¿Podremos tener la visión como mexicanos, como ciudadanos comunes, como seres humanos normales y maduros, para que seamos capaces de discernir qué y de qué manera nos puede afectar o beneficiar algo de lo que sucede en nuestro país, en todos los estados y en cada uno de los barrios y de las diferentes vecindades o fraccionamientos?
Vemos cómo pareciera que los medios electrónicos y las tecnologías de la información en nuestro país son los únicos poseedores de la verdad, de la verdad absoluta, que por lo tanto basta con seguir al que las dice en un noticiario, en la radio o en las redes sociales para que supiéramos la única verdad posible.
Quitemos ya de encima aquello que no tiene fondo verosímil, que no muestra una fuente fidedigna, pero que además el asunto esté siquiera en nuestro entorno más directo; no propongo no saber lo que pasa en las demás entidades federativas y barrios del país, solo digo que empecemos por ver y proponer para solucionar lo más en nuestro entorno y no querer arreglar todo, porque se empieza por casa, por nuestros asuntos más cercanos, para poder ir en cada lugar ayudando a solucionar el todo. Si las pequeñas partes de un todo funcionan pues funciona el todo; en un reloj, por ejemplo, deben funcionar sus pequeños engranes a la perfección o no funcionará ni dará la hora, ¿verdad?
Es decir, que en estos tiempos de tanta información y tan rápidamente divulgada, por lo mismo se presta fácilmente a la mentira, la tergiversación y que no tiene fundamentos en muchas ocasiones. Si no nos centramos más en hablar con los vecinos, con los de la colonia, solamente como un ejercicio cuasi vital para no vivir abrumados y bombardeados por los que quieren que perdamos la razón, para poder controlarnos, dirigirnos, hacernos como ellos y nada más.
Tenemos todo el derecho a ser humanos antes que un dígito o un número más, acerquémonos en lo humano cara a cara, físicamente, como ha sido siempre y seguirá siendo, si hacemos esta pequeña reflexión, insisto, donde lo humano, lo solidario, lo honesto, lo que nos atañe a cada quien para poder hacer que todos tengamos que ver en que el engranaje de este gran reloj, México, pueda darnos la hora, fielmente, exacta y sin fallar, sobre todo que no quede por la falta de responsabilidad nuestra.
No pueden ser el gritoneo en los congresos, los asaltos, es decir, lo malo únicamente, lo que llene nuestra vida diaria; eso que lo solucionen ellos, no depende por ahora de nosotros, lo nuestro es precisamente nuestro desarrollo, de nuestros más cercanos y por lo tanto más importantes problemas, los dineros para la comida, las cuotas ilegales en las escuelas, etcétera.
Me dirijo a ustedes, estimados lectores, no nos abrumemos por la avalancha de malas nuevas que intentan presentarnos como de todos, cada quien tiene sus asuntos, su parte, ver por su seguridad y exigir como mejorarla, pero en su círculo más cercano, la familia, la vecindad, lo del municipio o incluso a nivel de cada colonia; porque somos individuales, vivimos individualmente y debemos llevarnos sanamente en sociedad, en el desarrollo social todos tenemos responsabilidad pero solo cumpliendo y viendo por lo nuestro lo lograremos.
Salga a andar, mire a los vecinos y vecinas, platique con ellos y verá cómo todo empieza a embonar para bien, si vemos por el bien común, pero en el rango en el que sí tenemos alcance, no dejemos que nos impongan cosas que están muy lejanas y que aquellos sí les corresponde y no a nosotros. De lo contrario todos querremos solucionar todo, enredándolo más y no solucionando ni lo del pan de cada día, ni nada. Colaboremos por el bien de cada uno, de cada una. Así por México.

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