Fernando de Ita

A la ineptitud administrativa y mediocridad intelectual del secretario de Cultura José Olaf Hernández Sánchez, hay que agregar su facilidad para el delirio porque solo un individuo que ignora por completo la realidad pudo ofrecer en su comparecencia anual ante la Cámara de Diputados el informe de un Estado que brilla por su actividad cultural, cuando en los hechos sucede todo lo contrario.

La pandemia estuvo a su favor porque pudo delirar por Internet sin el riesgo de las protestas que se habrían suscitado si el informe hubiera sido presencial. En la impunidad de la pantalla presentó gráficas que festejaban la arcadia cultural en la que gracias a su administración el territorio que en 1869 se convirtió en el estado de Hidalgo. Desde su alucinación todo ha sucedido por primera vez en este sexenio. Por ejemplo, mencionó que el consumo cultural de la entidad aumentó en un 200 por ciento gracias a las visitas que se dieron en la página de Facebook de la secretaría. Solo un imbécil, perdón, solo un priista consumado puede hacer esa aseveración sin ningún respaldo. En Facebook están registradas las visitas correspondientes, información que el secretario no dio. Aunque si la tiene, es solo un dato que de ningún modo permite concluir que el consumo cultural subió exponencialmente porque una cosa es darle like a una imagen y otra muy distinta leer un libro, ir a una exposición, ver una obra de teatro, disfrutar una coreografía, acudir a un concierto. Lo único que refleja esta inverosímil exageración es la impunidad con la que se ha manejado el secretario.

En verdad, a nadie con un gramo de inteligencia se le habría ocurrido presentar un informe tan desfasado de la situación real que vive la entidad en el ramo de la cultura oficial. No habló de integridad porque es algo que el secretario no tiene. Por el contrario, su administración ya es la más desaseada que ha tenido nuestro terruño desde siempre. Para honra del Poder Legislativo, la diputada Corina Martínez, de Morena (a quien no tengo el gusto de conocer, por cierto), puso en claro las falacias del informe del secretario. Pero como ganó el PRI en las pasadas elecciones, la verdad, como dijo Arturo de Córdova, no tiene la menor importancia. En ese sentido, la incapacidad y deshonestidad del secretario es lo que seguirá imperando en los municipios que ganó el PRI porque árbol que nace torcido…, pero no todo es para siempre. Ya llegará el tiempo de la justicia. Cuando Luis Echeverría sacó a Julio Sherer de Excélsior, siendo presidente de la República, nunca imaginó que don Julio lo confinaría de por vida a su domicilio.

Volviendo al tema, otra muestra del priismo vergonzante fue el desfile de empleados de la secretaría que tuvieron como orden del día elogiar el trabajo del secretario en la red. En un estado con ley eso sería un delito. Naturalmente los insultos y la difamación en contra de quienes hemos manifestado nuestra inconformidad con la desastrosa gestión del secretario, no se hicieron esperar. Afortunadamente, la unidad cibernética de la Comisión Nacional de Seguridad aceptó mi solicitud para investigar el origen de esos troll, así que pronto el difamador tendrá que responder por lastimar el honor de las personas, delito que en la nueva legislación tiene hasta 10 años de prisión y reparación del daño. Por cierto, los insultos personales y genéricos que aparecieron en la red en contra del secretario y algunos empleados de la secretaría, bajo el paraguas de Memecias, no fueron publicados por ninguno de los miembros de La Flecha de Zenón, el grupo de artistas inconformes con la administración del secretario. Nosotros no usamos el anonimato para reclamar nuestro derecho. Por eso yo firmo esta columna.

Gracias al grupo de artistas que aceptaron bailar al ritmo que les marcó el secretario, el funcionario que nunca ha sido servidor público presumió los apoyos que su oficina les ha otorgado a los creadores del estado. En lo personal considero que cada quien es dueño de su conciencia y no tengo ningún reproche para quienes aceptaron el apoyo que debe otorgar el Estado en apoyo de su labor. Lamento que haya sido así, con convocatorias y premiaciones anormales, excluyentes y amañadas que ningún otro estado del país se ha permitido instrumentar. Pero como dijo el soldado del teatro, Luis G Basurto: “Cada quien su vida”.

Cuando la ley no se cumple, cuando el Poder Ejecutivo del estado protege la insolvencia, la deshonestidad de un funcionario, cuando las peticiones de corregir el daño es ignorada olímpicamente por el gobierno, cuando la comunidad que se lo reclama no merece ni un gesto de atención, cuando estas denuncias públicas no tienen ningún efecto, queda la historia. Sí, la memoria del pueblo. Yo soy padre y la peor de mis vergüenzas sería que mis hijos escucharan en la calle que protegí la ineficacia, la deshonestidad, la desvergüenza y el cinismo de la gente corrupta.

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