Trump se salva de un impeachment, donde el reporte Mueller puso en ridículo a los delirantes rusófobos de Estados Unidos (EU) y México controlados por el mega-especulador George Soros, mientras el mandarín Xi descuelga resultados exitosos en su periplo a Italia/Mónaco/Francia para la conectividad euroasiática que constituye veneno puro para la añeja geoestrategia disruptiva basada en los conceptos anacrónicos de Halford McKinder y Zbigniew Brzezinski.

Después de la primera Guerra Mundial, los militares franceses edificaron la línea Maginot (400 kilómetros de largo y 19 fortificaciones) en su frontera con Alemania hasta Italia con el fin de impedir la invasión Nazi, lo cual resultó en un soberano fracaso.

No faltaron ahora en Europa vetustos teóricos de la línea Maginot para edificar su “muralla Maginot” comercial, con el fin de frenar el avance irresistible de las tres rutas de la seda.

Lo que denominó “muralla Maginot” fue derrumbada con un cañonazo de 60 mil millones de euros del mandarín Xi, primordialmente para comprar una flotilla de 300 (sic) aviones Airbus (sumados de otros 10 de largo alcance), en detrimento de los averiados y accidentados aviones Boeing 737 MAX, como había adelantado.

Shi Jiangtao de SCMP asienta que “Europa derrumbó en París sus barreras ante Xi”, pese a “presiones de EU” y a la incorporación de Italia al máximo proyecto de infraestructura del siglo XXI: las tres rutas de la seda.

En forma inesperada e inédita, el presidente galo Macron, la canciller alemana Ángela Merkel y el líder de la comisión europea Jean Claude Juncker alabaron la iniciativa de infraestructura china y exhortaron al “establecimiento de una definición común para un nuevo (sic) orden internacional”, con el fin de lidiar con los “desafíos del multilateralismo”, en claro rechazo al proteccionismo unilateral de Trump.

La canciller Merkel admitió que el proyecto chino es “importante” y afirmó que los “europeos desean jugar una parte activa que deba llevar a cierta reciprocidad”.

La incrustación de Italia a la ruta de la seda china “entristeció” al fundamentalista cristiano Mike Pompeo, secretario de Estado nada exitoso, mientras Merkel comentó que “no tenía nada que criticar”.

Se empieza a dibujar el mapa de la encrucijada de puertos (hub ports) en el mar Mediterráneo como terminales de las tres rutas de las seda: dos en Israel (lo cual no entristece a Pompeo; el Pireo (Grecia); cuatro en Italia (Génova, Trieste, Ravena y Palermo); Mónaco; y quizá Niza, sin contar Duisburgo y Hamburgo en Alemania.

La conectividad con Mónaco es también turística y cibernética mediante su incorporación este año al 5G de Huawei que, pese a la guerra comercial de Trump, obtuvo 25 por ciento más de suculentas ganancias con sus celulares.

En forma cautelosa, Merkel no desea ni le conviene romper los puentes geoeconómicos con Trump y pretende mantener un acrobático equilibrio simultáneo con EU y China que depende ya de muchas variables cuando los tres gigantes geoeconómicos representan el 67.3 por ciento del PIB global.

Como ilustran los juegos matemáticos de Von Neumann, las partidas entre tres jugadores suelen ser muy inestables.

Sonaba anómala la rivalidad geoeconómica de la Unión Europea a las tres rutas de la seda de China cuando Alemania encabeza la participación no-regional en el AIIB con 4.2 por ciento, seguida por Francia, 3.2 por ciento.

Llama la atención la participación de Canadá con 0.5 por ciento, donde obviamente no aparecen EU ni México como miembros del T-MEC.

Entre los “miembros regionales”, China ostenta 26.7 por ciento y Rusia viene en segundo lugar con 6.05 por ciento.

Falta ver cuál será el revire vengativo de Trump contra las importaciones automotrices alemanas.

De dos cosas una, o los europeos le tenían guardada una sorpresa desagradable a Trump o ese apretó demasiado las tuercas para orillarlos a refugiarse con China, bajo la protección del paraguas militar hipersónico de Rusia, o las dos.

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