Plaza de la Soledad (México, 2016): fotografía/película/libro
Cuánta impresión! Esa escena en la que ella mostró que a pesar de todo era una mujer libre. Es raro ver a personas mayores y bonachonas bucear sobre aguas espumosas; lo hacía en plena confianza de sí, con tanta energía y capacidad, como las mantarrayas que en su majestuoso trayecto le enseñan al mundo a volar fuera del aire, en la oscura profundidad.
¿Qué pensarías si te digo que podrías recuperar tu fe en la humanidad (en caso que la hayas perdido, por supuesto) en un racimo de historias que saben demasiado a dolor, soledad, carencias, abusos, enfermedad, renuncia?
Si a la paradigmática propuesta añadimos “prostitución” tu respuesta, estoy seguro, no sería la más confiada por demasiada comprensión y apertura que haya en tu mente.
De todo esto hay bastantes y muy buenos argumentos en el trabajo de la fotógrafa mexicana Maya Goded, quien, me atrevería a proponer, hace un documental de acompañamiento en el barrio de La Merced, donde mujeres de entre 40 y 80 años mantienen la vitalidad de seducir a la vida para ganársela.
Sus pasos están registrados en las calles adoquinadas, las fuentes, los quioscos y jardineras de las plazas públicas, las plazas de armas con las que solventan su guerra con la existencia. No importa cuantos años ya pasaron, las cosas que se llevaron y las muchas otras que dejaron a cambio, ellas están desgastadas, llevan más kilos que antes, no hacen por ocultar sus arrugas o estrías, las portan con tanto orgullo porque son hermosas, son reales.
Y de esta realidad parte la idea de contribuir a recuperar la fe en la humanidad, Maya Goded quien opta por el lenguaje cinematográfico para acompañar y compartir una bella resignificación del cuerpo, del cuerpo de la mujer y de las mujeres que explotan el cuerpo para continuar, no evita tomar el cuchillo por la parte dentada que corta su puño. No hay duda que la oscuridad existe en todas ellas pero eso no quiere decir que estén condenadas a jamás tocar sus sueños, a enamorarse y desenamorarse, a tener hijos, hijas, a creer en Dios o en sus santos intercesores, a tratar siempre de ser felices.
Raquel, Carmen, Ángeles, Lety, Esther no encarnan ningún canon de la belleza que está incluso más comerciada que su intimidad, una ilusión espectacular, inalcanzable, ellas son la hermosura más honesta.
Plaza de la Soledad, el proyecto fotográfico hecho película y luego libro es un retrato fiel y respetuoso que te llevará a conocer los retratos y sus matices de un mundo que, de otra manera, jamás conocerías con las puertas tan abiertas.

@lejandroGALINDO
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