Alina Eugenia Peniche Ortíz

Primavera se dice en latín ver primum, primevitas, que significa edad primera o primaevus, que según Virgilio se compara a esta estación del año con “la flor de la edad”, es decir: la adolescencia. Pero como los romanos antiguos quisieron insistir en algo ya obvio, consideraron que la primavera, era la primera estación del año: primum vere. Abril que viene del latín aprilis, del verbo aperire, que significa abrir, el mes en el que se abren las flores.

Otros lo relacionan con la palabra griega afro, que significa espuma, de donde nació la diosa Afrodita, que representa a la belleza o Venus, que para los romanos significa la estrella que viene al anochecer y ambas asociadas al mes de abril, que equivale al mes donde renace el amor.

Así pues, no me enfocaré propiamente en el amor, sino en la palabra renacer, como el valor de recuperar aquella actitud, objeto o relación que dejó de tener vigencia en nuestro intelecto, nuestro sentimiento, nuestro comportamiento o nuestra manera de ver las cosas, a través de la queja.

Para la investigadora Christine Lewicki estas son las razones más habituales de la queja: porque queremos conservar nuestra felicidad, pero adoptamos una estrategia comunicativa poco eficaz. Porque en automático compito y veo que mi queja salga ganando. Para reír o bromear. Porque nos resignamos. Para destacar. Para conseguir que tanta gente como sea posible comparta nuestro punto de vista. Para oponernos a la autoridad.

Cuando la queja es por diversión usamos sarcasmos, nos servimos del humor en forma de quejas para llamar la atención. Justificamos nuestras afirmaciones negativas por el hecho de que hacen reír. Preferimos quejarnos de nuestra suerte y decirnos que de todas maneras no hay nada qué hacer y de este modo cultivamos el lado afligido de la vida en lugar de ver el lado generoso. Degradamos al otro para intentar demostrar que somos mejores, diferentes.

De hecho, esa es la expresión de una gran necesidad de reconocimiento y falta de autoestima. Saber diferenciar los momentos en los que nos quejamos considerándonos víctimas impotentes y cuando nos rebelamos con la energía, las acciones y la voluntad para el cambio, con el fin de crear conexiones nuevas en nuestro cerebro para hacer surgir un lenguaje respetuoso.

Progresivamente, el impulso y la costumbre se disiparán hasta desaparecer. Y en consecuencia ya no necesitas hacer un gran esfuerzo para no quejarte, puesto que tu cuerpo habrá registrado de un modo profundo esta nueva forma de hacer y de ver la realidad de nuestra convivencia. No se trata de reprimir los pensamientos negativos, ellos van y vienen sin que seamos conscientes de ellos. Solo déjalos pasar.

Quejarse mentalmente no cuenta. El problema aparece cuando empezamos a aferrarnos a nuestros pensamientos, a darles importancia y a expresarlos, sin filtro de respeto, y así anclamos nuestros pensamientos negativos en nuestra vida, los cristalizamos y, lo peor, ofendemos a otros con nuestra propia frustración.

Estudios realizados por psicólogos han demostrado que las personas pesimistas tienen un vocabulario menos rico y menos variado que los optimistas, otros estudios han demostrado que el grado de violencia en los jóvenes es proporcional a la pobreza de su vocabulario.

¿Escuchas para responder o escuchas para dialogar? Si sientes que, durante esta primavera, el radar de la queja se ha puesto en marcha automáticamente, respira profundo y con el gesto de encender el radar de la valoración personal presiona tu frente, entre los ojos y enfócate en lo agradecido que estás por aprender algo nuevo sobre tus propios límites.

Y, si en abril renaces, toma el consejo de tus mayores durante mayo, palabra que viene del latín maius, que significa la veneración a nuestros antepasados, para que te des la oportunidad de compartir el perfume único del ser tan preciado que eres, que somos y lo mejor, que podemos compartirnos en una verdadera amistad que inicie en ti y se proyecte en todas tus relaciones.

Sin olvidar que en la medida en que somos responsables de nosotros mismos, del diálogo que emerge hacia las personas que amamos y hacia los que respetamos, aumentaremos la capacidad de dar respuesta íntegra a la sociedad que nos demanda. Por cierto que, febrero, significa “purificación”, februarius.

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