El fenómeno del charco inició en México e Hidalgo desde el siglo pasado, consistía en sobrecargar a las pipas de Pemex de cualquier combustible, ya sea con gasolina, diésel o gas; el chofer de la unidad llevaba la carga adicional en el depósito a un punto de distribución o de venta clandestina para descargar el excedente y recibía su pago. Los distribuidores que recibían los hidrocarburos los obtenían a bajos costos, se encargaban de venderlo también a bajos costos, pero no lo comercializaban a cualquier cliente, solo lo vendían a personas conocidas o recomendadas.

Esa venta ilícita (charco) fue muy rentable, al grado que el propio personal de Pemex fue perfeccionándolo e involucrando a más personal sindicalizado (portero checador, despachador) de confianza (contadores, administrativos, hasta el superintendente de la terminal de almacenamiento y reparto), así como a compradores, empresarios, transportistas, capitanes y tripulaciones de barcos, convirtiéndose en un delito sofisticado de cuello blanco donde los participantes estaban o están en todos los niveles.

Se han detectado por lo menos tres formas de sustraer ilegalmente el hidrocarburo dentro de Pemex (refinerías, terminales de al almacenamiento TAR y ductos): La primera mediante las pipas que contrataba Pemex para extraer los refinados; a través de la doble o triple facturación con facturas apócrifas, es decir, con la misma factura el chofer de la pipa llegaba a cargar hasta tres veces y solo se reportaba una carga, obviamente alterando el proceso contable. La modalidad era que la entrega final se daba directamente con la gasolinera.

La segunda es la venta a través de barcos que transportan los refinados de Pemex; mientras que la tercera surge de esas dos, conociéndose como sustracción ilegal de tomas clandestinas.

¿Por qué digo que surge de la primera y segunda? Bueno, la sustracción ilegal surge desde donde se produce el refinado, cada refinería tiene un volumen de crudo que tiene que procesar y de acuerdo con su capacidad debe cuadrar con lo que se envía a las terminales de almacenamiento y reparto (TAR) y las gasolineras, vía carros bomba o por ductos. Pero como siempre fue mucho mayor la salida de hidrocarburo, obligadamente tuvieron que justificarlo con mermas. Fue como el propio personal de Pemex inventó la “ordeña” ilegal de toma clandestina en los ductos para justificar dichas mermas.

Fueron ellos quienes enseñaron a la delincuencia los procesos de extracción y “ordeña” de hidrocarburos, pues conocen muy bien la ubicación exacta de la red nacional de ductos, los horarios precisos de su uso, los periodos de transportación correspondientes a cada producto, permitiendo con ello colocar sus dispositivos para la “ordeña” correspondiente.

Esa forma ilegal de obtener gasolina u otros derivados resultó ser un negocio muy rentable. Lo que atrajo la atención de la delincuencia organizada, que empezó a operarlo a partir de 2007 y lo expandió a 25 entidades que tradicionalmente no se consideraban como “petroleras” y por consecuencia se elevó ese fenómeno a gran escala, rebasando el control del personal de Pemex. Hoy es un próspero negocio ilegal, con una enorme base social, quienes incluso enfrentan a las autoridades.

De las 25 entidades del país más afectadas por ese problema en 2017 destacan Puebla, Guanajuato, Tamaulipas e Hidalgo, las cuales concentraron 50 por ciento de las tomas clandestinas. Los estados que no presentaron ese problema fueron Baja California Sur, Campeche, Colima, Guerrero, Zacatecas, Nayarit y Quintana Roo.

Los municipios con mayor número de tomas en 2018 se encuentran San Martín Texmelucan, Puebla; Tlajomulco de Zúñiga, Jalisco; González, Tamaulipas; Cuautepec y Tula en Hidalgo.

Sin duda, ese fenómeno es todo un reto para las autoridades, pues se desprenden muchos riesgos como lo que aconteció en Tlahuelilpan donde fallecieron 138 personas; la enorme contaminación de tierra por la derrama de hidrocarburos o el incremento de la inseguridad y violencia generada por los grupos delictivos quienes operan ese fenómeno.

La inteligencia, la investigación, la detención y el profesionalismo, como dijera el comisario general Donaciano Millán, son la base de los cuerpos de seguridad para combatir a esa delincuencia.

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