Cuando la naturaleza muestra su fuerza y azota una tromba como la ocurrida el pasado miércoles, afectando a habitantes de la zona poniente de la Ciudad de México (CDMX) y de varias colonias en Mineral de la Reforma, en Hidalgo quedan al “desnudo” las carencias y limitaciones de la infraestructura hidráulica pública y surge la pregunta: ¿en que invierten nuestros impuestos los gobernantes?
Impactantes resultan las imágenes de las inundaciones, encharcamientos, desbordamientos, caos vial, afectaciones a casas-habitación, negocios y automóviles causadas por la intensa lluvia que fueron difundidas por medios de comunicación y usuarios de redes sociales. ¿Por qué en cada temporada de lluvias ocurren contingencias que afectan a los ciudadanos? ¿Por qué los gobernantes no anticipan acciones o estrategias que mitiguen los daños causados por los aluviones?
La justificación más “socorrida” de los gobernantes ante los daños generados por la naturaleza es que se trató de una lluvia atípica, que el problema es la basura que la población tira en las calles, etcétera, es decir, “resbalan” el bulto para aparentar ante la opinión pública que ellos no tienen responsabilidad frente a estos sucesos. Siempre buscarán pretextos para que su “imagen” no resulte afectada.
Pero como gobernantes que son claro que tienen responsabilidad y tienen la obligación de atender y solucionar los problemas de sus gobernados, quienes fueron los que votaron por ellos para ocupar cargos públicos y quienes pagan sus salarios, por cierto nada austeros, por administrar los bienes y patrimonio públicos, es decir, del pueblo y para el pueblo.
Es cierto que parte de responsabilidad de las inundaciones por el colapso del sistema de drenaje es de los ciudadanos que tiran basura en las calles, ya que estos desperdicios generan tapones en la tubería del drenaje ocasionando que el agua no desfogue y se estanque inundando avenidas y calles. De ahí la importancia de que la población tome consciencia de que tirar basura a las calles algún día se les revertirá.
Sin embargo, lo cierto es que falta que los gobiernos inviertan nuestros impuestos en obras hidráulicas que permitan el desagüe de las aguas de lluvias de manera óptima, en el caso de la CDMX, donde también debe haber una revisión de los permisos que se otorgan a empresas constructoras para edificar centros comerciales, condominios, edificios, etcétera, sin que antes se realicen las ampliaciones necesarias en el sistema de drenaje.
Y es que en predios donde antes vivía una familia, hoy con el “boom” inmobiliario se construyen condominios donde habitan 30 o 40 familias, es evidente que el drenaje construido para esos lugares debe modificarse y ampliarse para atender las necesidades de esa sobrepoblación, de otra manera continuará el problema de inundaciones y colapso del drenaje público en la CDMX.
En el caso de Hidalgo, las autoridades municipales y estatales deben prevenir desde ahora que existe la necesidad de realizar inversiones en infraestructura hidráulica en la zona de Pachuca y Mineral de la Reforma, donde también hay un importante crecimiento inmobiliario de unos años a la fecha.
No es posible que no haya alcantarillas que desagüen el agua de lluvia provocando inundaciones cada temporada de lluvias, los impuestos que pagamos los ciudadanos los queremos ver reflejados en obras públicas “no de relumbrón”, sino en aquellas que nos permitan mantener a resguardo nuestros bienes y patrimonio, como es un funcional sistema de drenaje público.
Hace unas semanas leía con asombro sobre el robo de una bomba que pesaba aproximadamente dos toneladas en el fraccionamiento Los Tuzos, misma que servía para evitar se inundaran las casas-habitación de ese lugar. Extrañamente el hurto se realizó sin que nadie se percatará, lo cual resulta increíble porque cómo puede moverse una artefacto que pesa dos toneladas sin que nadie lo note.
La única respuesta para ello es, por un lado, la corrupción de las autoridades municipales y estatales que permitieron el robo, y por otro lado, la indiferencia de los habitantes de ese lugar que prefieren perder su patrimonio durante las lluvias, que cuidar y resguardar la bomba, la cual al parecer se esfumó por arte de magia.

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