¿A quién pertenecen las calles de Pachuca? Esta quizá es una pregunta sobrada porque sabemos que las calles, como espacio público, nos pertenecen a todas y todos, sin embargo, mi experiencia como peatona no empata con tal afirmación. En días de asueto tuve oportunidad de transitar por las calles de mi ciudad, ningún horario o actividad laboral me apresuró, solo prevaleció el gusto de caminar sin prisa. Tal experiencia me permitió corroborar que las calles no son para los y las adultas mayores, menos para personas con discapacidad, ya sea por lo ancho de las banquetas, por los desniveles o por la invasión, las calles son espacios de exclusión.

Haciendo un paralelismo al lema zapatista de la tierra es para quien la trabaja, las calles de Pachuca son de quienes las ocupan, entonces los ocupantes infaltables son los vehículos automotores, que en movimiento o estacionados tienen asignada la mayor cantidad de espacio y sus propósitos son múltiples: carga, pasaje público o transporte familiar. Son los automóviles por su número y tamaño los que habitan nuestras calles.

Otros ocupantes hacen de la calle su escaparate para vender productos de todas las naturalezas y propósitos: alimentos, artículos de un solo uso, un momento de entretenimiento, etcétera; estos ocupantes convierten sus cuerpos en escaparates para exhibir sus productos. Los otros ocupantes son los transeúntes, cuyos motivos y destinos los conforman como usuarios temporales y en tránsito.

¿Quién ostenta el dominio de las calles de Pachuca? Desde mi punto de vista son los automovilistas, quienes con sus vehículos pueblan las calles durante jornadas completas y han hecho de la vía pública su estacionamiento; otros ocupantes de las calles se esfuerzan cada día por vender sus productos haciendo de la vía pública su lugar de trabajo. En consecuencia, considerando tiempo y propósito de ocupación, las calles pertenecen a los propietarios de automóviles y comerciantes ambulantes; con esa lógica, los primeros cuestionan la colocación de parquímetros que obliga al pago por derecho de estacionamiento, mientras los segundos se manifiestan cerrando vías principales de la ciudad en reclamo de su derecho a la calle como espacio laboral.

El pacto social para ser gobernados impone que cualquier ocupante del espacio público para fines personales, como estacionar su auto, debe pagar por ello; lo que perdemos de vista es el propósito del impuesto recabado por concepto de parquímetros, vigente desde 2015 con el decreto número 24 publicado en el Periódico Oficial (PO 09/03/2015) sobre el control de estacionamiento en las vías públicas con la promesa de mejoras en el ordenamiento de espacios, fomento de vías de transporte público menos contaminante, incremento en la seguridad vial para peatones, entre otras. En mi reciente experiencia peatonal no vi diferencias importantes en beneficio de los peatones, aunque se han ganado espacios para caminar o para el tránsito de bicicletas, las calles siguen siendo propiedad de los automóviles y de quienes en franca disputa han hecho del espacio público su feudo.

Quizá algún día se entenderá que la posibilidad de disminuir el volumen vehicular, la emisión de contaminantes y la mejora de la imagen urbana, está directamente asociada a la existencia de transporte público barato y eficiente, eso es posible con subsidio público derivado de los impuestos que pagamos por parquímetros, combustibles, etcétera.

Cuando eso ocurra será posible afirmar que las calles de Pachuca son de todas y todos para conformarse como un espacio de inclusión social. Por lo pronto, adultos mayores y personas con discapacidades están seguros de que las calles pachuqueñas los excluyen porque no son propietarios.

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