Demostración de fortaleza y valentía femenina

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Silvia Mendoza

Nos sabemos vulnerables y nos esforzamos por no pensar en ello, siguiendo nuestra rutina y buscando pequeños placeres, pero a veces la realidad nos golpea la memoria para evidenciar que nuestros agresores son quienes reciben un salario por su trabajo de protección y seguridad pública: los y las agentes de Seguridad Pública, los mandos medios y superiores, así como todos aquellos servidores públicos que toman decisiones en la medida de su estado de ánimo o conveniencia inmediata.
En días pasados, tres mujeres universitarias experimentaron en carne propia la “seguridad pública” en su contra; Gabriela Mejía desde su desconcierto, miedo e instinto de sobrevivencia documentó en video la detención y agresión que hicieron sobre su persona; ella, una mujer que fue rodeada de patrullas y decenas de agentes municipales y estatales. Quizá los elementos tuvieron miedo de una mujer armada con un aparato celular, ante esa “amenaza femenina” los agentes hicieron uso de la intimidación a manera de jauría ante su presa. No conformes con ello, la esposaron para imposibilitarle el movimiento de sus brazos y prevenir que se convirtieran en armas femeninas que abatieran la fuerza pública. Los numerosos y entrenados elementos de Seguridad Pública, ante el “peligro que representó Gabriela Mejía con su celular”, tuvieron que hacer uso de la espectacularidad de sus recursos (armas, gases, patrullas, picos, etcétera).
Después, dos solidarias mujeres preocupadas por la integridad de Gabriela Mejía acudieron a los separos de la Coordinación de Seguridad Estatal; Elsa Ángeles y Leyla Chávez se presentaron como defensoras de los Derechos Humanos, ingresaron hasta donde estaba detenida Gabriela Mejía y con celular en mano registraron el testimonio de lo ocurrido. Luego de un rato, Elsa y Leyla también fueron detenidas; quizá el uso del celular es un arma que pone en peligro a las fuerzas de Seguridad Pública, porque instintivamente ante la videofilmación desde un aparato celular, los servidores de las fuerzas públicas hacen todo lo posible por sustraerlo, tirarlo o romperlo.
El furor en la detención de Gabriela Mejía y la prepotencia de la detención de Elsa y Leyla, que fue justificada porque desde la “psique” de las agentes de seguridad ellas usurparon funciones –según el argumento de la juez que decretó la legalidad del proceso–, es una demostración de lo vulnerables que somos todos y todas ante el estado de ánimo y sentido de inmediatez de los funcionarios públicos tomadores de decisiones.
Dada la fastuosidad de la fuerza pública en los hechos que involucraron a Gabriela, Elsa y Leyla, pienso que los representantes de la fuerza pública nos han ocultado información vital: “Las mujeres con celular en mano registrando el acontecer son un peligro para la seguridad de los agentes y de la ciudadanía”, por ello, cuando son descubiertas, es necesario usar todos los recursos de la fuerza pública. Ante el afán de algunos de imponer miedo, nos queda la respuesta organizada, legal y pacífica que dicta la razón y la inteligencia.
Gaby, Elsa y Leyla, ¡muchas gracias por su demostración de fortaleza y valentía femenina! ¡No están solas!

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