Ante los embates ocurridos a la máxima casa de estudios de la entidad, la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH), en los últimos meses, semanas y días, no queda más que cerrar filas y dejar demostrado que por ningún motivo se puede violar la autonomía, el hecho de encontrarse vulnerable la universidad ante la ausencia de su líder moral y de lucha no es razón para que se crea es más ni siquiera se piense que cualquier organización ajena a los universitarios puede encontrar cabida dentro de la institución.

Dice la conseja popular que: “A río revuelto ganancia de pescadores”, justo cuando pasa por momentos aciagos la universidad es el momento de solidaridad y entrega total para refrendar el compromiso con esta máxima casa de estudios y que ¡jamás! se convierta en un aliado y baluarte del Estado, corporación privada, partido político o grupo que busque restringir la independencia académica de la universidad buscando sus propios intereses más no los universitarios.

La lucha por la autonomía me remite a la biografía del nieto del gran Justo Sierra. Un hombre dedicado a la educación universitaria y luchador infatigable por la búsqueda de esa.

Conozcamos pues la obra de Javier Barros Sierra. José Castro Estrada, presidente de la junta de gobierno, al darle posesión en 1966, sabía de qué estaba hecho el nuevo rector:
“El linaje universitario de Javier Barros Sierra –dijo– es garantía de éxito y supervivencia frente a quien quiera prolongar situaciones ilícitas o repetir agresiones incalificables, que tan seriamente ponen en peligro la autonomía de la universidad”.

En la tradicional y última inauguración de cursos de la UNAM por un presidente de México, Barros Sierra dijo ante Gustavo Díaz Ordaz: “El diálogo es el único camino; la razón y no la violencia, la discusión y no la injuria”. Ese día también dejó dicho lo que luego sería un recuerdo del porvenir: “La juventud actual detesta, con toda razón, la mentira, la simulación y la hipocresía y la retórica vacua, en suma, el fariseísmo”.

Universitario cabal, Barros Sierra, ingeniero, lector de Borges, tenía claro su papel. “Un rector –le dijo a Héctor Manuel Ezeta, su jefe de prensa–antes que nada, debe estar ocupándose de las cosas de los universitarios, estar muy cerca de ellos y entender que las manifestaciones que se dan en la universidad son como el espíritu de México”.

En 1968, entre su dicho y el hecho, no hubo trecho cuando se manifestó la juventud estudiantil de México, cuando fue reprimida en la calle y en sus casas de estudio, cuando la autonomía universitaria fue violada.

A fines de julio, ante la detención de estudiantes y ocupación de las prepas por el ejército, llamó a defender “las libertades de pensamiento, de reunión, de expresión y la más cara: ¡nuestra autonomía!”. Izó la bandera nacional a media asta frente a rectoría y dijo: “la educación requiere de libertad. La libertad requiere de educación”.

El 9 de septiembre, días antes que el ejército ocupara CU (Ciudad Universitaria), Barros Sierra advirtió que no solo estaba en peligro la autonomía, sino la UNAM como máximo centro donde “se educa a los jóvenes para el ejercicio de las libertades de pensamiento, de expresión y de reunión”.

El 23 de septiembre de 1968. Barros Sierra presentó su renuncia irrevocable y argumentó: “quienes no entienden el conflicto ni han logrado solucionarlo, decidieron a toda costa señalar supuestos culpables de lo qué pasa, y entre ellos me han escogido a mí”.

“La universidad –agregó– es todavía autónoma, al menos en la letras de su ley; pero su presupuesto se cubre en gran parte con el subsidio federal y se pueden ejercer sobre nosotros toda clase de presiones. Por ello es insostenible mi posición como rector, ante el enfrentamiento agresivo y abierto de un grupo gubernamental. En estas circunstancias ya no le puedo servir a la universidad, sino que resulto un obstáculo para ella”.

Directores y sindicatos de la UNAM pidieron a la junta de gobierno que no la aceptara, porque quebrantaría la estructura moral de la universidad. “Los universitarios tenemos sed de libertad y la defensa del rector es la defensa de nuestra autonomía, libertad y dignidad”. Sostuvo el exrector Mario de la Cueva.

Javier Barros Sierra accedió a continuar y dejó claro que la universidad ni sus autoridades pueden ser instrumentos de partidos, facciones o grupos y que la patria necesita de paz para fortalecer la democracia y la justicia. El 30 de septiembre el ejército desocupó CU. Días después ocurrió el 2 de octubre que no se olvida.

El domingo 15 de agosto de 1971 falleció Javier Barros Sierra. El lunes 16 se le rindió un homenaje de cuerpo presente en la Facultad de Ingeniería.

Antes de ser sepultado, en su oración fúnebre, Alberto Barajas dijo de Barros Sierra: “si algún día fuiste mi alumno en geometría analítica, fuiste mi maestro en lecciones universitarias”. En otro homenaje en septiembre, Juan Casillas García de León afirmó que, gracias a Barros Sierra, la universidad y su autonomía perdurarán como fuente de luz para el país. La autonomía debe conservarse y luchar porque prevalezca ante los embates de fuerzas externas que lejos de buscar el bien educativo solo buscan aprovecharse de la educación en un falso discurso de apoyo. ¿Tú lo crees?… Yo también.

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