Investigación:
María Félix Quezada Ramírez
Profesora investigadora del ICSHu
y hablante otomí del Valle del Mezquital
Felipe de Jesús Cenobio García
Estudiante del doctorado en estudios
de población y aprendiz de mixteco
Fotografía: Especial

Día Internacional de la Lengua Materna

Antecedentes

El 21 de febrero de 1999 fue proclamado como Día Internacional de la Lengua Materna por la conferencia general de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO). Años más tarde, en junio de 2007, la asamblea general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) acogió esa decisión y proclamó 2008 como el Año Internacional de los Idiomas. La finalidad, según lo descrito en la resolución 61/226, era “promover la preservación y protección de todos los idiomas que emplean los pueblos en el mundo”; por lo que en este 2018 se cumplen 10 años de dicha promulgación.

19 de diciembre de 2016

En la resolución 71/178 relativa a los derechos de los pueblos indígenas, la ONU decidió anunciar para 2019 el Año Internacional de las Lenguas Indígenas. El objetivo de ese pronunciamiento para un organismo de alto nivel, como dicha organización, es “llamar la atención sobre la pérdida de lenguas indígenas”, así como la necesidad apremiante de conservarlas, revitalizarlas y promoverlas. Además de “adoptar nuevas medidas urgentes a nivel nacional e internacional”. Se entiende entonces que el próximo año serán realizadas diversas actividades en torno al declive de las lenguas indígenas.
En este 2018, la UNESCO centrará el Día Internacional de la Lengua Materna dentro del tema “preservar la diversidad lingüística y promover el plurilingüismo”, con el fin de apoyar los Objetivos del Desarrollo Sostenible. En la elección de ese tópico también es evidente la idea de la preservación.
En nuestro país, la institución encargada de la promoción y fortalecimiento de las lenguas indígenas es el Instituto Nacional de Lenguas Indígenas (Inali), fundado en 2003. En ese mismo año se publicó la Ley General de Derechos Lingüísticos de los Pueblos Indígenas, donde se reconocía oficialmente que: a) las lenguas indígenas son parte integrante del patrimonio cultural y lingüístico nacional; b) las lenguas indígenas y el español son lenguas nacionales por su origen histórico y tendrán la misma validez; y c) las lenguas indígenas serán válidas, al igual que el español, para cualquier asunto o trámite de carácter público. En ese mismo documento se establecía que el Estado, a través de sus órdenes de gobierno, “reconocerá, protegerá y promoverá la preservación, desarrollo y uso de las lenguas indígenas nacionales”.
Además, se estableció que ninguna persona podría “ser sujeto a cualquier tipo de discriminación a causa o en virtud de la lengua que hable”, ya que expresarse en lengua indígena o español es un “derecho de todo mexicano”. Esto sin “restricciones en el ámbito público o privado, en forma oral o escrita”.
A nuestra manera de ver, dicha ley contiene elementos que en teoría garantiza a cualquier hablante de lengua indígena (HLI), como nosotros, deseos de seguirlo expresando y sobre todo realizar acciones para preservarla. No obstante, aún percibimos paradojas entre lo que establece la ley y la práctica de la lengua en la realidad cotidiana.
En Hidalgo se cuenta con el Centro Estatal de Lengua y Culturas Indígenas (CELCI), creado por el gobierno del estado en 2005, y una ley de derechos lingüísticos publicada en marzo de 2014. Hasta este año, el CELCI cuenta con cuatro direcciones: 1) dirección de desarrollo lingüístico, 2) de investigación, 3) de educación intercultural bilingüe y 4) de vinculación y promoción. Es en la primera donde se ubican los programas relativos a la promoción y preservación de la lengua indígena (Programa de fomento y desarrollo de las lenguas indígenas en el estado de Hidalgo, normalización y estandarización de las escrituras de las lenguas indígenas, diseño y publicación de materiales de apoyo, certificación de traductores de texto en lenguas indígenas en materia de procuración y administración de justicia y colegios académicos). No obstante, en relación con esas labores del CELCI, una tarea apremiante es evaluar el impacto en la preservación de las lenguas indígenas.

Datos sociodemográficos

De acuerdo con el Inali, México es uno de los 10 países del mundo con mayor diversidad lingüística junto con Brasil, Nigeria, Camerún, Zaire, India, Indonesia, Papúa Nueva Guinea y Australia. Asimismo, en el territorio nacional se identifican 11 familias lingüísticas, 68 agrupaciones lingüísticas y 364 variantes lingüísticas.
A partir de la información de la Encuesta Intercensal, 7 millones 387 mil 341 mexicanos mayores de tres años hablan una lengua indígena, lo que representa 6.5% de la población mexicana. Entre las lenguas más habladas están el náhuatl, maya, tzeltal, mixteco, tzotzil, zapoteco y otomí; dos de ellas se practican en Hidalgo: náhuatl y otomí.

Principales lenguas habladas en México, 2015

La estructura de edad de los HLI

en Hidalgo muestra a una población con descensos
importantes en el rango de edad de cinco a nueve años, tanto de hombres como mujeres. Esa tendencia puede ser resultado
de factores como la caída de las tasas de fecundidad en las mujeres hablantes y las políticas de control natal. Asimismo, se observan huecos importantes, especialmente de varones en edad productiva, asociado sobre todo a la migración tanto nacional como internacional

Pirámide poblacional de HLI 2015

Las 10 entidades federativas

que concentran el mayor volumen de los hablantes de lenguas indígenas son Chiapas, Oaxaca, Veracruz, Puebla, Yucatán, Guerrero, Estado de México, Hidalgo, San Luis Potosí y Quintana Roo. De esa forma, Hidalgo se sitúa en el octavo sitio y concentra 5.2 por ciento de los HLI

Distribución absoluta y porcentual de los HLI por entidad federativa, 2015

El volumen de hablantes

de lengua indígena en Hidalgo, en 2015, era de 386 mil 128 personas, lo que constituye 14.2 por ciento de la población hidalguense mayor de tres años. Para ese mismo año, la Encuesta Intercensal registró 36 lenguas indígenas en Hidalgo, siendo el náhuatl y otomí los más distintivos, ya que 98 por ciento de los hablantes indígenas hidalguenses utiliza una de esas dos lenguas. Esa característica se debe a que los nahuas y los otomíes son grupos nativos históricamente, lo mismo que el grupo tepehua. Sin embargo, el porcentaje de hablantes tepehuas ha sido rebasado por las otras 33 lenguas contabilizadas por la encuesta (categorizados como otra lengua).

Lenguas indígenas registradas en Hidalgo, 2015

En relación con los municipios hidalguenses

cuyo porcentaje de HLI supera 20 por ciento son aquellos que se ubican en la Huasteca, la sierra de Tenango y el Valle del Mezquital.

Municipios con un porcentaje superior a 20 por ciento de HLI, 2015

Experiencia personal con la lengua

María Félix

En mi caso aprendí el otomí o hñähñu de Ixmiquilpan desde niña. Me las trasmitieron mis padres y abuela paterna (foto). Con mi abuela era obligado hablar en otomí porque ella fue monolingüe. Durante mi educación de nivel primaria practiqué la lengua porque a pesar de que el maestro del aula la desconocía, todos mis compañeros de generación la utilizaban. Fue en este contexto cuando nos dimos cuenta que como hablantes no podíamos escribir ni leer la lengua, entonces nos convertimos en analfabetas de nuestra propia lengua materna. Después de la primaria mi práctica con la lengua materna en la escuela se terminó. En la secundaria, a pesar de que varios compañeros la sabían, nadie quería expresarla, mucho menos en la preparatoria y en los estudios superiores (universidad y posgrado). Desde mi punto de vista, esto se dio por temor a la discriminación y porque en los estudios avanzados era poco común encontrar a otro hablante de lengua indígena como yo. Actualmente existen leyes e instituciones que promueven la lengua y yo me siento con la obligación moral de reproducir lo que a mí me enseñaron. Con mis padres hablo la lengua y con las personas mayores de mi comunidad, y los de mi generación, pero no con los niños. Ellos están perdiendo la lengua. De mi parte trato de enseñarles a mis dos hijos, pero no siento ese apoyo más allá de la esfera de mi hogar. En la escuela primaria no les instruyen en la lengua y en los espacios públicos ellos no pueden practicarla. Por ello la trasmisión, el fortalecimiento y el rescate de las lenguas indígenas son un reto que no solo compete a la familia, sino a la escuela y las instituciones que aseguren que en los espacios públicos (hospitales, bancos, oficinas de gobierno) realmente haya personal que hable la lengua. Aún tengo el deseo de escribirla y leerla; qué virtud sería debatir e interpretar todo el conocimiento en lengua materna, pues la ley dice que vale igual que el español. Sin embargo, en este mundo de educación formal en un nivel superior en el cual me encuentro, aún somos pocos los hablantes de lengua indígena.

Felipe de Jesús

En mi caso puedo decir que la lengua es algo con lo que uno convive desde niño, la única manera de entender y comunicarse con la abuelita o abuelito que no habla español, hasta que ya no están más con nosotros. Las palabras se olvidan y cada vez parece menos importante recordarlas, el acento se transforma con la migración. Mi padre aprendió la lengua desde niño; pero perdió el acento, ahora la habla “golpeado”, dice mi abuelo. El acento lo puede recuperar, lo que se pierde es que de cuatro hijos solo uno intenta hablar mixteco para comprender su entorno, lo que se pierde es el interés de los jóvenes y niños de la comunidad por aprenderla. No fue sino hasta cursar un posgrado que sentí valorada mi lengua. Mientras me esfuerzo en aprender más y en que mi hijo la hable, observo cómo algunas casas de la comunidad desaparecen, otras se derrumban con ayuda de los sismos y con ellas las palabras que quizá no se escucharán más.

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