La semana pasada te contaba del Jefe Seattle, un indígena americano, al cual se le atribuye una de las más bellas reflexiones acerca de la naturaleza. A continuación, te cuento más de él y porque lo relaciono con Pocahontas.

Sigamos hablando de la carta del Jefe Seattle: presuntamente la carta es la transcripción de un discurso del Jefe Seattle, como se le conoce hoy en día; dicho discurso fue pronunciado a su pueblo, en su lengua natal, el lushootseed meridional, en enero de 1854; muchos historiadores suponen que dicha transcripción es incorrecta y puede estar tergiversada, derivado del pobre conocimiento, por parte de la prensa angloparlante local, de dicho idioma.

En la carta, el Jefe Seattle refiere que “considerará la oferta” del presidente de Estados Unidos de comprarle sus tierras a las tribus suquamish y duwamis que él dirigía, aunque explica que no se puede vender algo tan sagrado, finalmente tuvo que aceptar el ofrecimiento para salvar a su pueblo de una matanza y segregación, que, a fin de cuentas, sí ocurrió. Se han hecho nuevas traducciones y versiones del documento, pero, aunque las palabras no hayan sido traducidas literalmente, las ideas son significativas y sorprendentemente similares a las de la canción. Aquí a continuación, unas cuantas líneas del documento, que encontrarás también en Internet.

“… ¿Cómo se puede comprar o vender el cielo o el calor de la tierra? Es para nosotros una idea extraña. Si nadie puede poseer la frescura del viento ni el fulgor del agua, ¿cómo es posible que usted se proponga comprarlos? Cada pedazo de esta tierra es sagrado para mi pueblo, cada rama brillante de un pino, cada puñado de arena de las playas… Son sagrados para mi pueblo.”

La carta es mucho más extensa, cuestiona entre otras cosas el sacrificio de los búfalos por placer o la preferencia de una máquina como el ferrocarril por encima de los animales, nuevamente se refleja ese sentido de pertenencia e identidad con la naturaleza: “… Lo que ocurra a la tierra recaerá sobre los hijos de la tierra, el hombre no tejió el tejido de la vida, él es simplemente uno de sus hilos. Todo lo que hiciese al tejido, lo hará a si mismo…”. Lo más impactante es el final: “La vida ha terminado, ahora empieza la supervivencia”.

La idea ya fue expresada hace más de 150 años, en la cabeza de muchos adultos está presente (¿o solo en la mía?). La versión para niños de dicha idea, sería una canción que existe desde hace 25 años y aún en día se escucha; es precisamente “Colores en el viento”, no creo ser el único que la conoce y ha identificado la relación entre ambos textos, ¿o sí?

Luego entonces: ¿por qué aún no se profesa cual si fuera religión? ¿Por qué dejó de ser una doctrina, en qué momento de la historia se perdió? Y lo más importante: ¿por qué no la retomamos, la volvemos una ley de vida y un principio fundamental? ¿Qué hace falta para que lo logremos?

Si alguien lo sabe, por favor que me lo explique y así podamos aplicar la estrategia correcta para nuestra supervivencia.

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