Según el archivo histórico del Poder Judicial de Hidalgo, la historia de los tradicionales barrios que rodean el centro de Pachuca surgió a mediados del siglo XIX entre una época conocida como “la fiebre de la plata”, ello por la consolidación de la minería en Hidalgo, y con ello acrecentó el establecimiento de habitantes alrededor de las minas, que hoy día continúan con lealtad y honor contemplando la decadencia de la industria minera, la tradición de sus barrios, el pasado y el presente

Pachuca.- La historia de Demetrio Palafox Tapia comenzó a escribirse hace 83 años, sus raíces nacieron en Mineral del Chico junto con su padre para establecerse en el barrio San Juan Pachuca, donde actualmente y desde hace 30 años tiene una tienda de abarrotes justo frente a lo que un día fue la majestuosa mina San Juan, que cerró en 2005 y regresó en 2012.

“Esa mina ya no funciona como antes, los mineros llegan aquí y checan, pero los envían a otras minas como El Rosario, en Capula, o una que está por la colonia Minerva, ellos me platican cada que vienen a la tienda. Aquí a todos nos molesta el polvo de la mina, pero no nos podemos ir porque aquí hicimos nuestra vida.”

La historia de la minería tiene una perspectiva diferente desde los ojos de Demetrio, hijo y hermano de mineros, fue testigo de su diario vivir, en 1977 inauguró la única tienda de abarrotes que surtía a los mineros de la zona y presenció la tragedia del 12 de octubre de 1985, cuando murieron 19 trabajadores de esa mina. Sin embargo, a pesar de su lealtad, la minería lo lastimó el 27 de mayo de 2015 cuando su esposa Agustina Hernández Milanés, hoy de 70 años, sufrió un derrame cerebral a consecuencia de una crisis que le generó el incendio en el interior de la mina de San Juan, en la que junto a otras 29 familias fueron desalojadas por unas horas ante una posible explosión que afortunadamente no sucedió.

“Nosotros ya estábamos durmiendo, pero cuando vimos las llamas mi esposa se espantó tanto que le dio un derrame cerebral y desde entonces no se ha recuperado totalmente. A ella también la conocí en ese barrio, llegó muy chica a vivir aquí y nos enamoramos; ya tenemos más de 50 años juntos.”

Una herencia tradicional

Demetrio guarda en el corazón su verdadera vocación que inició con su padre cuando partió al Estado de México en busca de trabajo de albañilería, “fue a Cuautitlán pero no consiguió y con el poco dinero que le sobraba compró en La Merced unos cuantos cocos, así fue como empezó a hacer cocadas y le fue tan bien que ya después compraba costales de cocos; comenzaba a las 5 de la mañana porque todo lo hacía a mano”.

“A mi papá le enseñó un señor, pero su especialidad fue únicamente el coco, y dulce cubierto, repartía en el Estado de México, en Tulancingo y Agua Blanca; hacía cosas diferentes a mí porque él no hacía la palanqueta, cuando yo crecí conocí jugando billar a Cirilo y él fue quien me enseñó a hacerla, yo tenía como 25 años, es decir, llevo 60 años con esa tradición de los dulces típicos mexicanos. Mis hijas actualmente ya hacen mazapán, tamarindo, garapiñado, que les enseñé a hacer, muégano, trompada, cocada, acitrón, entre algunos otros.”

Dulces Palafox actualmente es un negocio familiar que emprendió Demetrio y continúan sus hijas, su producto es elaborado en el taller que aún conserva en la decoración los diseños de la década de 1970 donde tuvo su primera tienda de abarrotes; únicamente cuentan con una máquina para la mezcla del tamarindo, que anteriormente realizaban en cazo, las demás herramientas como un rodillo, una máquina para rayar el coco, y otra para triturar el cacahuate fueron creadas por Demetrio.

“Yo ya no trabajo, solo ayudo a mis hijas de vez en cuando, pero le digo a las personas que conozca nuestro trabajo porque cuando se come un dulce nuestro los ven diferentes, tenemos mucha limpieza en nuestro taller. Las personas que comen un dulce nuestro tienen la confianza de que está bueno y regresarán por otro. La satisfacción es que gracias a mis dulces tengo lo poco que logré, las empresas trabajan diferente que uno, porque uno lo hace artesanalmente, sin ningún ácido y las empresas industrializadas trabajan con conservadores y nosotros no, lo que más utilizamos es canela y vainilla, pero no le echamos ningún otro conservador, es un dulce natural. También trabajé el dulce de caramelo como el panal, el paraguas, el pirulí y la pastilla de menta, todavía lo sé hacer, pero ya no me alcanzan las fuerzas.”

Ese arte, heredado de generación en generación, ha recorrido El Arenal, Tetepango, San Antonio Calpulalpan, Puebla, Chalma y Ciudad Hidalgo, Michoacán. “El taller ya lo trabajan mis hijas, pero mis nietos y nietas a lo mejor no seguirán porque ya cada quien tiene su carrera, aunque siempre les digo que aprendan a hacer al trabajo porque no sabemos cuándo lo vamos a ocupar, eso es muy fácil y se vende bien”.

Además de ser portador de la historia del barrio de San Juan y representante de la gastronomía hidalguense, Demetrio tiene alma con tradición y amor por el arte de la elaboración de los dulces típicos mexicanos, y a nosotros su historia nos recuerda que tenemos espíritu, pero necesitamos temple.

CLAVES

*Hidalgo es uno de los estados del centro del país donde prevalece una tradición dulcera, heredada del pasado colonial

*18.5 por ciento de los mexicanos prefiere el consumo de cocadas, frutas y acitrones

*14.6 por ciento se inclina por las palanquetas de amaranto

*12.3 por ciento de la población elige las palanquetas de cacahuate

*Fuente: Estudio de hábitos de consumo en México

RECUADRO

Para adquirir el producto local de Dulces Palafox pueden consultar la información en la página de Facebook Dulces Palafox o acudir a la calle Rosario número 12, en el centro de Pachuca

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