Pachuca.-

México arrancó este año con una difícil situación económica derivada de diversos factores. En primer lugar, la inflación alcanzó su mayor nivel en 17 años debido al aumento en precios de bienes y servicios de mayor consumo, como frutas y verduras, gasolina
y gas, además de tarifas autorizadas por el gobierno.
Por ejemplo, en Hidalgo decidieron efectuar el cambio de placas de circulación, lo que duplicó el gasto para automovilistas.

Con el aumento de la gasolina desde inicios de 2017, algunos servicios y productos aumentaron su costo de manera paulatina, pero al inicio de este año varios precios se dispararon. En Hidalgo, el transporte público subió a nueve pesos y en taxi el traslado mínimo cuesta 32 pesos, un aumento de casi 9 por ciento.
No obstante, la situación económica de México está insertada en un contexto mundial donde diversos países reflejan un débil desempeño económico, lo que incrementa las desigualdades entre la población.
Por lo anterior, existe una preocupación generalizada por promover nuevas fuentes de crecimiento.
La ciencia, tecnología, innovación y emprendimiento, que promueven la competitividad, productividad y generación de empleos, son los nuevos mecanismos que pueden fomentar el crecimiento sostenible.
México arrastra deficiencias importantes que le impiden lograr un crecimiento sostenible, pero, sobre todo, igualitario para todas las clases sociales.
Los rubros más rezagados son la cobertura y calidad de la educación, el acceso a la infraestructura de la información, el desarrollo en la creación y difusión del conocimiento generado en las universidades y centros de investigación, la vinculación entre la producción de conocimientos con la actividad económica, aunado a los limitados incentivos para impulsar actividades económicas y empresariales más dinámicas.

Ahora, la apuesta es el desarrollo sostenido con base en la economía del conocimiento, es decir, mayor inversión a la educación en todos los niveles, impulso a la innovación científica, ampliación de una infraestructura moderna que promueve la investigación y contar con un marco regulatorio que involucre gobierno, empresas e instituciones educativas, tal como recomienda el Banco Mundial.

¿Qué implica una economía basada en el conocimiento?

A diferencia de una economía tradicional, en la basada en el conocimiento la información y tecnología no son factores externos del proceso de producción, sino que influyen de forma directa, lo que significa que pueden incrementar la capacidad en el trabajo, en el capital, en la materia prima, por mencionar algunos, hasta llegar a transformarlos y así generar la innovación en productos y procesos.
Para poder apostar por ese nuevo sistema económico, un gobierno necesita primero identificar su situación: con qué cuenta y de qué carece, dónde requiere invertir recursos financieros, materiales y humanos; y de esa manera conocer en qué medida forma parte de una economía del conocimiento, si está preparada para impulsarlo e identificar áreas débiles que requieren de una mayor atención.

De acuerdo con expertos en el tema, México está entre las naciones que han suscrito el mayor número de acuerdos comerciales y esa circunstancia debería ser aprovechada para ampliar intercambio en las áreas del conocimiento y tecnología, pero no para depender, sino para impulsar la investigación y el desarrollo en el país que permitan elevar la productividad a nivel regional, es decir, dejar de ser solo maquilador.
El paso de una economía tradicional a otra basada en el conocimiento representa para México, país caracterizado por un patrón de desarrollo desigual entre regiones, una oportunidad fundamental para reducir la pobreza y mejorar el bienestar general de la población.
Sin embargo, para apostar por ese modelo primero necesita un diagnóstico por regiones que permita identificar vocaciones económicas y su desempeño actual, condiciones demográficas ligadas a esa actividad, indicadores de innovación, infraestructura y desarrollo tecnológico, gasto público destinado a la investigación científica y cuál es el nivel de eficiencia, identificar si hay responsabilidad social enfocada a la sustentabilidad y cómo participarían las empresas para logar ese cambio.
Por lo anterior, un grupo de investigadores de la Escuela Superior de Tepeji del Río (ESTR) de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH), liderado por la doctora Gabriela Sánchez Trujillo y la colaboración del candidato a doctor en economía de la Universidad de Birmingham, en Reino Unido, Saúl Basurto Hernández, lleva a cabo el proyecto titulado Propuesta de un modelo de innovación basado en la economía nacional del conocimiento.
En la medida que las entidades del país conozcan sus recursos y oportunidades para impulsar su economía sustentada en el conocimiento, ese propósito puede convertirse en una verdadera palanca de desarrollo humano.

Por ello, el proyecto de los investigadores de la UAEH pretende crear un modelo empírico que mida el impacto y la significancia de la educación, innovación, infraestructura tecnológica y emprendedurismo en la transición y expansión de la economía del conocimiento por entidad federativa y, a su vez, el efecto en el crecimiento económico regional.
Con esa herramienta de información, gobiernos a nivel federal, estatal y municipal podrán identificar y diagnosticar los mecanismos actuales con los que cuentan para llevar a cabo las actividades económicas; medir su capacidad para generar, difundir y adoptar un conocimiento que permita impulsar el crecimiento económico; identificar posibles interrelaciones, cooperación, vinculación y cultura entre las regiones, pero sobre todo vincular sector productivo y público con el académico.

Con esa herramienta de información,
gobiernos a nivel federal, estatal y municipal podrán identificar y diagnosticar los mecanismos actuales con los que cuentan para llevar a cabo las actividades económicas

Científicos al frente de proyecto

Gabriela Sánchez Trujillo
Nació en Tula, Hidalgo. Estudió economía en la Universidad del Valle de México; maestría y doctorado en administración, la primera en el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey y el último grado en la Universidad de Celaya; además, cuenta con una especialidad en educación alternativa.

Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores (SNI) nivel uno y cuenta con perfil deseable del Programa para el desarrollo profesional docente (Prodep).
Desde hace 13 años labora en la ESTR, de la UAEH, y desde 2013 es profesora investigadora. Entre otras tareas, actualmente es responsable técnico del proyecto Conacyt titulado Propuesta de un modelo de innovación basado en la economía nacional del conocimiento.
Es líder del grupo de investigación Desarrollo de Organizaciones Inteligentes Sustentables. Cultiva la línea de investigación inteligencia de negocios para la sustentabilidad.

Ha realizado varias estancias académicas en cuatro universidades en el extranjero: Georgetown en Washington DC; Autónoma de Barcelona, España; en Medellín, Colombia; y en la Simón Bolívar, en Quito, Ecuador.
Ha publicado en el área de ciencias sociales y administrativas en revistas nacionales e internacionales indexadas y arbitradas en inglés y español. Ha participado en congresos nacionales e internacionales, y dirige tesis de licenciatura y maestría.
Para Gabriela, su familia es lo más importante. Tiene tres hijos: Fer, Gaby y Dani, en orden de nacimiento. Le encanta correr porque es su “viento-terapia” y además es una actividad familiar. También le gusta tejer, leer y arreglar el jardín, viajar y jugar con sus tres mascotas: dos perritas y un gato.

Saúl Basurto Hernández
Nació en Tula, Hidalgo. Estudió economía en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), donde se graduó con honores por altas calificaciones. Estudió maestría en ciencias económicas del medio ambiente y recursos naturales, y es candidato a doctor en economía, ambas por la Universidad de Birmingham, en Reino Unido, donde radica actualmente.
Sus líneas de investigación son: economía ambiental y de los recursos naturales, y economía agrícola.

Es coautor en seis publicaciones científicas, la más reciente editada por la UNAM en 2017 y dentro de la línea sostenibilidad de un sistema socio-ecológico, titulada Gobernanza colectiva de recursos de uso común: el caso de los bosques de Santiago Comaltepec, Ixtlán de Juárez, Oaxaca.
Participó en cuatro proyectos de investigación en temas como los efectos del cambio climático en la agricultura mexicana, un análisis cuantitativo; una predicción del futuro en ciudades mexicanas para 2035, y retos en América Latina para la gestión comunitaria en materia de medio ambiente.

Cuenta con amplia experiencia como docente desde 2009 en la carrera de economía en la UNAM y ahora en la Universidad de Birmingham.
Entre otros reconocimientos, en octubre obtuvo el segundo lugar en el Premio Dr Ernest Feder que otorga el Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM.
Saúl es el hermano mayor de dos mujeres, quienes también realizan estudios de posgrado. Considera que el mayor impulso para dar los mejores resultados como estudiante fue su padre, quien es veterinario y siempre le aconsejó apostarle al conocimiento. Está casado con una mexicana, con quien vive en Reino Unido.

CIENCIA

Gabriela Sánchez Trujillo y Saúl Basurto Hernández
hablaron sobre su proyecto en el programa radiofónico “Luciérnaga”, transmitido por Radio Universidad

Comentarios