Según estadísticas dadas a conocer por el Coneval, en 10 años (de 2008 a 2018) la pobreza en Hidalgo se redujo 9.

2 por ciento, es decir, pasamos, según estas cifras, de un millón 443 mil 600 personas en situación de pobreza en 2008 a un millón 311 mil 100 al cierre de 2018, es decir, 132 mil 522 menos (pero ojo, estamos hablando aún de un millón 311 mil personas en pobreza: muchas, muchos hidalguenses sin servicios básicos, sin derecho a la salud y a la educación y, peor aún, con hambre).

Si damos por válidas dichas cifras deberíamos estar, consecuentemente, aunque sea un poco optimistas, pero el desencanto nos llega rápido: por un lado, la percepción que tenemos los hidalguenses sobre el grado de pobreza y marginación y de la situación diaria, difícil, que se vive en la mayoría de las familias. Por otro, tenemos dos razones de peso, más objetivas que la simple percepción, en sí misma carente de cientificidad: 1. El virtual despido del doctor Gonzalo Hernández Licona, secretario ejecutivo del Coneval, organismo encargado de evaluar las políticas públicas y sus resultados en el bienestar de la población, esto casi inmediatamente después de que el valiente funcionario tuviera la osadía de hacer críticas al trato recibido del gobierno federal. Esto ocurrió apenas unas semanas antes de que se dieran a conocer las cifras sobre la pobreza en México; y como en la actual administración, siempre se salen por peteneras con aquello de que ellos tienen “otros datos”. ¿Quién puede asegurarnos que no están manipulados para beneficiar a ciertos gobiernos estatales “aliados” de la 4T? Este hecho en sí ya mete dudas sobre la confiabilidad de los datos. Y 2. El doctor Julio Boltvinik, investigador del Colegio de México, entrevistado por la periodista Francis Martínez, de AC Noticias, señala que las cifras hoy proporcionadas no se pueden tomar como verídicas e irrefutables, pues, dice, se cambió el método de evaluación. Menciona que las cifras hasta 2014 eran confiables, pero que las de 2016 y 2018 son inventadas; agregó que el nuevo presidente del Inegi Julio Alfonso Santaella quiso mostrar que durante el sexenio del presidente Peña Nieto las cosas habían ido muy bien y cambió la forma de captar la información para subir los ingresos de los muy pobres y, entonces, resulta que de 2008 a 2014 la pobreza aumenta muchísimo en el país: pasa de 49 a 56 millones de mexicanos, según el Coneval (con datos suministrados por el Inegi); de 2014 a 2016 baja a 53 millones, y de 2016 a 2018, a 52 millones, con lo cual, al final de cuentas, logra disminuir varios puntos porcentuales.

Asimismo, señaló que las cifras no revelan la verdadera situación de pobreza en el país, ya que para el Coneval, A. No es pobre quien tiene techo de lámina en su vivienda; B. No es carente del servicio de agua potable entubada, si esta se encuentra cerca de su casa; aunque no la tenga en su vivienda, se considera que cuenta con dicho servicio; C. Que una persona adulta que haya terminado la primaria se considera dentro de las que no tienen rezago educativo; D. Igualmente se contabilizan como no carentes de servicios de salud a todas los mexicanos que contaron con el Seguro popular, aunque este solamente les haya proporcionado lo elemental para atender su salud; E. Además, se consideran en las cuentas nacionales, aunque nunca se encuesten, los ingresos de las familias más ricas del país, y obviamente así sube el promedio del ingreso per cápita.

El investigador asegura que a pesar de las cuentas alegres dadas a conocer y de las trampas para obtener dichas cifras, la pobreza en México, desde 1992 no ha disminuido, y que la política económica y social ha fracasado.

En el caso de Hidalgo, quizás el señor gobernador nos debería explicar si realmente disminuyó la pobreza, si se generaron todos esos empleos de los que habla: ¿por qué se siguen yendo tantos paisanos a otros estados como Nuevo León y Ciudad de México a buscar precisamente un empleo, el sustento para la familia, al no encontrarlo en Hidalgo? ¿Por qué en los días que corren, miles de familias se encuentran desamparadas, sin el cabeza de familia porque este se aventuró a los Estados Unidos? Pero, además, a diario percibimos que la pobreza campea en todas las ciudades, en todos los municipios del estado; quienes trabajamos y convivimos diariamente con miles de hidalguenses en las distintas regiones la vemos, la palpamos y la sufrimos. Y con las actuales políticas aplicadas por la mancuerna compuesta por el gobierno de López Obrador y de Omar Fayad, apuesto, doble contra sencillo, que en el presente año la situación se va a complicar, como ya está sucediendo para la inmensa mayoría de los hidalguenses, ya que su insensibilidad e incapacidad para gobernar está llevando a una situación desesperante a muchas familias.

Las cosas se agravan, la pobreza aumenta con el retiro de los apoyos que percibían los más necesitados: les quitaron Prospera, les cerraron las estancias infantiles y los comedores comunitarios, los están dejando sin Seguro popular, que ciertamente era una asistencia médica de segunda, pero que algo ayudaba a las familias; esto por parte del gobierno federal. En lo que hace al gobierno del estado, las cosas están igual, o peor, pues a esas agresiones a la economía familiar, se agregan las realizadas por el gobierno de Omar Fayad, quien también, por su capricho, desapareció el programa alimentario, el apoyo a las familias indígenas de la Sierra y Huasteca, fundamentalmente, con maíz para consumo humano, los apoyos para los albergues estudiantiles donde cientos de jóvenes acuden para poder cursar sus estudios, etcétera.

Además, igual que López Obrador, niega la solución de peticiones de obras y servicios básicos. Y si, como dice el gobernador, la pobreza disminuyó, ¿cómo explica que la delincuencia en la entidad haya aumentado?

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