La puerta estaba abierta.
El detective Ramírez esbozó media sonrisa entre amarga y sardónica, y devolvió las ganzúas al estuche. Había imaginado una entrada dramática tras el silencioso desbloqueo de la cerradura: sorprender al asesino en la cocina, viendo el televisor o frente a su computadora, gritos, alboroto, disparos… pero la puerta estaba abierta.
Guardó el estuche de las ganzúas en su gabardina, desenfundó su arma y entró. No había nadie, ni nada. El recibidor estaba vacío, ni una silla, ni una vitrina que exhibiera porcelana, ni un cuadro. Ramírez se deslizó contra la pared, el arma preparada, echó un vistazo al siguiente umbral, la cocina, y, salvo la estufa en evidente desuso y el fregadero oxidado, también estaba vacía, nada de detritos de comida o envolturas de alimento empaquetado, nada que indicara que ahí vivía alguien. Pero el área de computación rastreó la IP de la cuenta @Paloma_Adios y provenía de esta dirección: Avenida de las Flores, edificio C, departamento 308.
Ramírez salió de la cocina, de nuevo contra la pared, el arma lista, la siguiente puerta. Tanteó la gabardina en busca de las ganzúas pero desistió, el picaporte giró con chirridos resultado de la falta de aceite, otra habitación, vacía casi en su totalidad, a excepción de la computadora de escritorio dispuesta sin pulcritud en un rincón, conectada al enchufe cercano.
La computadora estaba en hibernación; con el pie, sin dejar de atender su arma, Ramírez movió el mouse y el monitor despertó, mostrando en ventana completa la cuenta de @Paloma_Adios; estaba en la dirección correcta. En cuclillas, Ramírez observó los últimos estados de la cuenta, donde estaban etiquetadas las últimas tres víctimas, sin más detalles que sus nombres de usuario.
@Beatrix_Romina falleció en un accidente vehicular, cinco semanas atrás; @Paco_Risas apareció tirado en el baño veinte días antes, con una mortal contusión craneal, ocasiona por un fortuito resbalón tras la ducha, o eso dijeron los forenses; y el más reciente @Bruce_Rojo, intoxicación respiratoria por inhalación prolongada de gas LP, falla en el calentador tras extinguirse el piloto y continuar la expulsión del combustible.
Las víctimas habitaban en la misma ciudad pero no tenían ninguna relación visible entre sí, salvo @Paloma_Adios, la cuenta donde fueron etiquetadas primero dos días, luego uno, y al final seis horas antes que fallecieran, o al menos la hora aproximada que determinó el forense. La relación temporal entre la muerte y etiquetado de los usuarios reducía de manera geométrica, y parecía demasiado suspicaz como para tratarse de un mero vaticinio, alguna adivinadora o adivinador fatalista tan abundante en la web. Debía ser un usuario demente en busca de fama virtual, innovando su técnica de matar.
Aún agachado, Ramírez contempló la cuenta en el monitor: sólo una paloma en el parque como imagen de perfil, sin otro nombre, sin ningún dato, por completo anónimo. Podría esperar a que el dueño o dueña de la cuenta llegara y tuviera por fin su espectáculo de arresto, o llamar al área de computación para que colocaran cámaras en la habitación, retirarse con tranquilidad hasta que el usuario apareciera en vídeo.
Decidió lo segundo.
Se levantó, con la mano libre del arma encontró su celular, opción llamado rápido, pero… un sonido, el primero sonido que escuchaba desde que entró al departamento lo detuvo de comenzar la llamada, el sonido habitual de un teclado que es pulsado, tan tenue como el aleteo de un colibrí, tan indeterminado en su origen que pudo originarse en otra habitación, o en la cocina, o en su cabeza. El teléfono expulsó una alerta, una notificación en su cuenta @Ramirez_Dtctv: [email protected]_Adios te ha etiquetado en un estado”…
Durante un instante atemporal, Ramírez quedó inmóvil, paralizado, tan estático en la contemplación del teléfono que podría confundirse con el primer mueble que fuera colocado en el departamento.
Al fin, tras asimilar las posibles consecuencias de lo que contemplaba, desvió su atención de la pantalla del celular, despacio, muy despacio, el arma lista y tensa, la habitación vacía. Bajó lento sobre sus talones, muy, muy lento, sin dejar de mirar alrededor de la habitación. En la cuenta que mostraba el monitor de la computadora de escritorio colocada en suelo estaba escrito @Ramirez_Dtctv.
Fue lo último que vio.

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Egresado de la UAEH, amante de la ciencia ficción, cafeinómano empedernido y simpatizante indiscriminado del chocolate