Alfonso Atitlán Gil / Investigador de la UAEH

Introducción

Aprovechando los momentos de cambio por los que atraviesa nuestro país, quiero compartirles una reflexión sobre lo que podemos hacer para hacer mejor lo que nos apasiona y para aprovechar de una manera más eficaz nuestros recursos intelectuales. La región de América Latina requiere repensar sus políticas orientadas a la innovación tecnológica. Hoy más que nunca vuelven a destacar oportunidades de mejora en cuanto a elevar la eficiencia de los recursos empleados y lograr una productividad diversificada en el campo en el que nos desempeñemos; desde la universidad le toca diversificar en la aplicación de la ciencia para lograr conocimiento útil y de aplicación inmediata que permita entender y solucionar los problemas de nuestra sociedad. Eso nos tiene que llevar, necesariamente, a aprovechar mejor los recursos y que eso se devuelva en regalías para aquellos que pongan su mejor empeño en alcanzar nuevas formas de entender y atender lo que está demandando el entorno.

Nuestro estado, nuestro México, al igual que muchos países de Latinoamérica y el Caribe cuentan con poca capacidad innovativa; eso se ve en la baja productividad en materia de derechos de propiedad intelectual en comparación con Asia, Europa y Norteamérica. Sin embargo, es posible modificar esta realidad.

El papel del conocimiento en la solución de problemas

La Corporación Andina de Fomento (CAF), un banco multilateral de desarrollo CAF-banco de desarrollo de América Latina, tiene como misión impulsar el desarrollo sostenible y la integración regional en América Latina, y lo hace mediante el financiamiento de proyectos de los sectores público y privado, la provisión de cooperación técnica y otros servicios especializados.

La CAF, después de un análisis de la información disponible, ha determinado que actualmente las capacidades para innovar están asociadas a las habilidades para explotar las nuevas tecnologías, permitiendo un terreno fértil para promover la “innovación sin investigación”, es decir, sin la necesidad de una educación de tercer y cuarto nivel (maestrías y doctorados) y sin necesidad de esperar por resultados de investigación en laboratorios. Eso ha generado cambios de paradigmas en cuanto a los modelos de desarrollo basados en la inversión en investigación y desarrollo, educación y capacitación, con un fuerte apoyo del sector público. Ese nuevo modelo de generación de conceptos de innovación integra más las capacidades y aptitudes creativas (la genialidad) que la acumulación de conocimiento e investigación. Asimismo, es posible manejar de forma apropiada los diversos mecanismos disponibles para proteger la invención, promover su comercialización y fortalecer la posición competitiva de las empresas involucradas en el proceso.

Si bien, ese modelo que la CAF propone para la región ha generado resultados en países industrializados por décadas, es probable que pudieran pasar varios años para observar cambios estructurales (y culturales) en la economía que hoy tenemos si se quisiera arrancar en nuestro estado, en nuestro México. Corea del Sur, que no era un país industrializado, tardó 35 años para tener una economía exportadora de productos de alta tecnología, y el proceso que siguió pasó desde la importación de tecnologías, ingeniería inversa, innovación imitativa, licencias tecnológicas y acuerdos de transferencia de saberes técnicos, hasta lograr el propio conocimiento útil y de aplicación inmediata.

La economía de la salud y el desarrollo de patentes

La economía de la salud es la rama de la economía cuyo objeto de estudio es el consumo y cuidado de la salud (como bien económico), a través de las técnicas, conceptos y herramientas propios de la economía. Esa disciplina investiga, entre otros, la eficacia, efectividad, valor y comportamiento de los tratamientos y políticas de salud. El objeto de estudio de esa rama de la economía es el uso óptimo de los recursos para la atención de la enfermedad y la promoción de la salud. Su tarea consiste en estimar la eficiencia de organización de los servicios de salud y sugerir formas de mejorar esa organización.

Esa es una área de oportunidad en nuestro país, en nuestro estado y, por lo tanto, en nuestros centros de educación superior. Ese debe ser el gran pretexto para buscar que la innovación tecnológica patentable impulse el crecimiento económico, así lo ha determinado la investigación que ha buscado cuantificar la dirección y magnitud del impacto de dicha innovación en el crecimiento del producto interno bruto durante las últimas décadas.

Sin embargo, poco se ha abordado el tema sobre las formas para incidir directamente en el proceso de desarrollo tecnológico, comenzando con la aceleración en la generación de patentes y la forma en que impacta el crecimiento económico, es decir, cuáles son las conexiones entre la innovación y otros objetivos del desarrollo, como lo son, la educación, infraestructura física, el rol del sector privado, el conocimiento básico en ciencias de la salud, las líneas de generación y aplicación del conocimiento dentro de disciplinas como la nutrición, la medicina, la odontología y otras.

¿Cómo aprovechar las oportunidades de estos tiempos en el Instituto de Ciencias de la Salud de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo?

En ese sentido, con el propósito de acelerar el desarrollo tecnológico de la región de América Latina, ha sido el interés de CAF diseñar y aplicar estrategias para que los países de la región transiten una ruta de producción acelerada de conceptos innovadores patentables, bajo la premisa de que es posible desde los países de la región, se conceptualicen y diseñen dispositivos innovadores que puedan ser patentables vía internacional, para luego viabilizar su aplicación a nivel comercial. Tarea por demás ardua y compleja en la que desde hace algunos años incursionó la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, teniendo como primera patente el desarrollo tecnológico de los procesos para la obtención de un polvo a base de frambuesa que ayuda a mitigar el síndrome de abstinencia por dejar de fumar, misma que se gestionó por investigadores del Instituto de Ciencias de la Salud y del Instituto de Ciencias Básicas e Ingenierías.

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