Dejando Neverland (Leaving Neverland, por su título original en inglés) es un documental producido por HBO en el que seguimos de cerca los testimonios del bailarín Wade Robson y del actor James Safechuck, quienes denuncian haber sido abusados sexualmente por Michael Jackson durante su niñez, en un periodo que comprendió desde finales de la década de 1980 hasta la mitad de 1990.

La obra, dividida en dos partes, nos muestra poco a poco el modus operandi de Jackson para manipular a los entonces niños y a sus familias, así como la espiral en la que su rancho Neverland pasó de ser el paraíso idílico de todo niño y niña hacia la mansión de las perversiones más oscuras del otrora Rey del Pop. Así, la primera mitad nos muestra cómo Robson y Safechuck conocieron al cantante, el acercamiento que ese tuvo con las familias de ambos y la manera en la que Jackson gradualmente cometió abusos sexuales en contra de los entonces infantes.

La segunda mitad, por su parte, se desarrolla en el contexto de las demandas por abuso sexual infantil que enfrentó Jackson en 1993 y 2004, y exhibe la manera en la que el intérprete manipuló a Robson y Safechuck para declarar a su favor. Asimismo, vemos el desarrollo laboral de ambos y cómo la paternidad fue la puerta que permitió a Wade y James percatarse de todo el abuso que sufrieron durante casi una década.

Dejando Neverland es un documental desgarrador, sobre todo por lo gráfico de las declaraciones de los denunciantes respecto a la manera en que Jackson abusó de ellos, tanto sexual como emocionalmente. No obstante, existen ciertos puntos que la obra fílmica deja al aire y que vale la pena discutir.

El primero de ellos tiene que ver con la misma producción del documental. Es bien sabido que HBO es una cadena televisiva que se esmera en hacer materiales de gran calidad; sin embargo, en Dejando Neverland el tema se imita a los testimonios de Robson y Safechuck sin aportar más evidencias sobre los supuestos crímenes cometidos por Jackson; por ejemplo, las declaraciones de las mucamas y demás equipo del cantante que, según comentan los denunciantes, fueron testigos del abuso cometido contra ellos. Asimismo, el hecho de haber declarado a favor de Jackson durante los juicios de 1993 y 2004 deja una ventana para los escépticos, muy a pesar de que se nota que James y Wade continúan tratando de asimilar todo el daño que les causaron.

Un segundo punto tiene que ver con los padres de los denunciantes. Si bien el documental los muestra también como víctimas de la manipulación de Michael Jackson, eso no evita que como espectadores nos cuestionemos quién se atreve a dejar que su hijo o hija duerma con un perfecto desconocido, tenga llamadas telefónicas de más de siete horas con él, pase días enteros en su compañía sin supervisión alguna y, además, no detecte ningún tipo de comportamiento anormal. Sí, el documental cuestiona la imagen de Jackson al grado de sentir asco y repudio por él, pero al mismo tiempo nos provoca sentir coraje ante la reacción tardía de la familia de Robson y Safechuck.

Finalmente, el último punto a discutir gira hacia la siguiente pregunta: ¿y ahora qué? Es decir, ¿qué medidas se pueden tomar ante un supuesto depredador sexual que está muerto? Y mencionamos “supuesto” porque hasta el momento no se ha demostrado que fuese culpable.

La respuesta parece virar hacia la sanción social: aunque nadie niega que Michael Jackson sea un ícono cultural, ello no quiere decir que su legado no pueda ser olvidado. Fox, Starbucks y las empresas de radio en Nueva Zelanda son las primeras en tomar acciones al quitar su música o contenido relacionado a él en sus programas televisivos, cafeterías o estaciones; sin embargo, ese castigo parece defender más los intereses económicos de cada uno de esos emporios que buscar un bien común.

Además, el hecho de quitar la música de Michael Jackson de un café no elimina los años de abuso sexual y mental que Robson, Safechuck, y otros niños como Jordán Chandler y Gavin Arvizo sufrieron por parte del cantante. Así, aunque esas medidas son un primer paso para continuar exhibiendo a Jackson como un monstruo, da la impresión de que como castigo no son suficientes.

Dejando Neverland es un buen documental que ningún aficionado o aficionada al género o interesado en el tema debe perderse. Es un relato desgarrador que cumple con su misión de exhibir a un personaje otrora respetable, Michael Jackson, como un ser extraño, oscuro, perverso y manipulador. Asimismo, aborda las secuelas que viven las personas que sufrieron abuso sexual infantil y las diferentes luchas con las que deben lidiar constantemente. Es una obra que deja un hueco en el estómago, sí, pero que nos incita a reflexionar profundamente.

@Lucasvselmundo
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