Despertaron entre nubes… tóxicas

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Amaneció en Mineral de la Reforma y, como si se tratase de una metáfora, sus habitantes despertaron entre nubes; no obstante, estas no eran de algodón, neblina o colores, sino del humo provocado por el incendio del basurero que una noche antes quemó cientos de toneladas de desechos sólidos.
Todo comenzó cerca de las cuatro de la tarde del sábado cuando los vecinos de Pachuquilla, La Providencia y localidades aledañas comenzaron a percibir un fuerte olor a basura quemada y observaron una columna de humo negro que se levantaba en el predio La Cañada, justo donde está el tiradero a cielo abierto que esa mañana había sido clausurado por autoridades de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), tras no cumplir con las medidas ambientales necesarias para operar.

Fue entonces cuando los rumores comenzaron a circular, algunos decían que los propios trabajadores del ayuntamiento habían prendido fuego al lugar, otros hablaban de manos ajenas que, con fines políticos, buscaron hacer leña del árbol caído o, en este caso, de la basura regada sin tratamiento por el terrero.
Pero lo cierto es que el humo continuaba extendiéndose al grado de ser percibido incluso por habitantes del sur de Pachuca, situación que alarmó a más de uno que temía que las llamas se extendieran a localidades vecinas; sin embargo, por la noche el subsecretario estatal de Protección Civil anunció que el siniestro no representaba riesgo para la población, no así para el medio ambiente, quien sufriría las “graves” consecuencias de un asunto que desde febrero era “urgente atender”, como declaró en aquel momento el alcalde del municipio, Raúl Camacho Baños.

Así, entre el humo negro, llamas y el esfuerzo de al menos 60 personas que laboraron toda la noche para intentar controlar el fuego, amaneció un día más en Mineral de la Reforma, solo que este domingo sus habitantes despertaron en las penumbras, y no solo por la poca claridad que tenían del tema, sino por las nubes de humo tóxico y el olor a desechos quemados, que era incluso más fuerte que el día anterior.
Pero los más afectados fueron quienes estaban más cerca del lugar o al pie de la carretera Pachuca-Tulancingo; ahí, los empleados de una gasolinera laboraban con los ojos rojos por el humo que habían soportado desde la noche anterior y los dueños de algunos negocios mejor optaron por no abrir.

Por otra parte, personal del ayuntamiento repartía cubrebocas en La Providencia y otras comunidades, además de hacer recomendaciones como no realizar actividades al aire libre y mantener puertas y ventanas cerradas para impedir que el humo ingresara a los domicilios.
Sin embargo, en la calle, tianguis y plazas del municipio la gente se preguntaba ¿qué había pasado? ¿Por qué habían quemado tanta basura? ¿Las escuelas tendrían clases y actividades normales? ¿Hay contingencia?, pero esas preguntas se quedaron sin respuesta, pues el municipio solo se limitó a dar recomendaciones para el cuidado de la salud derivadas del hecho.

Y, pese a la versión respecto a que lo ocurrido no representaba riesgo para la población, el día concluyó no solo con la noticia de que el municipio había entregado más de 7 mil 500 cubrebocas y abierto los servicios médicos gratuitos en los principales centros de salud, sino con la novedad de que el incendio podría tardar hasta una semana en sofocarse por completo.

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