Juan Villoro es un excelentísimo escritor; figura non. Novelista, cuentista, dramaturgo, ensayista, autor de libros para niños, cronista y articulista de varias publicaciones alrededor del mundo. Ha sido profesor de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), en la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, en Yale y en Princeton.

Y dentro de ese amplísimo universo, tiene un gusto especial por el futbol. Lo disfruta, lo analiza y con su estilo literario lo desbroza.

Por eso su libro Balón dividido se lee con avidez, en una forma franca y elegante de presentarlo.

En este volumen alude a figuras de siempre del balompié: Onetti, Messi, Martín Palermo, el hasta hace poco técnico del Pachuca, Ronaldo, Guardiola, Cruyff, sin faltar, referente obligado, Hugo Sánchez y otros más.

Trae a sus textos sucedidos a través del tiempo. Un ejemplo.

“En un brillante texto publicado en el periódico Récord, Miguel Mejía Barón contó la siguiente anécdota: ‘Mi compañero Héctor Sanabria cometió una falta que el árbitro no sancionó con la severidad que merecía… Don Renato (Cesarini, entrenador de Pumas en 1963), le comentó a Héctor: ‘Si el juez no te expulsó, yo sí lo hago’, y ante el asombro de mi compadre y de todos nosotros lo sacó de la cancha y no lo sustituyó por ningún suplente’.

Y hay otra del mismo Mejia Barón

“…‘recuerda el gesto del delantero alemán Miroslav Klose, que en 2005 recordó que el fair-play puede tener un sitio en el competitivo ámbito de las patadas’. Jugando con el Werder Bremen recibió una entrada de un defensa del Arminia Bielefeld que hizo que Herbert Fandel, árbitro del partido, marcara penalti. En forma inaudita, Klose se acercó al silbante y le dijo que no había sido falta. Después de consultar con su abanderado, el juez rectificó su decisión. ‘Nunca vi nada parecido en 25 años de arbitraje, comentó al respecto’.

Villoro relata: “El 12 de junio de 2011 llegué al paralelo 38 para visitar la zona desmilitarizada que divide a Corea del Sur y Corea del Norte.

“En la cerca del lado sur hay papeletas con consignas de paz y reunificación. Casi todas son colocadas ahí por escolares.” Escogí una al azar y le pedí a mi intérprete que la tradujera.

“Quiero jugar futbol con niños de Corea del Norte”, decía el mensaje. Recordé una socorrida expresión de los cronistas de futbol: ‘balón dividido’. El placer más elemental por el juego había llegado a la frontera más vigilada del mundo.

“En la tierra de nadie, el cronista aguarda el momento en que los adversarios muestren que uno no existe sin el otro.”

Sobre Martín Palermo, bajo el título de: “los optimistas fallan mejor”, refirió.

“El delantero Martín Palermo pertenece a la categoría de los que ignoran que el desastre es posible. No tenía aptitudes obvias para un oficio que en Argentina es patrimonio de virtuosos, pero la evidencia nunca le preocupó demasiado.

“Le decían el Loco por sus cortes de pelo desteñidos, inspirados en la estética de su amigo Zeta Bosio, bajista de Soda Stéreo.

“Con el tiempo también merecería el mote de Titán (nunca ajeno a la grandilocuencia, lo escogió para titular su autobiografía).

“Demasiado corpulento para ser un estilista y demasiado inventivo para ser un simple cazagoles, el Titán ignoró la lógica.

“Argentina disputaba un partido de la Copa América contra Colombia.

“El árbitro era el paraguayo ‘Esa noche’ el hombre andaba con unas ganas bárbaras de cobrar penales”, dice Palermo en su autobiografía. “El ansioso Aquino marcó cinco: tres para Argentina, dos para Colombia”.

Palermo falló el primero.

“Cuando el árbitro marcó un segundo penal decidió cobrarlo volvió a fallar.”

Y hubo un tercer penal. Simeone, Sorín y Riquelme estaban en la cancha. Ninguno se ofreció para la tarea.“…llevó la pelota al manchón de cal…“Con la desesperada fe que siempre lo acompañó, quiso anotar. En beneficio de lo inolvidable, supo fallar, imponiendo otro récord mundial.”

Argentina perdió 3-0.

Los aficionados al balompié encontrarán en Balón dividido, mucho de que satisfacerse, con este y otros relatos.

De Editorial Planeta Mexicana, SA de CV, la primera edición es de abril 2014, y la primera edición impresa en México en Booket, abril de 2018.

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