Esperó más de siete horas su turno para abastecer con gasolina su auto. No lo logró. A las 3 de la mañana desistió de su intento por el hartazgo, el cansancio y las actividades laborales que debía iniciar en pocas horas.

Ocurrió en la gasolinera Copilco, el sábado, donde desde las 17 horas del día anterior se había terminado el combustible, pero los trabajadores del lugar informaron que llegaría la pipa para recargar la terminal en las próximas horas, que se prologaron como la fila interminable de automóviles sobre el Eje 10 con el mismo objetivo.

¿A qué hora se habrá generado el feliz encuentro pipa-automovilistas? Vaya usted a saber.

Hay historias similares. Para algunos son tragedias personales, familiares o laborales. Para otros, se trata de hechos intrascendentes, que reflejan la dimensión de una “tragedia” urbana del 16 por ciento de privilegiados que usan automóvil en la Ciudad de México, nada comparables con las tragedias de violencia, pobreza o falta de alimentos en millones de familias en nuestro país. Tienen razón.

En su larga espera nocturna, dicha persona conoció a otros esperanzados automovilistas y conversó con amigos vía Whatsapp, revivió las escenas de los vendedores de tamales y atole que ofrecían sus productos de auto en auto, recorrió parte del camellón y puso atención a las fachadas de los comercios de la zona, conoció historias de éxito con emprendedores que han aprovechado la oportunidad para vender tortas y café, hizo trabajo de oficina al contestar correos electrónicos y escuchó música en la radio. A veces dormitaba, pero se reanimaba cuando se abría un nuevo espacio por delante, aunque desafortunadamente solo para cubrir el lugar de alguien más que renunció al intento de continuar esperando, ¡chin!
También pensó sobre la vida, la familia, los proyectos personales, en fin. En la vorágine de esa ciudad, poco tiempo nos damos para ello. No sé si se debe agradecer a los huachicoleros o a nuestras autoridades esa oportunidad que dieron a miles (o millones) de chilangos con automóvil, pero es innegable que han generado espacios para la reflexión y de convivencia familiar dentro de los vehículos.

Los medios. Hemos visto de todo, desde los que han destacado una y otra vez el hartazgo ciudadano por la escasez de combustible, para hacerle el “caldo gordo” a los opositores del actual gobierno, hasta los que lanzan loas por la medida y los beneficios que generará en la economía nacional. Dígame cuál medio consume y le diré qué piensa de la guerra contra los huachicoleros. Por fortuna, ahora contamos con más opciones de información y análisis, que simpatizan y no con López Obrador. También se cuenta con mejor periodismo y con herramientas para verificar la veracidad de la información, aunque aún nos falta mucho por hacer para que los usuarios aprendamos a identificar las noticias falsas o los rumores y evitar su difusión.

Escribe el doctor Ernesto Villanueva, en Proceso: “Buena parte de los medios ha utilizado esa decisión política para intentar fallidamente doblar al gobierno federal con contratos publicitarios y prebendas adicionales. La técnica ha sido identificar puntos específicos de hartazgo y molestia pública por el desabasto transitorio de gasolina para presentarlos como muestras de un estado generalizado en los más distintos grupos de la sociedad. Y eso es una mentira, un acto de desinformación ajeno a los mínimos estándares de la ética periodística, que hasta ahora no ha podido impactar en las pautas de comportamiento de la ciudadanía”.

En esa abrumadora ola informativa, también hemos visto cómo diversos analistas se han convertido, además, en expertos de gasolina, de su distribución, del robo de combustibles y otros detalles técnicos. De uno y otro lado. Como se ha dicho en los últimos días, ojalá esos conocimientos se hubiesen puesto en la agenda pública en años anteriores para que el combate firme a los huachicoleros no llegara tan tarde. Ahora todas y todos pagamos las consecuencias.

La tecnología no estuvo totalmente de nuestro lado en esa crisis de desabasto. O más bien de quienes las alimentan de información. Ni Google Maps ni la aplicación de la Comisión Reguladora de Energía le fueron útiles a la persona referida al inicio de este texto. Alguien en Twitter sugirió una iniciativa colectiva, ciudadana, como la que se hizo con Verificado durante las elecciones y el sismo, para localizar gasolineras con combustible y tiempos probable de espera.

¿Pero otra vez cargarle la mano a la ciudadanía?
Definitivamente se ha carecido de una amplia estrategia de comunicación desde el gobierno. El apoyo ciudadano a las acciones gubernamentales debió ser correspondido, al menos, con información confiable, de primera mano, amigable, sobre los sitios con disponibilidad de combustible. Para eso, justo, están la tecnología, los medios y los recursos con los que cuenta el gobierno.

Un “cariñito”, como dicen los argentinos, de dosis de orientación precisa, que también debe ser alimentada por los concesionarios de las estaciones de servicio, que hacen su agosto en plena cuesta de enero y, a pesar de ello, alimentan en algunos casos la desinformación o en otros, dan trato preferencial a los “amigos”, como se ha denunciado en redes sociales.

Cuesta trabajo entender como hay quienes parecen estar felices del desabasto.

Se ríen, se carcajean de la gente molesta o resignada. “Se los dije”, “ya se veía venir”, “eso se pondrá peor”, “aquí su cuarta transformación”, son algunas de las expresiones, aderezadas, claro, con innumerables insultos al gobierno y no a quienes saquearon impunemente, durante muchos años, los recursos de la nación.

Su apuesta es al fracaso de esas medidas. ¿Para qué? ¿Para dar una lección a quienes dieron su voto a López Obrador? ¿Para hacer creer que estaríamos mejor con Meade o con Anaya?
En contraste, el pasado fin de semana, la encuesta realizada por De las Heras Demotecnia, reveló que 57 por ciento de las mexicanas y los mexicanos tienen una mejor imagen de AMLO, después de las medidas contra el huachicoleo. Ups. La pregunta es ¿hasta cuándo continuará ese apoyo mientras personas y grupos afectados por el radical cambio político del año pasado continúan empujando en redes sociales y algunos medios de comunicación la percepción de que todo está mal y continuará empeorando?

Frente a las expresiones de enojo o burla, el sentido del humor. ¿Cuántos memes ha visto? Yo infinidad, muy graciosos en su mayoría. Es parte de nuestra cultura y quizás eso contribuye a disminuir las tensiones que genera en familias el no tener disponible el vehículo para el transporte de los hijos o para las actividades laborales. Los expertos tendrán una mejor explicación de la manera en cómo en este país afrontamos los problemas.

“Buen día, hoy te deseo que tengas… tanque lleno”, “Gracias abogado ¿cuánto le debo? Me debe 10 litros de gasolina”, “El desabasto de gasolina es una cortina de humo para que no te des cuenta que no te cierran las pantalones”, “Se les informa que el programa Hoy no circula cambia a partir de mañana… circulan solo los autos con gasolina”, “Hoy es viernes de peda… de pedalearle porque no hay gasolina”, “Amigos, ojalá les sirva el dato: en la gasolinera que está sobre Insurgentes y Nuevo León, a partir de las 9 horas, venden unos taquitos de canasta bien sabrosos”, “Por decreto presidencial, 2019 es el año de Emiliano Zapata: TodoZ a pata”, son algunos memes que inundan las redes sociales. ¿Cuál es su preferido?

El domingo, el gobierno de la Ciudad de México propuso una serie de acciones para el desabasto. ¿Llegaron tarde? Sí, pero son bienvenidas. Recuperaron una que surgió en redes sociales: cargar gasolina en los diferentes días de la semana con base en el color del engomado y último número de la matrícula de los vehículos. Yo apoyo el exhorto ¿usted?

@telecomymedios

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