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Débil en el fondo, confuso en la forma

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Se debe evitar profundizar una visión equivocada, porque es evidente que la iniciativa del Congreso local, que atenta contra la autonomía, fue un documento mal preparado y redactado sin suficiente estudio y sin una efectiva deliberación.
Débil en el fondo y confuso en la forma, no se entiende por qué se optó por este camino que no contribuye al fortalecimiento de la educación superior, que se aparta de las tradiciones de la autonomía y que revela gran desconfianza en las instituciones, que busca limitar de diversas maneras.
Por lo que es necesario que la universidad, en su inconmensurable aporte público, manifieste con fuerza y claridad su posición frente a un proyecto que atenta contra un principio esencial. En ese contexto, el rector Adolfo Pontigo Loyola y el presidente del Patronato Universitario Gerardo Sosa Castelán han ejercido un liderazgo valiente y constructivo en la defensa de la autonomía, contribuyendo a fortalecer la esencia de lo que debiera ser la universidad.
Y al contrario, quienes atentan contra la esencia de la universidad, que niegan su autonomía y cuestionan su reputación institucional, incurren en una contradicción, pues en realidad tienen una vocación de pensamiento único o hegemónico, al rechazar valores esenciales de nuestra República, como la libertad de asociación y la libertad de enseñanza.
Y más que dudar de las instituciones de educación superior, lo que debe regularse y evitarse son “las puertas giratorias”, o la corrupción de ida y vuelta, que se refiere al ir y venir de personas entre cargos legislativos o regulatorios y empresas o entes públicos con y sin fines de lucro, y que quizá nos recuerda un poema de Borges: “Del otro lado de la puerta un hombre deja caer su corrupción. En vano elevará esta noche una plegaria a su curioso dios, que es tres, dos, uno, y se dirá que es inmortal”.
En efecto, la corrupción no da perpetuidad, si bien al funcionario de “la puerta giratoria” permite obtener ventajas privadas por el hecho de haber ostentado un cargo público, que no es distinto de recibir una mordida. Los efectos nocivos de la “puerta giratoria” no solo se notan en la confianza pública, también generan conflictos de interés, del tránsito de ida y vuelta entre el sector público, que conlleva el riesgo de captura y de distorsiones económicas, como el que se tiene con el desvío de fondos por algún funcionario que abusa de instituciones públicas respetables, como son los funcionarios de “puerta giratoria” de las tres instituciones de educación superior de la Universidad Politécnica de Francisco I Madero (UPFIM), la Politécnica de Huejutla (UPH) y la Tecnológica de Tulancingo (Utec), que resultaron involucradas en presuntos casos de desvíos de recursos y que prueban, sin lugar a dudas, lo nefasto de incluir funcionarios que son “puertas giratorias” que paralizan en lugar de incentivar el camino al futuro, al que las universidades contribuyen para el desarrollo económico social y a la cultura de las naciones.

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