A partir de la última ronda de Uruguay, del Acuerdo general sobre comercio y aranceles (GATT, por sus siglas en inglés) (1986 a 1994), a propuesta de Estados Unidos, se estableció el Acuerdo sobre aspectos de derechos de propiedad intelectual relacionados con el comercio, lo que le dio la dimensión de mercancía al conocimiento, a través de la propiedad industrial y de los derechos de autor, o sea, la propiedad intelectual.
Ese nuevo sistema internacional de la propiedad intelectual implicó tres aspectos fundamentales que definen al modelo económico mundial, primero significó la expansión del conocimiento tecnológico patentable, así como el predominio de la jurisprudencia estadunidense, inclinada a fortalecer la protección de la propiedad intelectual, finalmente el paso de la ciencia abierta a la de un modelo basado en la comercialización de los resultados de la investigación y el desarrollo tecnológico.
Esos cambios sentaron las bases para que las naciones, detentadoras de propiedad intelectual, dominen los mercados globales y con ello también dominen territorios y reproduzcan la explotación económica, a través de la mano de obra barata por estar poco calificada.
La desigualdad y la pobreza, son consecuencia directa del rezago tecnológico, como de la falta de patentabilidad de los conocimientos y de los términos de intercambio en los mercados, porque las naciones con desarrollo tecnológico venden a las naciones rezagadas bienes y servicios con mayor contenido de conocimiento, es decir, mayor valor agregado y los países que fueron colonizados en el siglo XVI, hoy son nuevamente colonizados por no tener tecnología, ni propiedad intelectual, llevando a los mercados globales materias primas, salvo las empresas transnacionales que han formado enclaves en las economías emergentes, porque solo ellas exportan manufacturas de alto valor agregado.
El instrumento operativo de ese esquema desigual son las “cadenas de valor”, las cuales, según la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI), son un proceso estratégico, en su informe de la Propiedad Intelectual 2017, plantea que la producción mundial se ha desagregado en diferentes etapas, mismas que se han distribuido en diferentes naciones, ello ha dado lugar a las cadenas de suministro internacionales, también llamadas “cadenas de valor”, por medio de las cuales las empresas transnacionales envían productos intermedios en todo el mundo para su posterior procesamiento y su ensamblaje final como productos terminados con marcas de su propiedad.
Las empresas transnacionales operan una intensa articulación con centros de investigación y universidades de todo el mundo para realizar permanentemente investigación científico-tecnológica, que traducida tanto en propiedad intelectual como en nuevos contenidos en bienes y servicios, les permite mantenerse a la vanguardia en innovación y dominio de los mercados.
El aumento de las cadenas de valor mundiales han ido de la mano de la creciente importancia de los activos intangibles en todas las actividades económicas; las inversiones en investigación científico-tecnológica, diseño y desarrollo de marca, han superado con creces las inversiones tradicionales.
Los activos intangibles conforman las cadenas de valor globales, favoreciendo a las empresas transnacionales quienes las controlan de dos maneras: en primer término se realiza una deslocalización de las tareas de manufactura con un uso intensivo de mano de obra hacia economías con salarios precarizados como los de los mexicanos, donde la informalidad supera al trabajo formal; el beneficio se queda en quien tiene la propiedad intelectual de las tecnologías y de los conocimientos, ¿quién los tiene? Las empresas transnacionales.
En segundo lugar, la tecnología, el diseño y la marca determinan el éxito en el mercado, impactando la distribución en las “cadenas de valor mundiales”, los mayores beneficios financieros son para los propietarios de esos factores, ¿quiénes son? Las transnacionales, con diferenciales de más de mil 200 por ciento, entre lo que le pagan al productor y la ganancia del dueño de la tecnología y la marca.
Solo un dato, el total mundial de solicitudes de patentes en 2016 fueron 233 mil 913, en 2017 aumentaron a 243 mil 500, México presentó 289 en 2016 y 269 en 2017, 0.12 por ciento y 0.11 por ciento del total mundial, vamos hacia la baja.
El desarrollo tecnológico de las pymes mexicanas es imprescindible, y para ello es urgente el apoyo a las universidades públicas, la investigación es el elemento crítico de la competitividad y del desarrollo. ¿No lo cree usted?
En nuestra siguiente entrega hablaremos de la necesaria inteligencia económica como instrumento fundamental de la economía nacional.

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