raya en lo grotesco contra todo lo que no sean ellos y contra toda postura crítica o ideológica ajena al régimen. Despertando en esa pequeña burguesía clasemediera y mediocre, al pequeño racista y tirano que llevan dentro. A raíz de las declaraciones del subcomandante Moisés con motivo del 25 aniversario del levantamiento armado del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, las huestes morenistas mostraron su verdadera naturaleza en descalificaciones y ataques al EZLN y al subcomandante Galeano (antes Marcos) que pone en evidencia, no solo su ignorancia sino su incapacidad de reconocer que en México, hay otras rutas de construcción, de autogobierno y de autonomía muy superiores a su comprensión. La ola de declaraciones públicas y en redes sociales de tantos “especialistas” en el tema, y de otro tanto que repiten como tarabillas haciendo eco de sandez y media, solo aporta a la polarización de la sociedad, pero, sobre todo, le hacen el trabajo sucio a las campañas de contrainsurgencia con los mismos argumentos racistas que el primero de enero de 1994, desatados desde el gobierno de Carlos Salinas de Gortari.

Desde pejelandia, seudo intelectuales y hasta artistas que creen que hacerle el caldo gordo al neoliberalismo con la continuación de megaproyectos de muerte es muy de “vanguardia” y de “izquierda”, se prestaron para hacer una campaña de mentiras y difamaciones en contra de los indígenas zapatistas y las comunidades autónomas. Ya de entrada comienzan escondiéndose en el triunfo que les dieron las urnas en la pasada elección, convirtiendo ese triunfo en un circo electorero restregándole a la gente los más de 30 millones de votos que hacen parecer como mayoría, sin embargo, las cuentas no les salen porque esa cantidad de gente en un país de más de 120 millones de habitantes, no son mayoría. En un padrón electoral de 90 millones, aproximadamente, tampoco son mayoría, y si a eso le agregamos que la gente que votó no lo hizo con una conciencia política en un voto razonado, sino que lo hizo por hartazgo, el resultado es una minoría que en bloque le quiere imponer a todo un país una ruta clasista, discriminatoria, autoritaria y racista, a través de la simulación. En ese tono, declaran irresponsablemente que uno de los grandes derrotados en la elección fue el EZLN, cuando jamás ha participado en ese circo, lo acusan de intransigente y violento cuando hace más de dos décadas bajaron las armas, lo acusan de ser un instrumento del salinismo para desestabilizar al país, cuando durante ese periodo se levantaron en armas.

De tal manera que han generado un clima de violencia y polarización que no habíamos visto desde 1994. Esa supuesta “derrota” es una fantasía de quienes siguen sin poder mediatizar y manipular a los zapatistas, y mucho menos doblegar a las comunidades indígenas. Tan solo es un grupúsculo de expriistas y compinches de seudo izquierda que ambicionan el poder hegemónico, demagogos y traidores profesionales al servicio de patrones innombrables. Encima cuestionan ¿dónde estaban los zapatistas en todos estos años?, ¿porque aparecen ahora que “triunfamos”?, la respuesta es simple y se les viene diciendo todos estos años: trabajando, construyendo, resistiendo y defendiendo al país de sus enemigos internos y externos. La pregunta correcta debe de ser ¿dónde estaban esos izquierdistas de camiseta cuando vendían y traicionaban al país?, ¿porque hasta ahora dicen que lo van a “defender”? Lo cierto es que en poco más de un mes, desde la demagogia y la soberbia comienzan a imponer un proyecto de nación que simula el bienestar y la justicia con programas y presupuestos clientelares y asistencialistas y como muestra están los ridículos presupuestos para las universidades y la cultura.

“No entienden que no entienden”, dijeran los zapatistas, y no entienden que el enemigo no es la persona del presidente de la República ni las camisas guindas de su partido sino lo que están comenzando a representar: el capitalismo y la continuación de los proyectos neoliberales de muerte, que son el origen de la miseria y la injusticia en México. La lucha anticapitalista del EZLN y todo lo que ello conlleva, va mucho más allá, y por mucho, de una papeleta en una urna de la democracia burguesa o cualquier consulta a modo para legitimar la tormenta que apenas comienza. Los zapatistas no están solos.

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