Los mexicanos elegiremos a cerca de 3 mil 400 representantes populares en los próximos comicios: presidente de la República, gobernadores, senadores, diputados, presidentes municipales y regidores. El desencanto político de la ciudadanía hacia la mayoría de los partidos políticos tradicionales es notoria, por lo que el gran enemigo a vencer en esta contienda electoral es el abstencionismo. La gente no cree en sus instituciones, pero peor aún, los informes de percepción de la corrupción reiteran que en lo que menos cree es en los políticos. Eso es una alerta que no debemos omitir los ciudadanos críticos y que los políticos comprometidos debieran de considerar para trazar su estrategia de reencuentro con su militancia.
El desencanto ciudadano y el aborrecimiento hacia sus dirigentes, deriva del exceso y exhibicionismo del despilfarro del dinero público, en un país donde gran parte de su población está sumida en la pobreza. La historia de nepotismo, corrupción y clientelismo recurrente ha generado la posibilidad de que los mexicanos reestrenen nuevamente la alternancia política el primero de julio, por lo menos hasta hoy las encuestas más serias confirman ese escenario. Sin embargo, el fantasma del abstencionismo y del fraude electoral, también acompañarán esta jornada electoral, por lo que se debe estar alerta para que sea respetada la voluntad popular y la ciudadanía genere los contrapesos necesarios para evitar una imposición.
De concretarse la alternancia política con el nombramiento del presidente de la República, nuestro país estaría en condiciones de evaluar el trabajo de los proyectos de nación ensayados con los últimos gobernantes. Eso es altamente positivo, porque las democracias de avanzada se fortalecen con la competencia y posibilita que la clase política genere mejores propuestas para asegurar su permanencia y, en el mediano plazo, el ideal deseable es que dejemos de tener políticos improvisados y que tengamos profesionales que dignifiquen el arte de gobernar. Porque al igual que en el libre mercado, los consumidores siempre buscarán los mejores precios y las mejores mercancías que satisfagan sus necesidades; lamentablemente en México todavía no hay libre juego de las fuerzas del mercado político porque ese sigue monopolizado y secuestrado por una camarilla de vividores desde hace varias décadas (veáse Peña Nieto y compañía).
La alternancia política también tiene riesgos y es algo que hasta ahora solo lo ha declarado uno de los candidatos a la presidencia (tú ya sabes quién). En una entrevista que le hacen al político referido le preguntan cómo iba asegurar que el resto de los nombramientos de su partido cumplirán a cabalidad con su compromiso político y evitar la historia de corrupción que existe en nuestro país. En respuesta, ese candidato hace la distinción entre la democracia electoral y la democracia participativa; la primera asociada a la maquinaria electoral institucional que regula las elecciones y asegura que exista un ganador en las contiendas. La segunda democracia se refiere a la participación de la ciudadanía en la toma de decisiones en la vida pública, que incluye la vigilancia en el desempeño de las funciones de los elegidos y la participación en el referéndum para proceder con la revocación del mandato cuando no cumplan con sus obligaciones.
Esa aspiración de un gobierno participativo ha movilizado a muchas fuerzas progresistas en el país, pero además de ello, es un llamado de atención y advertencia a muchos aspirantes a un cargo de elección popular, porque los ciudadanos ya no firman cheques en blanco a sus gobernantes y poco a poco se vuelven más críticos. La soberbia anticipada de los “políticos diferentes” y la reedición de comportamientos de corrupción llevarán a que la ciudadanía los tase con los mismos estándares del viejo régimen corrupto y autoritario.
Entonces, vale la pena volcarnos todos los ciudadanos a las urnas y convencer a la gente de que ejerza ese derecho, pero saber que una vez terminada la elección debemos regresar a nuestros espacios y vigilar el desempeño de nuestros gobernantes y se les renueve la carta de permanencia en el mandato, o por el contrario, se les expulse del cargo.
México no aguanta más historias de corrupción y de políticos oportunistas, que dicen pegar con la izquierda pero que tristemente siguen cobrando con la derecha.

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