Guillermo del Toro ha dado mucho de qué hablar últimamente con sus grandes apoyos a la cultura. Es un creador que no se olvida de su país y ha hecho tanto por este como por el cine, con la creación de películas que evocan la monstruosidad del ser humano y la belleza del ser inocente representado en los niños, un ejemplo de esto es su ópera prima: Cronos.

Más allá de la anécdota, esa película me significa mucho, puesto que en ella podemos identificar gran parte del universo mitológico y sus insectos, así como otras fantasías que son parte de los ejes temáticos que Del Toro ha desarrollado en sus películas posteriores. Cronos es el germen y, a mi parecer, de las mejores cintas de ese director.

Mientras ahora se vuelve común hablar de los alquimistas, la geometría, la numerología, la metafísica, etcétera, Del Toro en 1993 ya estaba trabajando esos conceptos dentro de su primera creación. Ahora estamos en 2019 y han pasado 26 años desde que esa película mexicana fue estrenada e impulsó a uno de los directores más importantes del mundo en la actualidad.

La historia inicia con un hombre español que al llegar a México, durante el periodo de la Conquista, se interesa por desarrollar un artefacto capaz de brindar vida eterna.

Al hablar de vida eterna, casi inmediatamente pensamos en el vampiro, lo notorio en ese filme es que por lo menos el arquetipo del vampiro se rompe para dar paso a una construcción más humana y cercana a nosotros.

Un hombre de edad avanzada, Jesús Gris, interpretado por Federico Luppi, es dueño de una tienda de antigüedades; un día recibe mercancía entre la que está la figura del arcángel, en la cual estaba escondido el artefacto de la vida eterna. Al encontrarlo, por accidente, este le transforma la vida y siente la necesidad de consumir sangre. Es importante mencionar que el motor de ese aparato es un insecto. “¿Quién dice que los insectos no son los animales favoritos de Dios?”, por lo menos de ese director, sí.

Continuando con los temas que ha desarrollado Guillermo en sus películas, aquí podemos identificar la figura de la inocencia a través de una niña, Aurora, la nieta de Jesús y quien es el único testigo de los procesos de transformación de su abuelo. Una niña muda que se vuelve su compañera y cuidadora, una cómplice de los deseos de sobrevivencia de su abuelo.

Más allá de hablar de la fantasía de la eternidad del hombre, habla sobre el miedo que el ser humano le tiene a la muerte, a la soledad, a la vejez, a la enfermedad, a la pérdida de la belleza. De esa forma, hace un pequeño recorrido por las formas de expresión y sensaciones humanas expresadas en los diversos periodos de pensamiento del hombre.

El inicio de esa película hace referencia a los años finales del renacimiento, esa época en la que se recuperó la idea de la belleza del hombre, el hombre como el centro del Universo, el hombre tocando la divinidad, el hombre como creador de su propio destino, pero recordemos que el renacimiento pasó para dar lugar a la sensación de terror al vacío que el barroco evocaba y suplía con frivolidad.

Otros movimientos transcurrieron y llegamos al romanticismo con su pasión, su sentimiento infinito y el personaje heroico capaz de lograr sus objetivos incluso después de la muerte.

Pero en Cronos, los comportamientos de esos periodos los podemos ver durante la década de 1990 con las particularidades de un siglo que estaba en sus años finales, que en sus procesos de transformación tenía la mirada puesta en un futuro que pretendía desafiar el tiempo; han pasado 26 años y la batalla entre el bien y el mal continúa, la batalla entre el tiempo y el cuerpo sigue manifestándose. Por esa razón transcurre el tiempo y la historia de Cronos sigue siendo vigente.

Guillermo del Toro

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