David López Romero

Para iniciar esta comunicación, abordemos la independencia. En el ámbito social la independencia o autonomía permite a la persona, ya sea en lo individual o en lo colectivo, la posibilidad de ser participativo y gozar de libertad en sus decisiones. En lo biológico o físico es la posibilidad de realizar acciones cotidianas de mantenimiento orgánico, como alimentarse o asearse para evitar problemas de salud derivados de la sepsia.

Por lo tanto, gozar de independencia tiene grandes beneficios, sin embargo, al abordar la dependencia se aprecia todo lo contrario. En realidad, todos dependemos de cierta manera de algo o de alguien, de los servicios públicos, de la posibilidad de estar comunicado o tener acceso a la información nuestra cotidianeidad se ve alterada.

¿Por qué dirigir ese documento tomado como base a la dependencia? Porque en ella se reconocen bastantes problemas, es en sí multifactorial y en el caso de las personas envejecidas hay un silogismo, pues entre más edad, existe una mayor posibilidad de encontrar problemas derivados del cumulo de años cronológicos. Si ya los cuidados a largo plazo de las personas mayores dependientes son un enorme reto para cualquier sistema de salud, cuantimás considerando las necesidades particulares de aquellos con deterioro cognitivo mayor, como se le denomina ahora a la demencia.

Las personas afectadas por esa condición requieren de cuidados especializados y de personal capacitado para su atención. Ello, más allá de la naturaleza de la enfermedad o problema de salud, debido a la comorbilidad que presentan y que suele contribuir a la discapacidad y dependencia y al incremento en el costo de su atención y cuidado. La dependencia es el resultado de una serie de limitaciones en diversos ámbitos, en lo social, por ejemplo, la falta de un esquema de retiro pone en discusión y exhibe la carencia que pueden llegar a presentar los mayores al no contar con recursos para una vida digna.

En otro aspecto, la carencia de las redes de apoyo, ya sea familiar o social, disminuye la posibilidad de que la persona cuente con el apoyo que le permita o facilite el acceso a trasladarse, sentirse seguro e incluso incluirse en algún programa de apoyo social.

El considerar a alguna persona mayor como dependiente es una forma de categorización que otorga a la vejez una imagen esencialmente negativa que reclama y exige la ayuda o asistencia, entonces en las personas envejecidas se considera como un proceso caracterizado por la disminución de las facultades del organismo para enfrentar las diversas alteraciones orgánicas que pueden derivar en la muerte de la persona.

Esa situación ha llevado a ubicar a la vejez, en lugar de considerarla como una etapa más de la línea vital, resultado de la organización social, de historias de vida y de la memoria colectiva, así como de la dinámica y flexibilidad social. Como es natural, esa visión reduccionista a un cuerpo envejecido y decrépito es el mejor indicador que lo que requiere esa persona son cuidados médicos, aunque las dimensiones y necesidades de atención sean otras.

Por lo tanto, es importante explicar el camino a seguir no solo en la corrección sino en la predicción y sobre todo en la prevención, cuyas acciones son la base sustancial del trabajo gerontológico. Estamos en el momento oportuno de la intervención y modificación social con el propósito de poder disminuir de forma significativa la dependencia en la vejez.

La mayor parte de los elementos que componen a la dependencia en la vejez señalan a la discapacidad como un determinante que dirige y establece las condiciones del nivel de necesidad para una persona que requiere apoyo. Lo anterior implica la doble visión: clínica y social de la discapacidad. Desde una visión biologicista (clínica) y otra construccionista (social), lo que requiere una intervención oportuna y eficaz.

La dependencia es junto con la fragilidad de los grandes problemas de la población envejecida, es uno de los retos más importantes que desde la gerontología se debe prevenir de acuerdo a la evaluación diagnóstica del usuario de servicios gerontológicos y de las necesidades particulares en los ámbitos biológico clínico, psicológico y sociocultural, lo que implica en gran medida una adecuada preparación académica, sensibilidad y humanismo hacia el otro.

La UAEH con su compromiso social lo realiza a través de la licenciatura en gerontología que se imparte en el Instituto de Ciencias de la Salud (ICSa).

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