Desciende el deporte

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Roberto Pichardo Ramírez

Pocas cosas hieren el honor en el deporte colectivo como perder la categoría. Cuando River Plate pasó un año en la segunda división de Argentina, el archirrival Boca Juniors lo celebró más que un campeonato. Tras un escándalo de arreglo de partidos, la Juventus vivió doce meses de pesadilla al ser condenados a un torneo en la Liga inferior. Y no hace falta recordarles a las y los aficionados del Pachuca el suplicio de ida y vuelta en los años 90.

De manera metafórica, comercial y deportiva, el descenso es recular. No obstante, no existe solo como una penitencia para los clubes de élite. Se trata de un sistema de competencia con otros intereses, los cuales tienen que ver con la formación de juveniles y, justamente, la intensificación del espíritu competitivo.

A nadie sorprende la decisión de suprimir esta categoría por cinco años, pero sí que impacta por varios motivos. El carpetazo se da en un momento de suma inestabilidad económica a nivel mundial en todos los ejes del capital. Con un video protagonizado por las parejas de los jugadores del Ascenso Mx, se le recordó a la opinión pública un hecho que hemos mencionado en este espacio en varias ocasiones: el futbol profesional, antes que nada, es un empleo.

La segunda división de México ha sido desarticulada progresivamente. Entre multas risibles para no descender, compra y transformación de franquicias, reducción en el número de equipos y la intensificación de condiciones para ascender, se podía entrever la intención de anular este organismo competitivo. En su lugar, llega la llamada Liga de Desarrollo, un formato poco claro que, en apariencia, pretende fungir como “semillero” de los equipo de primera.

Durante una videoconferencia desde su casa, Enrique Bonilla, presidente de la Liga Mx, detalló los apoyos económicos que serán brindados a los 12 equipos de la competencia extinta. Además del fondo de desastres que ha sido entregado a todos los clubes, se les darán 60 millones de pesos a cada uno para la reestructuración de sus modelos de negocio.

Mientras que el aspecto económico y mercadológico sigue dejando dudas, el sentimiento generalizado en lo deportivo es de rechazo total. Se trata de un retroceso en el sistema de competencia que, de mantenerse en el plazo acordado, podría tener consecuencias negativas para toda una generación de futbolistas jóvenes. Lamentablemente, esta deliberación evidencia los vicios de un organismo deportivo que autolimitan su desarrollo deportivo y de marca.

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