Para el primero de julio, de cada 10 votantes cuatro serán jóvenes, de esa condición se deriva una verdad de Perogrullo, los jóvenes van a decidir el próximo proceso electoral. Por elemental sentido de la oportunidad, los partidos políticos y sus candidatos deberían formularse preguntas básicas como: ¿qué les interesa a los jóvenes?, ¿cómo se informan?, ¿qué les preocupa en su entorno laboral, académico, vivencial?
Lo primero, el escenario; el primero de julio aproximadamente 88 millones de ciudadanos podrán ejercer su derecho al voto, de los cuales alrededor de 12.8 millones de electores votarán por primera vez en una elección presidencial, y de estos, alrededor de 6 millones son los nuevos primeros electores en una elección federal, es decir, son electores que se han inscrito al listado nominal después de 2015.
Además de votar por la presidencia de la República se elegirán 500 diputados federales y 128 senadurías, ocho gubernaturas y un jefe de Gobierno, diputados locales e integrantes de las autoridades a nivel municipal (presidencias, sindicaturas, regidurías y concejales), en total más de 18 mil cargos de elección popular. En ese contexto, cuál es la estrategia que pretenden utilizar los partidos políticos para informar y proponer a los ciudadanos los retos, temas y respuestas a la agenda de: gobernabilidad, inseguridad, violencia, desempleo, corrupción, desconfianza, déficit de crecimiento económico, desigualdad, déficit del Estado de Derecho y un largo etcétera. Aunque sean cortos de imaginación, no será solamente a través de los más de 22 millones de promocionales, más de 200 mil diarios, que se transmitirán por medios electrónicos a lo largo de la campaña, lo que está en juego es frenar la descomposición del Estado para reconstruir su tejido social y económico, ni más ni menos: la disputa por la nación, un proyecto de país que le dé un nuevo sentido de gobernanza y civilidad.
¿Con qué criterios e información votarán los ciudadanos, sobre todo los jóvenes? Para responder a esa pregunta es necesario revisar los datos de la economía digital. Se tiene 4 mil millones de personas conectadas a Internet en el mundo. En México hay 65 millones de usuarios de Internet con un 59 por ciento del uso sobre el total de la población. De acuerdo con algunos estudios, los usuarios en países desarrollados tocan en promedio 2 mil 600 veces al día su teléfono móvil. La aldea global vía redes sociales ha creado el homo digitalis, hoy este se encuentra en el corazón de una de las mayores tensiones entre el Estado y ciudadano. En la actualidad el commodity de mayor valor es la información, esto explica por qué el top 10 de las empresas más valiosas del mundo está mayormente ocupado por compañías de tecnología de información –Apple, Google, Microsoft, Amazon, Facebook, por ejemplo–.
Del anterior planteamiento se coligen al menos dos conclusiones básicas: las redes sociales son hoy un desafío para la democracia, donde lo que prevalece es la ausencia de regulación y cualquier intento de regularlas provoca de inmediato polémica y división; la falta de transparencia, llegando al extremo de aceptar dinero de gobiernos extranjeros, provocando escándalos como el recientemente vivido por Facebook y que le costó a esta empresa perder más de 70 mil millones de dólares. En medio de ese abigarrado escenario hay una condición evidente: las redes sociales van a jugar un papel fundamental en el proceso electoral del primero de julio. Pero se debe actuar con mucha cautela, las redes sociales, si bien no son causa de división per se, sí pueden darles vida y amplificarlas. El abuso de las redes lamentablemente podría encender prejuicios, mensajes de odio, segregación, escándalo e indignación. Esta amenaza a la democracia no solo se la plantea The Economist, sino que también ya lo advirtió el Foro Económico Mundial. Este complejo escenario se exacerba en un país como México, donde crece la cultura democrática, pero están ausentes los demócratas.

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