Imposible sustraerse al proceso electoral de Estados Unidos que la noche de hoy concluye con la elección de su presidente o presidenta número 45 y que, sin duda, será de gran influencia para el desarrollo de México.
La demócrata Hillary Clinton y el republicano Donald Trump representan al múltiple interés estadunidense; con sus bemoles, por supuesto.
Y es que mientras la señora Clinton reitera la oferta de impulsar la reforma migratoria, el magnate Trump ha vendido la promesa de levantar un muro entre Estados Unidos y México para, aduce, frenar la ola mexicana que lleva el crimen a territorio estadunidense y roba los empleos a los ciudadanos de aquella nación.
Hasta la noche de ayer, la más seria empresa que aglutina tendencias de la preferencia electoral otorgaba ponderadamente tres puntos porcentuales a la candidata Clinton por arriba de su contrincante Trump.
Pero, al margen de que las encuestas y sondeos no tienen palabra de honor, en caso de que a la medianoche de hoy la abogada Hillary Clinton se alce con el triunfo, marcará un hito en la historia de Estados Unidos al ser elegida como la primera mujer que gobernará al país más poderoso de la tierra y principal socio comercial de México.
La historia estadunidense ha registrado la otra asunción inédita al poder de un político afroamericano, cuya carrera nadie imaginó concluiría en la presidencia de los Estados Unidos de Norteamérica.
Pero, vaya, más allá de lo anecdótico, el punto es cómo ha fluido esa pluralidad que se acentuó durante el siglo pasado y que en estos tiempos del nuevo milenio transita en la globalización que politiza a la humanidad ya la torna incluyente y tolerante, pese a las resistencias prevalecientes en grupos fundamentalistas y xenófobos.
Por eso la importancia de que gane la abogada Clinton. Porque pese a que no es una hermana de la caridad e incluso fue calificada como la Margaret Thatcher estadunidense cuando se desempeñó como secretaria de Estado en parte de la administración de Barack Obama, es el personaje que representa menos riesgos para México.
Indudablemente Hillary llevará una carga heredada como Obama en materia de respeto a los derechos humanos de migrantes indocumentados, porque en su campaña ofreció la reforma migratoria pero su gobierno se ha distinguido por un crecimiento exponencial en deportaciones.
¿Puede haber un cambio en la política exterior de Estados Unidos en la administración Clinton? Es posible, de acuerdo con los mensajes enfatizados a lo largo de un año de campaña. No puede México esperar que el maná caiga desde el norte y que, sacado de la chistera, nos llegue la solución a la crisis económica que atraviesa.
Sí, amainará la presión al peso y es posible retorne a niveles menos amenazantes para el comercio exterior, cuya balanza no equilibra el deber y el haber, porque finalmente son más las importaciones que las exportaciones y, al cierre del año fiscal 2016 la balanza de pagos no será nada halagüeña para las finanzas nacionales.
En fin. ¿Quién conviene más para gobernar al vecino del norte? Trump, en resumen, es un pésima copia de Andrés Manuel López Obrador, pero ha sido considerado como una amenaza no solo para Estados Unidos, no, sino para todo el mundo.
A la abogada Clinton, quiérase que no, hay que otorgarle el beneficio de la duda. Reitero, no es una hermana de la caridad pero no es una amenaza para la estabilidad mundial y, por tanto, su unción amainará presiones hacia México. El problema es cuánto margen de maniobra y capacidad del equipo gobernante hay para aprovechar la coyuntura. Faltan dos años de gobierno y el sentido común obliga a considerar un reencuentro con Hillary.
Los momios indican demócrata. Habrá que dar vuelta a la hoja con el resbalón republicano. Digo.

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