“Un día, Frederick visitó a uno de sus amigos, con quien frecuentemente había investigado. Hacía algún tiempo que no lo había visto. Mientras iba subiendo por la escalera de la casa, intentó recordar cuándo y dónde había estado por última vez en compañía de su amigo, pero, aunque se enorgullecía de su excelente memoria, no lo conseguía. Imperceptiblemente molesto y malhumorado, mientras aguardaba ante la puerta de su amigo intentó liberarse de esta sensación. Apenas había saludado a Erwin, su amigo, cuando advirtió en su cordial semblante una cierta, aunque reprimida sonrisa, que le pareció advertir por primera vez. Apenas vio aquella sonrisa, en cierto modo burlona u hostil pese a su apariencia amistosa, recordó inmediatamente lo que estuvo buscando infructuosamente en su memoria: su último y anterior encuentro con Erwin. Recordó que se habían separado sin haber discutido, desde luego, pero con una sensación de discordia interna y disgusto, porque Erwin había prestado entonces muy escaso apoyo a sus ataques contra los dominios de la superstición. Era extraño. ¿Cómo podía haber olvidado aquello por completo? Comprendió también que esa era la única razón de haber evitado a su amigo durante tanto tiempo, simplemente ese descontento, y que desde el principio había sido consciente de ello, aunque se inventó una multitud de excusas para el repetido aplazamiento de esta visita. Ahora se enfrentaban el uno al otro; Frederick sintió que la pequeña grieta de aquel día había experimentado un tremendo ensanchamiento. Intuyó que algo fallaba entre él y Erwin, algo que hasta entonces siempre estuvo presente: un aura de solidaridad, de espontánea comprensión, de afecto incluso. Ahora existía un vacío; Frederick miró en torno suyo al estudio que conocía tan bien y vio una hoja de papel clavada con un alfiler en la pared. Esta imagen lo conmovió extrañamente y despertó antiguos recuerdos: hacía mucho tiempo, en sus años de estudiante, Erwin tenía ese hábito, a veces, para conservar el dicho de un pensador o el verso de un poeta frescos en su mente. Se levantó y se dirigió hacia la pared para leer el papel. Allí, en la bella escritura de Erwin, leyó las siguientes palabras: Nada está fuera, nada está dentro; pues lo que está fuera está dentro”. Cita textual, Hermann Hesse.
La cerrazón y falta de comprensión para las muchas cosas en común en la vida, así como para las muchas diferencias que puede haber en la misma, no nos permite encontrarnos y unirnos en la diversidad del pensamiento, ni permite el diálogo solidario y honesto. No nos deja avanzar, movernos, crecer. Lo que no está adentro para muchos y sí está afuera para otros, nos hace que perdamos la unión como personas y como país, pero puede ser al contrario si nos respetamos y dialogamos. Para no dejar de estar todos entendidos en lo básico, pero también fundamental, evitando la violencia de cualquier tipo. Vayamos más allá de la simple apariencia, más allá de los teóricos y los prácticos, encontremos un punto medio, un punto de acuerdo, donde encontrarnos y poder vivir en paz con la tolerancia necesaria para ello y el respeto que merecemos, ¡venga, hombre!, que ya de por sí no hemos tenido mucha suerte en el país, por un entorno internacional muy dañino para México, así que primero hagámonos fuertes dentro y con claridad de ideas como nación, no creamos en soluciones mesiánicas y populistas, ¡que no se van a dar!, logremos hacernos más fuertes en lo interno, insisto, tomemos el diálogo, la educación y la dirección de país que ya la señala un presidente que, a pesar de lo criticado, ha tomado medidas que van a verse más allá de su sexenio, que no quiere todo el pastel solo para él y por lo mismo ha sido el primero en reconocer abiertamente muchas realidades de México: el hambre, la desigualdad, etcétera; entendamos que un país como este, tan grande, tan rico y pobre a la vez, situado geográficamente justo en frontera con la economía más voraz del mundo, no puede arreglarse en seis años nada más, no, no, nooo. Necesitamos mucho, pero mucho más tiempo para ver algunos resultados, miremos ahora justo en septiembre y veamos la historia, lo mismo que todo lo que realmente ha pasado desde la Independencia hasta nuestros días, desechemos lo que no sirve y démosle el valor que merece a lo que se ha logrado, y que viva, entonces sí, con esa visión de Estado y nación, ¡Qué viva México!
¡Felicidades!

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Asesor especialista en políticas públicas de alta injerencia social, licenciado en derecho por la UNAM, maestro en tecnologías de la información con carácter social, productor y director de cine (cortometrajes y películas independientes) y de televisión (documentales y comerciales). Cambridge English: Proficiency.