Hace algunos días se realizó la presentación de los resultados del Índice de Desarrollo Democrático de México 2019 (Iddmex), estudio que se ha publicado ininterrumpidamente desde al año 2010 y que tiene como objetivo medir como los distintos sistemas políticos de las entidades federativas del país logran acercarse más a sus fines o anhelos de bienestar. En otras palabras, evaluar los principales procesos a través de los cuales se intentan concretar las expectativas de los actores sociales. Es una invitación a la reflexión sobre la salud de nuestro sistema político y qué tan democrático es o pretende ser, que realizan prestigiosas instituciones del país, como El Colegio de México, el Instituto Nacional Electoral, PoliLat y la Fundación Konrad Adenauer.

Esa reflexión la realizan a través de la medición objetiva de 50 indicadores, que generan varias instancias a nivel nacional y que son datos públicos disponibles para cualquier ciudadano, que agrupan en cuatro dimensiones que nos hablan de los complejos procesos de cualquier democracia, de los vínculos entre ellos y de sus interrelaciones, que van más allá de los simples procesos electorales. En primer lugar, está la dimensión de los ciudadanos que se enfoca en el respeto de los derechos y libertades y la búsqueda de la igualdad, política, social y económica; la segunda dimensión se refiere a las instituciones, en otras palabras, el Estado de Derecho y la rendición de cuentas; la tercera dimensión se refiere a lo social, a los resultados en materia de política pública que aseguran el bienestar y la equidad y la cuarta dimensión, desde mi punto de vista la más importante de las cuatro, mide los resultados en política pública que aseguran la eficiencia económica.

Es interesante este informe de Iddmexmex, por lo menos por dos razones fundamentales. La primera de ellas se refiere a la concepción de la democracia no como algo acabado, estático e inmovible, sino como un proceso dinámico, cambiante que enfrenta continuamente retos que deben superarse año con año, para el logro de los fines del sistema político y de ahí lo importante de evaluar fundamentalmente el actuar de nuestros gobernantes, preguntarse qué hacen día a día para hacer de la democracia algo real y, en definitiva, una forma de vida y comparar cómo lo hizo en relación al resto de los gobiernos estatales. Entonces, aunque el informe no lo dice textualmente es una evaluación del actuar de nuestros gobernantes. La segunda razón, es que se da a conocer en un contexto en el cual cada día que pasa se coloca en tela de juicio el valor mismo de la democracia, que no solo en México, sino en otros países del continente está en crisis, para todos es claro el considerable aumento de los indignados, grupos o sectores de la población que rechazan a través de medios violentos los resultados de las democracias, que por lo visto seguirán en aumento en los próximos meses.

El informe para el estado de Hidalgo es preocupante, ya que a pesar que nos ubica el lugar 11 a nivel nacional, no es precisamente gracias a las acciones del gobierno, sino fundamental al cambio de la correlación de fuerzas en el Congreso donde por primera vez, el Partido Revolucionario Institucional (PRI) perdió el control del congreso, que además diluye la intromisión del Ejecutivo en las decisiones del mismo, situación que se nos hacia normal, por la presencia hegemónica del PRI, en la política del estado, transformación que como todos sabemos no es una acción del gobierno del estado, sino el actuar de los ciudadanos. Para ser más claros y pecando de reiterativo, logramos subir algunas posiciones en ese índice gracias a las decisiones de los ciudadanos, no de las acciones del gobierno estatal.

Más preocupante resulta la evaluación de la cuarta dimensión, la económica, donde Hidalgo ocupa la posición 31, por cierto, la más baja de los últimos cuatro años del IDDmex, es decir venimos en picada desde la posición 24 en el 2015. Esta dimensión evalúa el resultado de las acciones gubernamentales para asegurar las condiciones públicas del desarrollo de la eficiencia económica del estado, En efecto, en ninguno de los indicadores involucrados en esta dimensión el estado está bien posicionado: el PIB per cápita ocupamos la posición 26, en la desigualdad de ingresos la misma posición, en autonomía financiera el lugar 30 y en inversión la misma posición. En pocas palabras las acciones del gobierno del estado no han generado la inversión pública suficiente para que la economía genere los incentivos necesarios para que los ciudadanos aumenten la productividad y la inversión necesaria.
La pregunta que nos hacemos es que hace el gobierno del estado para aportar al desarrollo de la democracia en Hidalgo, para que el sistema político se encamine al cumplimento de los fines esperados e impuestos por el mandato ciudadano, cuando hablamos de democracia no la podemos reducir a los procesos electorales, sino más bien a las acciones de todos los actores y ciudadanos, para lograr concretar nuestras expectativas. Comparativamente ese Iddmexmex, nos indica que nuestra democracia está en vías de desarrollo.

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