Está de sobra decir la importancia de realizar los Atlas de Riesgos, que dada sus implicaciones en la preservación sobre la vida, riesgos en la salud y con el medio ambiente, no debe postergarse. Y como fue informado oportunamente en Libre por convicción Independiente de Hidalgo, la Secretaría de Gobernación dio a conocer “la guía de contenido mínimo para la elaboración del Atlas Nacional de Riesgos, como un Sistema Integral de Información que permita establecer bases de datos y realizar análisis de peligro, vulnerabilidad y riesgo ante desastres. Con base en el documento publicado en el Diario Oficial de la Federación (DOF) los Atlas de Riesgos deberán contar con mapas de peligro, susceptibilidad para el caso de inestabilidad de laderas, inventarios de bienes expuestos, vulnerabilidades, así como mapas y escenarios de riesgos con criterios homogéneos que permitirán simular escenarios de desastres, emitir recomendaciones para la toma oportuna de decisiones y establecer medidas eficaces de prevención y mitigación”.
Pero surgen algunas interrogantes como: ¿acaso con esos criterios mínimos se pretende resolver los problemas de fondo en materia de riesgos?, además ¿qué se espera realmente de ellos, que sean solo decisiones tomadas o instrumentos en plena ejecución? Tras lo cual se esperaría de los responsables lo segundo, el dar un informe creíble al país sobre los riesgos y la ejecución para erradicarlos. Asimismo, en lo referente al documento publicado en el DOF sobre fenómenos químicos tecnológicos, en incendios y explosiones parecería que se requiere atención especial, como lo muestran las recientes explosiones con el saldo nefasto en decesos, y cabe recordar que los riesgos no dependen de las divisiones políticas, o de si se tienen más de 15 mil habitantes en un centro de población u otros riesgos internos relacionados con la peligrosidad, o si están dentro del listado de municipios dentro de la Cruzada contra el hambre.
En nuestro estado solo se consideran cinco de los 84 municipios como zonas de riesgo, aunque la forma en que son clasificados es muy relativa y los recursos para generar un plano de riesgos es muy limitado, y pareciera que se diluye en gastos burocráticos y se debería ser muy claro que las instituciones de educación superior con recursos humanos especializados en áreas de riesgo, que tienen la infraestructura para esos análisis, son el canal más adecuado para realizarlos, en conjunción con organismos federales especializados. En efecto, el aspecto técnico es de enorme importancia y el desarrollo de un Atlas de Riesgos es fundamental y conlleva un tiempo razonable con una inversión económica importante; y quizá lo deseable es que en este tema tan delicado se retirara todo voluntarismo, porque en casos tan importantes para la ciudadanía hidalguense como los hundimientos, los riesgos antropogénicos, quizá, con el atlas se detectará eso, pero, ¿se prevén posibilidades reales que permitirían detener las anomalías de trasladar problemas?

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Doctor en ciencias de los materiales, ingeniero minero metalúrgico por la UAEH y maestro en ciencias en geología minera por el Instituto Politécnico Nacional. Profesor investigador de la Autónoma de Hidalgo y miembro del Sistema Nacional de Investigadores. Colabora en Libre por convicción Independiente de Hidalgo desde 2009.