No es tiempo de guardar el nombre propio,

hay que parir, incluso, heterónimos con la basura

y hacerlo al ritmo comatoso de los ajenos.

No hay tiempo de morir contentos

¿Qué va del palpitar las últimas consecuencias?

¿Qué puede alegrarnos todavía?

¡Que se escuche vida!

¡Queremos vida!

No hay tiempo.

***

Mira al Sol en su paseo, inescrutable,

revelarse purpúreo

con los pies rojizos

sobre mi cielo escondido

que lo adormece,

curva morada que inhabito

en sueños de otro cuerpo,

cuerpo sin linaje, abandonado.

Hoy mi abuelo cumple años,

como cada día,

pero yo debo trabajar.

***

Somos el aullido de una ciudad

empobrecida, fénix comatosa

que despierta entre los rudimentos

de un rugido que se cerró en bostezo.

***

No tengo cabeza,

me quedan

dos, tres maneras de decirte,

nada más,

lo docto, la ignorancia,

lo mismo, lo otro, lo dispar,

perseverancia sobre el lodo,

mancha de nuestra gloriosa

selva de cristal.

Tres, cuatro cosas para recordarte

en tu cuarto,

mirando al techo pensando

lo rápido que cruzan el desierto

las manecillas de tus pies.

El espeso rastro del anhelo

que nos impide respirar,

tenis del furioso centinela,

trenes sobre un riel de hojas secas.

Te recibirá 

el quinqué del guardagujas,

ardiente,

los brazos: libros,

las manos: guerras,

y el abrazo: enigma

en la forma de tu gente

te llamará para ser gigante

con él y los demás vencidos.

Allá serás por siempre perdonado,

en la fosa de todos mis errores,

recordado por tu inocencia,

mexicano

clavel de parque,

cautiverio, error,

ilusión madre de la voluntad

de tus jardineros.

Sembraré mis crisantemos

en tu mausoleo de latón,

fondo de remanso negro

tragahuesos,

donde nadan los ensueños,

donde hierven los “hubieras”

desparpajados.

Ausencia, levadura de la sospecha

sobre las banquetas inflamadas,

antiguas, pueblos mágicos del olvi(dado),

levantan la ciudad de la consolación

y el brazo dormido

eterno pernoctante

hacia el cielo.

***

Perdónanos a todos

hijo mío.

Busca un surco

semilla,

y antes de no volver jamás,

mira tu mano

para saber

si tiembla.

Botánica de una tarde

Su caída circunda tu fotografía,

se abre la luz entre la tarde

en un leve tono pastel

que camina orbitalmente

intenso rosa diurno

de la paciencia matinal

sobre mis ojos.

Su caída se hace brisa,

la dureza domiciliar

rompe el remanso de tu imagen,

quiero escribir el brote

repentino de tu sonrisa.

Su caída; el adiós besa la lluvia,

el purpúreo corazón de un lápiz

contra el arrastre de otra tarde

por las costas de tu reflejo

es soldado herido, crepitante.

Su caída y te recuerdo.

Volver a vernos

será en los trazos

de un pretérito perfecto

los vastos ruegos del poema.

Las preces de mi mano, vacía,

la tuya, viento en el bolsillo,

su caída hacia el oriente.

De tornasol espejo cubre la mirada

el horizonte de tu sombra,

quiero comer el fucsia de las seis,

beber la hiedra buganvilia,

domar los ganchos del boniato,

trepar, crecer y alimentarme,

al fin,

hacer un solo ecosistema.

Entonces, no habrá caída,

sino el nimbo lúpulo,

aura rojiza

de nuestras manos.

Metafísica de lo efímero
(fragmento)

1/Quedo yo, contra el rosáceo recuerdo

del último sueño en que hablé contigo

y en los huecos de tus palabras, definitivamente mías,

me ahogué al verte sin el aroma de hace un mes,

sin tus poemas que por enero recitabas de memoria,

tus dedos sin la fuerza que adormecía mi cuello

reposado sobre la clavícula más suave y amorosa,

sin los consejos,

ni las historias de otra vida.

Me ahogué al ver la sombra artificial,

yo contra un fantasma de pseudomujer que llamo con tu nombre,

yo contra un resquicio de hombre que no sabe rehacer

ni detener tu cuerpo devorado por la noche,

yo contra un remedo de la hoguera

que fue nuestro destino mientras se incendiaba

tocando el cielo con sus navecillas rojas

que nos disfrazaron de villanos,

yo contra mi afán de repararte cada una de las tardes

bajo la luz de esa sonrisa que hace la resolana en el insomnio,

las coordenadas de tu tatuaje, la forma de los dedos de tus pies,

el color de tu labial que no distingo,

el orden del concierto de Silvio que nos pagamos

y las palabras que usaste para decirme que sí, por siempre.

2/Quizá el sueño 

sea la maldición de inventarse a medias

una sombra incontrolable del deseo

allí donde tu contorno me recorre una vez más,

y otra más, y más, cada tarde más

y cada esfuerzo empeñado por recobrar el gesto,

tanta locura transcurrida que ya es mi paisaje natural,

y aún con todo no ando a prisa ni más pronto,

sino a gatas, fijamente al horizonte inalcanzable 

de aquello que ya no habrá de ser.

Las sombras, sombras largas sombras del deseo.

¡Ven a mí pedazo de premura!

¡Ven al borde de mi cama inabarcable! 

¡Ven a mí, vapor de carne!

¡Ven a mí con tu mordida

y hazte de mi piel hasta que despierte entera!

Vigésimo séptimo, 27

(fragmento)

Coma de mí la tierra,

sea símbolo,

sea montaña,

sea grieta,

puente.

Que suba el desgarrado

hambriento de senderos

sobre mí, soy caña.

Soy la dulce apoteosis

del ensueño

con la muerte.

Te miro a través de un estado de Whatsapp

(fragmento)

¿Habré llevado mi deseo

hasta tus mejillas?

Sobre tu líquido vestido

con mis dedos por encima de la brisa

de un lenguaje occipital,

terrible frontispicio de signos,

mural informe de pictogramas,

retraso al cautiverio.

Amarte es escribir sobre rodillas.

Arístides Luis

Es filósofo y poeta, estudiante de la especialidad en ciencias de la complejidad, con enfoque en ciencias sociales y humanidades, seminarista de economía y complejidad por la UNAM, diplomatura en creación literaria por el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) e historia del arte por la Universidad del Claustro de Sor Juana.

Entre sus publicaciones se encuentran en “El septentrión de Baja California”, la revista Comité 1973, página Salmón, revista Artículo 39, revista Reflexiones Marginales (UNAM), revista Ruta, Arte y Cultura (RAC) de la Universidad de la Comunicación, entre otras. Con el artículo “¡Salvemos la filosofía!” participó en el archivo de Filosofía Pop (Bri)Collage de intensidades del Colectivo Post-Filia. Es director y fundador del Colectivo Dubius de poesía, relato y filosofía, así como editor y autor en la revista digital homónima.

Director del mal: Jorge A. Romero 

Colaboradores viciosos: Mayte Romo, Luis Frías, Ilallalí Hernández, Alma Santillán, Enid Carrillo, Erasmo Valdés, Óscar Baños, Rafael Tiburcio, Tania Magallanes, Daniel Fragoso, Julia Castillo, Isabel Fraga, Antonio Madrid, Víctor Valera,
Sonia Rueda, y otros que, si bien no están, podrían
caer en el vicio algún día.

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